La XXXII Feria del Libro

20 Abril 2006
Hoy se inicia en Buenos Aires la trigésimo segunda edición de la Feria Internacional del Libro, que permanecerá abierta hasta el 8 del próximo mes. Se trata, como es sabido, de uno de los grandes acontecimientos del calendario cultural del país, y desde sus comienzos, no ha hecho sino crecer la cantidad de público que concurre masivamente a sus instalaciones. Es igualmente conocido que la Feria ofrece siempre un gran abanico de posibilidades. La principal, por cierto, es la de interiorizarse acerca del catálogo de ediciones de los diferentes sellos que participan, y cuyos “stands” despliegan todos los recursos para atraer a los visitantes . Entre tales recursos, está la presencia de consagrados escritores que acuden a firmar sus libros, lo que permite al público, en muchas ocasiones, dialogar con ellos. Un atractivo especial también está representado por las publicaciones de edición extranjera, cuya mayor parte no está comúnmente disponible en las librerías.
También debe contabilizarse como un fuerte incentivo para visitar la Feria, la nutrida programación que exhibe en materia de conferencias, mesas redondas y actividades escénicas en general, realzadas siempre por personalidades de relieve en los diversos campos. Así, cada jornada propone un aliciente nuevo para recorrer esta muestra, cuyo prestigio hace mucho que se ha extendido, justificadamente, por todo el mundo hispanohablante.
Más allá del imponente espectáculo constituido por la Feria en sí, con la colorida variedad de sus exhibiciones y la importancia de sus actividades anexas, nos parece que el provecho cultural de mayor envergadura  que encierra es que, como su lema tradicional lo indica, lleva el libro “del autor al lector”. Sin duda, hay una considerable cantidad del público visitante que, en razón de su profesión o de sus inclinaciones, es un frecuentador asiduo, durante todo el año, de las librerías.  Para tal sector, el atractivo se restringirá, comprensiblemente, a las novedades últimas o a las ediciones extranjeras.
Pero hay una gran cantidad, entre las personas -de toda edad y condición-  que se dan cita en este encuentro  que, por la razón que fuere, no son clientes habituales de las librerías; ni la lectura figura entre sus aficiones. Sucede entonces que, en el recinto de la Feria, vienen a tomar un primero e intenso contacto con el universo de la letra impresa. Y muchas veces es en ese momento que vienen a descubrir, en cierta manera , a los libros y sus perspectivas.
Está de más decir que la producción de ese vínculo -del cual, en definitiva, nace un lector- debe considerarse lo más fructífero y positivo del acontecimiento que nos ocupa. Lograr que una persona acceda de pronto al mundo de los libros no puede sino entenderse como una victoria del espíritu,  y todo lo que se haga para gestionarla tiene que juzgarse bienvenido.
Las estadísticas, que hemos comentado con frecuencia en este espacio,  son desalentadoras acerca de las cifras de gente que lee en la Argentina. Es conocido también que una serie de factores, que van desde los económico-sociales hasta los derivados del inmenso poder de los medios electrónicos, han operado en contra de la palabra escrita. En escuelas y colegios, uno de los grandes desafíos que encara el docente es lograr que los alumnos se inclinen hacia la lectura.
La Feria del Libro, al mostrar en toda su potencialidad el fascinante mundo que aguarda a un lector, contribuye -silenciosa, pero elocuentemente- a la corrección de ese grave problema cultural. Por eso merece el más resuelto apoyo y el más franco estímulo.







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