Como una telenovela

Se agota la química entre Alperovich y Juri. Por Marcelo Aguaysol

21 Abril 2006
Desde hace algunos años, la sociedad tucumana viene observando las casi telenovelescas relaciones entre el número uno y el número dos de la provincia. Por citar algunos ejemplos, existían claras diferencias entre Ramón Ortega y Julio Díaz Lozano. Más acá, Antonio Bussi y Raúl Topa protagonizaron capítulos de amores y de odios mutuos. Distinto es el caso de la anterior administración. Más que un vicegobernador, Sisto Terán era coconductor del Poder Ejecutivo, ya que Julio Miranda le delegaba el comando de las acciones gubernamentales.
El presente encuentra a José Alperovich como el único protagonista de la escena política. Es él quien capitaliza los aciertos de la gestión, pero tanta exposición también le asigna el rol fundamental de ser aquel que debe ponerles el pecho a las balas cuando su administración equivoca el camino. La empatía entre Alperovich -más política que natural- con su copiloto, Fernando Juri, navega por aguas turbulentas. La nueva tormenta en el poder se desató la noche del miércoles no bien el fiscal Alejandro Noguera -entendía en la causa Lebbos- abandonó la casa del gobernador, en Crisóstomo Alvarez al 4.300.
La tensionante noche encontró a un irascible gobernador reprochándole a su compañero de fórmula la movida legislativa para llevar al recinto al ministro de Seguridad Ciudadana, Mario López Herrera, para que dé explicaciones al cuerpo sobre la investigación y las acciones de esa cartera vinculadas con la muerte de la estudiante Paulina Lebbos. Alperovich le pasó factura a Juri porque un grupo de legisladores oficialistas -en su mayoría responden al vicegobernador- avaló esta suerte de interpelación a uno de los fusibles del gabinete provincial. “A mí nadie me maneja el gabinete”, habría dicho, casi a los gritos, Alperovich, en una señal de confrontación de poder con el vicegobernador. Mucho más contundente fue el mandatario cuando advirtió que, si la Cámara no aprobaba el informe al ministro, este sería ratificado en el cargo. De hecho, el titular del PE se adelantó y ayer mismo confirmó a todos los funcionarios de Seguridad Ciudadana. Además, hubo varios legisladores que se arrepintieron de haber firmado el documento convocando al recinto a López Herrera.
En ese pase de facturas, Juri también dijo lo suyo y no dejó de transmitirle al gobernador su malestar porque intentaron ponerlo en un brete, al recordársele sus viejas relaciones con los remiseros.
En medio de tantos ánimos sensibilizados, cuesta creer que en una provincia que atraviesa por el tercer año de bonanza fiscal, se agote la química entre dos hombres que ostentan el poder y que hasta pueden compartir proyectos políticos en el futuro inmediato, si es que la relación perdura hasta 2007, reelección mediante. Sin embargo, tanto Alperovich como Juri comparten miedos de lo que puede hacer uno, con la lapicera y la billetera oficial, y el otro, desde una Legislatura que resulta ser la caja de resonancia del descontento y de los apoyos a la gestión.
¿Cuál puede ser el escenario de esta pelea entre Juri y Alperovich? Sin dudas que, en el corto plazo, por las crecientes tensiones entre ambos cada uno marcará una línea de división, tal vez con poca exposición pública de la fórmula que llegó al poder el 29 de octubre de 2003. Sin embargo, la conveniencia política puede contribuir a curar las heridas con el tiempo. En esta tesis, como sucede casi siempre dentro del peronismo, puede ocurrir que dos meses antes de la convocatoria a elecciones la relación se encauce, y aquí no pasó nada. Pero estos enfrentamientos constituyen un llamado de atención para la clase política, ya que el futuro de Tucumán hoy está en sus manos. Los problemas institucionales hay que solucionarlos de cara a la sociedad, porque no fortifican ni debilitan a un proyecto político, sino a las futuras generaciones.





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