21 Abril 2006 Seguir en 
Cuando camina por las calles de San Miguel de Tucumán, el transeúnte que mire hacia arriba no puede sino sentirse alarmado, con bastante frecuencia. En efecto, percibe elementos que son potencialmente peligrosos, ya que podrían precipitarse a tierra, en cualquier momento, sobre las personas o los vehículos.
Hablamos, por ejemplo, de molduras de mampostería surcadas por grietas; de armazones metálicas en desuso y precariamente amarradas; de carteles sostenidos por alambres oxidados; de chapas en lo alto de edificios a medio construir, y un largo etcétera.
Como es obvio, se trata de cosas de considerable peso, que podrían desprenderse si de pronto cede su sostén, o las golpea un viento de cierta intensidad.
No es la primera vez que nos referimos al riesgo creado por situaciones de esa índole.
Nos parece que la Municipalidad de la capital, como responsable del espacio público, debiera iniciar un control relativo a lo que decimos. Ello, para ordenar el retiro de los elementos peligrosos, sin perjuicio de efectuarlo a costa del propietario, en los casos urgentes.
Hablamos, por ejemplo, de molduras de mampostería surcadas por grietas; de armazones metálicas en desuso y precariamente amarradas; de carteles sostenidos por alambres oxidados; de chapas en lo alto de edificios a medio construir, y un largo etcétera.
Como es obvio, se trata de cosas de considerable peso, que podrían desprenderse si de pronto cede su sostén, o las golpea un viento de cierta intensidad.
No es la primera vez que nos referimos al riesgo creado por situaciones de esa índole.
Nos parece que la Municipalidad de la capital, como responsable del espacio público, debiera iniciar un control relativo a lo que decimos. Ello, para ordenar el retiro de los elementos peligrosos, sin perjuicio de efectuarlo a costa del propietario, en los casos urgentes.
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