25 Abril 2006 Seguir en 
La inminencia del período de zafra enciende, una vez más, la luz de alarma sobre la posibilidad de que se incrementen los accidentes en las rutas tucumanas. Esto no tendría por qué ser así; pero año tras año, las estadísticas demuestran que la circulación de vehículos de pasajeros o de cargas que ya son obsoletos, que carecen de las autorizaciones correspondientes o que exhiben permisos provisorios, cuya fecha de expiración nadie conoce, genera una cantidad de percances viales con saldo mortal.
La falta de controles y la permisividad de quienes tienen a su cargo tan delicada tarea franquea la circulación por las rutas de vehículos que no están en condiciones de seguir en uso. En LA GACETA del pasado domingo se publicó la crónica del lamentable accidente sufrido por Ricardo Héctor Alvarez, uno de los integrantes del trío humorístico musical Charango Tucu, de Concepción. El jueves 13, Alvarez circulaba en bicicleta por la ruta 329, cuando un viejo colectivo lo embistió desde atrás. El vehículo, un ómnibus Mercedes Benz modelo 85, circulaba con un permiso provisorio y se dirigía a buscar a un grupo de cosecheros, a los que debía trasladar a su lugar de trabajo. El impacto produjo un severo traumatismo de cráneo a Alvarez, quien debió ser intervenido quirúrgicamente y actualmente se encuentra internado en coma farmacológico. Los vecinos de la zona del accidente denunciaron que al peligro de la circulación de los vehículos en pésimo estado se suma la falta de señalización y de líneas demarcatorias en la ruta.
El accidente del que fue víctima Alvarez actualiza dramáticamente el problema de la presencia de ómnibus viejos en las rutas del interior provincial que se dedican al transporte de cosecheros. Por lo general, no tienen autorización legal para realizar la tarea que cumplen, o disponen de permisos provisorios que no certifican la aprobación de los controles técnicos correspondientes, ni el cumplimiento de otras normas en vigencia. La permisividad de los controles -o su ausencia lisa y llana- hace que estas unidades se desplacen sin inconvenientes y sumen una cuota de peligro más en las ya demasiado inseguras rutas tucumanas.
El accidente al que se hace referencia remite inevitablemente a la tragedia del Totoral: el 15 de setiembre de 2002, un ómnibus cargado de peregrinos tucumanos cayó en un barranco en la Cuesta del Totoral, en Catamarca. La unidad circulaba con un permiso provisorio. A causa del impacto murieron 49 personas y 20 más sufrieron heridas, y la investigación posterior reveló que el ómnibus se quedó sin frenos después de tomar una curva en pendiente; el conductor no pudo controlar el vehículo, que después de golpear el guardrail cayó al vacío en un barranco de más de 30 metros de profundidad. En noviembre de 2005, el propietario del ómnibus quedó librado judicialmente de toda responsabilidad en la tragedia.
Cuando se producen hechos de estas características, se hacen anuncios acerca de la intensificación de los controles; pero las buenas intenciones no suelen durar mucho. La tragedia de Cromagnon desató, en los primeros días de 2005, una verdadera fiebre de clausuras en los locales potencialmente peligrosos; pero pocos meses después, la transgresión volvió a ser moneda corriente.
Las autoridades no deben actuar por reacción cuando las tragedias ya se han producido. Tienen la obligación de prevenir para que no ocurran. Y en el caso de la circulación de vehículos obsoletos, no existe otro camino que el de intensificar los controles y actualizar estrictamente los permisos, para que no rueden por los caminos unidades que son un peligro real y concreto para otros vehículos y para los transeúntes.
La falta de controles y la permisividad de quienes tienen a su cargo tan delicada tarea franquea la circulación por las rutas de vehículos que no están en condiciones de seguir en uso. En LA GACETA del pasado domingo se publicó la crónica del lamentable accidente sufrido por Ricardo Héctor Alvarez, uno de los integrantes del trío humorístico musical Charango Tucu, de Concepción. El jueves 13, Alvarez circulaba en bicicleta por la ruta 329, cuando un viejo colectivo lo embistió desde atrás. El vehículo, un ómnibus Mercedes Benz modelo 85, circulaba con un permiso provisorio y se dirigía a buscar a un grupo de cosecheros, a los que debía trasladar a su lugar de trabajo. El impacto produjo un severo traumatismo de cráneo a Alvarez, quien debió ser intervenido quirúrgicamente y actualmente se encuentra internado en coma farmacológico. Los vecinos de la zona del accidente denunciaron que al peligro de la circulación de los vehículos en pésimo estado se suma la falta de señalización y de líneas demarcatorias en la ruta.
El accidente del que fue víctima Alvarez actualiza dramáticamente el problema de la presencia de ómnibus viejos en las rutas del interior provincial que se dedican al transporte de cosecheros. Por lo general, no tienen autorización legal para realizar la tarea que cumplen, o disponen de permisos provisorios que no certifican la aprobación de los controles técnicos correspondientes, ni el cumplimiento de otras normas en vigencia. La permisividad de los controles -o su ausencia lisa y llana- hace que estas unidades se desplacen sin inconvenientes y sumen una cuota de peligro más en las ya demasiado inseguras rutas tucumanas.
El accidente al que se hace referencia remite inevitablemente a la tragedia del Totoral: el 15 de setiembre de 2002, un ómnibus cargado de peregrinos tucumanos cayó en un barranco en la Cuesta del Totoral, en Catamarca. La unidad circulaba con un permiso provisorio. A causa del impacto murieron 49 personas y 20 más sufrieron heridas, y la investigación posterior reveló que el ómnibus se quedó sin frenos después de tomar una curva en pendiente; el conductor no pudo controlar el vehículo, que después de golpear el guardrail cayó al vacío en un barranco de más de 30 metros de profundidad. En noviembre de 2005, el propietario del ómnibus quedó librado judicialmente de toda responsabilidad en la tragedia.
Cuando se producen hechos de estas características, se hacen anuncios acerca de la intensificación de los controles; pero las buenas intenciones no suelen durar mucho. La tragedia de Cromagnon desató, en los primeros días de 2005, una verdadera fiebre de clausuras en los locales potencialmente peligrosos; pero pocos meses después, la transgresión volvió a ser moneda corriente.
Las autoridades no deben actuar por reacción cuando las tragedias ya se han producido. Tienen la obligación de prevenir para que no ocurran. Y en el caso de la circulación de vehículos obsoletos, no existe otro camino que el de intensificar los controles y actualizar estrictamente los permisos, para que no rueden por los caminos unidades que son un peligro real y concreto para otros vehículos y para los transeúntes.
Lo más popular
Ranking notas premium







