La intervención de los obispos

El silencio en la cumbre eclesiástica argentina fue total. Por Angel Anaya

18 Abril 2006
BUENOS AIRES.- “Los comentarios se han ido de boca”, señalaron en el entorno presidencial a propósito de una intervención de la Iglesia para restaurar las relaciones dañadas por el conflicto de las papeleras, por pedido de Kirchner. En efecto, el Presidente no hizo gestión alguna en ese orden y tan sólo manifestó ante un interrogante periodístico -de “Clarín”- que esa posibilidad le agradaría. El silencio en la cumbre eclesiástica argentina ha sido total, si bien  se escucharon voces de buena voluntad de prelados de ambas orillas, mientras el titular de la Conferencia Episcopal de Uruguay, monseñor Pablo Galimberti, aconsejaba poner freno a las especulaciones, quedando a la espera de una propuesta oficial que seguramente no llegará. No se entiende bien qué podría hacer la Iglesia en un problema de esa naturaleza, donde los tropiezos en las negociaciones no han alcanzado a afectar la relación histórica entre ambos países. Detalles de que no ha sido así son el partido de fútbol que ganó ampliamente Vélez Sarsfield de visitante, sin reacciones hostiles en la tribuna, y la nutrida corriente turística argentina de Semana Santa hacia Punta del Este. Desde nuestra orilla, vale la encuesta de OPSN, según la cual el 64,8% no aprueba los cortes fronterizos, aunque sí la apelación a la Corte de La Haya.
Mientras Kirchner obtenía otra victoria táctica en el despacho presidencial con el gremio mercantil, al fijar un aumento de salarios del 19%, orientado por el nivel referencial establecido con los camioneros de Hugo Moyano, el microcentro porteño se convertía nuevamente en campo de operación piquetera con destino en Plaza de Mayo y la cartera laboral. Las organizaciones duras que perduran, aunque muy fraccionadas, lograron bloquear una vasta zona, no tanto por el volumen de las concurrencias, cuanto por el tolerante operativo policial, que, mejor que controlarlas, optó por advertir al tránsito vehicular que se cuidase de circular. La queja de esas organizaciones fue múltiple sobre salarios y empleo, pero especialmente por la cooptación del kirchnerismo de las viejas organizaciones disueltas o trabajando para el Gobierno, que ha debilitado el poder de presión de antaño. El acuerdo con el gremio mercantil, comandado por Armando Cavalieri, demostró que Kirchner hace caso omiso de la división interna de la CGT y que el pleito entre Moyano y los “gordos” no llega al despacho presidencial. El jefe del Gobierno no tiene el mismo poder sobre la CGT que tuvieron sus antecesores correligionarios, pero el sindicalismo justicialista tampoco lo pondrá a prueba en el corto plazo, sabiendo que antes debe resolverse la gran interna partidaria, donde se verá menos confuso el rompecabezas del PJ. (De nuestra Sucursal)






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