La cultura y sus avatares

El Presidente estuvo ausente en la inauguración de la 32ª Feria Internacional del Libro. Por Angel Anaya

22 Abril 2006
El presidente Kirchner abandona cada vez menos su despacho y prefiere las dimensiones limitadas y más confiables del Salón Blanco para sus anuncios, en lugar de los actos cuyas organizaciones no dependen de su staff. Otras veces invoca a su agenda para excusarse ante invitaciones, como a la inauguración de la 32ª Feria Internacional del Libro donde, en su significativo discurso inaugural, el escritor Tomás Eloy Martínez no pudo dejar de lamentar esa ausencia del acto cultural más concurrido del país. Son muy pocas las ocasiones -como señaló el orador- en que cada año la presencia del jefe del Estado es insustituible, y esta fue una de ellas, "porque así lo enseñan la tradición y el destino de los argentinos". A lo mejor Martínez ignoraba en ese momento que, más allá de que Kirchner tuviese o no deseos de concurrir a la ceremonia, su entorno de seguridad le aconsejó que no lo hiciera, por tratarse de un ámbito considerado inamistoso. Paradójicamente, el jefe del Gobierno dispone de encuestas que le aseguran porcentajes de adhesión muy elevados, pero no por ello se siente cómodo en actos donde el aparato oficial no manda, o se expresan cosas que no son de su agrado; es decir, buena parte del discurso y conferencia inaugural donde el escritor relacionó la cultura con la suerte del país y exclamó, desde su visión, cuán difícil puede ser encontrar un proyecto nacional que nos una a todos.
La Feria del Libro de Buenos Aires es, con la de Guadalajara -México- una de las dos más importantes de América, y podrá seguramente durante un tiempo demostrar que en nuestro país también ocurren cosas que nos consuelan de su deterioro público. La semana que concluye ha sido en este orden particularmente decepcionante, pues otro baluarte cultural y, además, con rango institucional, la Universidad de Buenos Aires, siguió siendo objeto del desprecio del pensamiento único y de la indefensión frente a la violencia de los intolerantes. Otra vez la crisis del orden público impidió proteger a la UBA, invocando su autonomía, nada menos que desde el Ministerio del Interior, bajo la presión del evidente temor presidencial a provocar reacciones adversas. Todo ello acompañado de un silencio discursivo que premia por omisión a los grupos agresores de la mayor casa de estudios e investigación del país. Grupos donde algunas de la heterogéneas agrupaciones kirchneristas -como Venceremos y Lavallese- se han sumado a los bloqueos de las asambleas para elegir rector. Desde una perspectiva acaso menos trascendente, aunque no por ello menos testimonial, la ciudad porteña tampoco dejó de padecer esta semana la perversa agresión destructiva al humilde pero bello museo de la calle Caminito, en La Boca, por los vándalos que alimenta la inseguridad. (De nuestra Sucursal)






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