¿Y si avanza Brasil?

Temor de azucareros por la Ley de Biocombustibles. Por Fernando García Soto

24 Abril 2006
En coincidencia con una fuerte escalada del precio del petróleo crudo durante la semana pasada -que el viernes alcanzó un nuevo récord, de 74,10 dólares el barril-, en la Argentina se sancionó la tan promocionada y demorada Ley de Biocombustibles. A partir de incentivos fiscales, la norma otorga un plazo de cuatro años para que toda la nafta y el gasoil que se comercialice en el país incluya al menos un 5% de componentes derivados de sustitutos vegetales -entre ellos, el alcohol de caña-, para reducir la contaminación ambiental. La ley suma a la Argentina a una movida mundial en favor del cuidado del medio ambiente -en un marco de una escasez creciente de petróleo-, y pone a Tucumán en una encrucijada: los azucareros deben tomar posición a favor o no de aportar alcohol para las naftas, mientras temen una reacción de Brasil frente al nuevo cuadro de situación.
Cuando los temas ecológicos prácticamente no existían en las agendas de ningún país, nuestra provincia fue pionera en el desarrollo de la alconafta, entre las décadas del 70 y el 80, con resultados satisfactorios, hasta que se perdió interés en el proyecto. Hoy, el contexto es muy distinto: el mundo demanda -exige- combustibles renovables. Todo un desafío para la principal provincia cañera del país.
La Argentina, sin ningún tipo de incentivos ni apoyo del Estado, produce casi 20 millones de toneladas de caña, de las que obtiene 2 millones de toneladas de azúcar y 200 millones de litros de alcohol. Este volumen, que se exporta en gran parte, resulta insignificante frente a la producción de Brasil, que preve elaborar este año nada menos que 15.700 millones de litros, casi un 10% por encima de los resultados de la campaña anterior. Y mientras la Argentina apunta a convertirse en un país importador de crudo -situación que obligará al país a pagar valores de mercado, con la consecuente suba del precio de los combustibles-, Brasil acaba de anunciar que logró el autoabastecimiento de petróleo, nada menos. El gigante vecino, además, viene desde hace años utilizando mezclas de alcohol en sus naftas y es un gran promotor de esta idea, hoy en boga en todo el mundo.
Aunque la nueva Ley de Biocombustibles contempla el otorgamiento de una serie de beneficios impositivos a las empresas que encaren la investigación y producción de alconafta y biodiesel, los azucareros plantean una serie de inquietudes operativas. Estas van desde los valores a los que deberían vender el alcohol a las petroleras hasta la forma en que el Estado otorgará subsidios directos a las empresas, cuya metodología no fue explicitada en la norma. Pero la principal preocupación es que la flamante disposición legal sirva de argumento a Brasil para reclamar la derogación de la Ley 25.715 -sancionada en 2003- de protección a la actividad azucarera en el Mercosur.
Durante años, los azucareros argentinos denunciaron que Brasil otorgó millonarios subsidios para promover un programa sucroalcoholero, que hizo crecer en magnitudes gigantescas el cañaveral en ese país. Con ese argumento lograron frenar la integración del azúcar en el Mercosur, y el principal producto que sostiene la economía de Tucumán pasó a ser el único que contó con protección legal en el bloque económico sudamericano. Ahora, aunque la Ley de Biocombustibles fue motorizada más que nada por el sector granario del país, también incluye la caña de azúcar como materia prima del etanol para las naftas. Por lo tanto, el Estado argentino también fomentará la producción de alcohol de caña, y se desplomarán los argumentos de los azucareros argentinos.
Algunos operadores creen que será cuestión de tiempo hasta que Brasil inicie una campaña para eliminar las barreras arancelarias de que goza el azúcar argentino. Este es el gran temor de los azucareros.




Tamaño texto
Comentarios