24 Abril 2006 Seguir en 
Siempre resultó una saludable bocanada de aire puro encontrar que el deporte nos entrega en forma continua ejemplos de esfuerzo y sacrificio, en tiempos en los que hallarlos constituye verdaderamente una odisea. No importa la actividad en la que se desempeñen, ni tampoco si esta es amateur o profesional. Los casos se multiplican y, lógicamente, siempre dejan bien parada a la provincia.
Uno de esos casos es el de Darío Gasco, el biker que tuvo un 2005 brillante y que culminó la temporada obteniendo el premio al Deportista del Año de LA GACETA. El concepcionense acaba de viajar a España, detrás de un sueño de superación personal. Pero, al mismo tiempo, buscará un roce internacional que redunde en beneficio de sus futuras participaciones mundialistas en representación del país. Sus logros, seguramente, habrán inspirado a otro amante del mountain bike, Ignacio Busso, que alcanzó el título argentino en la categoría Menores.
Lo del yudoca Emanuel Lucenti es otro ejemplo de búsqueda de progreso. En su intento de lograr un lugar en el Panamericano de la especialidad, buscará también perfeccionar su estilo durante una gira que efectuará por Brasil. Otro que viajará al vecino país será Lucio Juárez Chico, un jinete de sólo 12 años pero con las condiciones adecuadas como para recibir una invitación de la Federación Ecuestre Argentina a fin de participar de un torneo internacional.
Los ejemplos no terminan en los más jóvenes y se extienden hacia los entusiastas atletas veteranos, que otra vez dejaron bien parada a la provincia en una cita nacional, siendo Efraín Wachs y Magdalena Serrano quienes llegaron a lo más alto del podio.
Y así como en el golf, nombres como Andrés Romero, César Costilla y Eduardo Argiró, por nombrar a algunos, siguen un derrotero de grandes actuaciones en torneos de distinta envergadura, también afloran naturalmente casos en el automovilismo, el fútbol o el rugby.
Este panorama de buenas actuaciones y de proyección deportiva de la provincia, sin embargo, no debe hacer perder de vista una carencia casi cíclica que se repite en Tucumán. Se trata del siempre pretendido y nunca bien consumado plan de desarrollo deportivo, con apoyo privado y público. Los hechos y el tiempo siempre terminan por demostrar que todo lo que se intenta, termina con la expiración de los mandatos de un funcionario o con el retiro, a veces sin previo aviso, de apoyos económicos por parte de las empresas.
La actitud de otorgarle al deporte un papel de reparto no es nueva. Conceptos modernos hablan una y otra vez sobre su valor como contenedor social y sanitario, como formador de personas responsables y disciplinadas, como disparador de ideas de superación y desarrollo. Todo ello, en Tucumán, no va más allá, en la mayoría de las veces, de una declamación circunstancial. Se dice pero no se hace o lo que se hace no alcanza porque el presupuesto es corto.
Con una realidad social cada día más impredecible, el deporte bien puede constituirse en un alero donde se cobije el entusiasmo por hacer algo y por ser alguien. También en el trampolín de un talento escondido -y pocas veces descubierto-, que genere nuevas fuentes de inspiración a todos quienes practican una actividad física colegiada.
Los nombres ya enumerados y que hoy constituyen motivo de orgullo son, lógicamente, una parte de la historia. Las otras páginas quedan por escribirse; para que estas tengan sustento y en el futuro haya más cantidad para ver y más calidad para admirar, depende de la seriedad y de la continuidad del respaldo de quienes tienen esa posibilidad entre manos.
Uno de esos casos es el de Darío Gasco, el biker que tuvo un 2005 brillante y que culminó la temporada obteniendo el premio al Deportista del Año de LA GACETA. El concepcionense acaba de viajar a España, detrás de un sueño de superación personal. Pero, al mismo tiempo, buscará un roce internacional que redunde en beneficio de sus futuras participaciones mundialistas en representación del país. Sus logros, seguramente, habrán inspirado a otro amante del mountain bike, Ignacio Busso, que alcanzó el título argentino en la categoría Menores.
Lo del yudoca Emanuel Lucenti es otro ejemplo de búsqueda de progreso. En su intento de lograr un lugar en el Panamericano de la especialidad, buscará también perfeccionar su estilo durante una gira que efectuará por Brasil. Otro que viajará al vecino país será Lucio Juárez Chico, un jinete de sólo 12 años pero con las condiciones adecuadas como para recibir una invitación de la Federación Ecuestre Argentina a fin de participar de un torneo internacional.
Los ejemplos no terminan en los más jóvenes y se extienden hacia los entusiastas atletas veteranos, que otra vez dejaron bien parada a la provincia en una cita nacional, siendo Efraín Wachs y Magdalena Serrano quienes llegaron a lo más alto del podio.
Y así como en el golf, nombres como Andrés Romero, César Costilla y Eduardo Argiró, por nombrar a algunos, siguen un derrotero de grandes actuaciones en torneos de distinta envergadura, también afloran naturalmente casos en el automovilismo, el fútbol o el rugby.
Este panorama de buenas actuaciones y de proyección deportiva de la provincia, sin embargo, no debe hacer perder de vista una carencia casi cíclica que se repite en Tucumán. Se trata del siempre pretendido y nunca bien consumado plan de desarrollo deportivo, con apoyo privado y público. Los hechos y el tiempo siempre terminan por demostrar que todo lo que se intenta, termina con la expiración de los mandatos de un funcionario o con el retiro, a veces sin previo aviso, de apoyos económicos por parte de las empresas.
La actitud de otorgarle al deporte un papel de reparto no es nueva. Conceptos modernos hablan una y otra vez sobre su valor como contenedor social y sanitario, como formador de personas responsables y disciplinadas, como disparador de ideas de superación y desarrollo. Todo ello, en Tucumán, no va más allá, en la mayoría de las veces, de una declamación circunstancial. Se dice pero no se hace o lo que se hace no alcanza porque el presupuesto es corto.
Con una realidad social cada día más impredecible, el deporte bien puede constituirse en un alero donde se cobije el entusiasmo por hacer algo y por ser alguien. También en el trampolín de un talento escondido -y pocas veces descubierto-, que genere nuevas fuentes de inspiración a todos quienes practican una actividad física colegiada.
Los nombres ya enumerados y que hoy constituyen motivo de orgullo son, lógicamente, una parte de la historia. Las otras páginas quedan por escribirse; para que estas tengan sustento y en el futuro haya más cantidad para ver y más calidad para admirar, depende de la seriedad y de la continuidad del respaldo de quienes tienen esa posibilidad entre manos.
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