El futuro del presente

El papel de la calidad institucional en el porvenir local. Por Alvaro José Aurane

19 Abril 2006
“La mayoría de las personas da por sentado que el mundo que conocen durará indefinidamente. (...) Esperan que el futuro sea una continuidad del presente”. Alvin Tofler, “La tercera ola”.

Avizorar el futuro es un antiguo anhelo humano. Los romanos consultaban sobre el porvenir a los oráculos, los que trataban de escudriñarlo en las vísceras de las aves. Luego, en Occidente asumirían que el futuro era planificable y los gobiernos comenzaron a hacer justamente eso. Y a comunicarlo.
Aquí, claro está, eso no pasa. El Gobierno no revela cómo imagina al Tucumán del futuro. Ni qué planea para ello (salvo que haya financiación internacional, para lo cual siempre aparece un programa). Una salida es acudir a los oráculos modernos. Uno de ellos es el Banco Interamericano de Desarrollo, que leyó sus auspicios apenas comenzó el nuevo milenio. Teniendo en cuenta la demografía, la geografía y las instituciones puede explicarse, como mínimo, el 55% de las diferencias de desarrollo de los Estados, según el informe “Progreso Económico y Social en América Latina”.
Por ejemplo, la composición por edades de la población se asocia al nivel de desarrollo económico. En los países más desarrollados fluctúa entre los 32 y los 40 años. En los más pobres, los africanos, se halla entre los 20 y los 25 años. El contexto tucumano (y argentino) está a media agua: entre los 21 (Nicaragua) y los 34 años (Uruguay). Esto afecta la capacidad de generación de ingresos per cápita y, a la vez, la tasa de ahorro.
La incidencia de la geografía es peor. La poca calidad de las tierras tropicales y subtropicales; las dificultades de adaptación de las tecnologías agrícolas y las condiciones adversas de salud de las zonas cálidas y húmedas son la constante.
Para rematar, la cercanía a los grandes mercados mundiales es nula; y en cuanto al acceso a medios de transporte, no hay corredor vial que pase cerca.
Y está el parámetro de la calidad institucional. La gobernabilidad se mide con cuatro índices: el imperio de la ley, el control de la corrupción, la calidad del marco regulatorio y la efectividad de la administración. Los dos primeros reflejan el respeto de los ciudadanos y del Estado por las instituciones. Los dos últimas apuntan a la capacidad del gobierno para formular y aplicar políticas adecuadas. Dado que el mar sigue lejos y que la gente crece al mismo ritmo, estas variables son, para el futuro local, fundamentales. Y, a la vez, preocupantes.
La Convención reformadora se apoderó de la Constitución y los proyectos para reformarla se manejan reservadamente. Es decir, los planes para el futuro de la provincia y de sus instituciones son secretos. Eso sí: la habilitación de la reelección es pura claridad. A la par, la ilegalidad, que transita en cuatro ruedas, se cobró la vida de Paulina Lebbos. Buena parte de la labor policíaca consistió en adulterar declaraciones.
Hay comunas rurales que reciben dinero para obras que no concretan. Entonces, son intervenidas por la Provincia, que sí realiza grandes emprendimientos, como Lomas de Tafí, jamás sometido a una licitación pública.
En la discusión salarial, el Gobierno muestra que los sueldos de los estatales han mejorado desde su asunción. Una realidad tan innegable como la depreciación del “básico”, que afecta (entre otros) al futuro de los próximos jubilados. Por cierto, la publicidad de esas remuneraciones contrasta hoy con la secreta “evolución” que tuvieron los salarios de los funcionarios en febrero.
En el medio, el papel de algunos sindicatos fue revelador. “Se adopta un formal compromiso por parte de los gremios firmantes de no efectuar medidas de acción directa, incluyendo manifestaciones públicas en reclamo de reivindicaciones”, reza el “acta acuerdo entre el Gobierno y organizaciones gremiales docentes” , del pasado 27 de febrero. El sector recibió un adicional no remunerativo de $ 100. A cambio, se dejó sin efecto nada menos que el rubro “Estado docente”. Esta es la lógica del subtrópico: el defensor prohíbe al defendido el derecho a peticionar por sus derechos.
El presente tucumano agobia por estos días, porque a él se parece el futuro.









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