El tenis necesita desarrollo

17 Abril 2006
Los buenos vientos que soplan en el tenis argentino desde hace algunos años tienen fuertes fundamentos en la cantidad y en la calidad de los jugadores, lo que permite avizorar un futuro interesante para este deporte. Sin embargo y por más que muchos se esfuerzan, en Tucumán esa situación es relativa.
Sucede que en nuestra provincia -como en la mayor parte del país-, el tenis transita por el filo de una cornisa de contrariedades: popular por los triunfos de los más destacadas y su proyección a los medios, elitista en su etapa de formación. Se sabe que en los tiempos que corren, para aprender tenis la única opción es una inscripción en un club privado, pues las canchas públicas son inexistentes. Esto lleva a que la cantidad de gente que practica el deporte sea poca, teniendo en cuenta la población.
Pese a esta particular situación, los tucumanos trabajan duro para no quedarse afuera del evidente progreso nacional. Y por ello, en los últimos tiempos -tras muchos años de ostracismo-, se notó una nueva dinámica en los torneos que se juegan en la provincia, en las distintas divisiones. Si bien aún está faltando un jugador que lleve las banderas de este deporte en torneos de envergadura, el trabajo que se viene realizando en los distintos clubes bien puede producir novedades en poco tiempo. De todos modos, es evidente que estamos lejos aún y que mucho habrá que trabajar para revertir la situación.
Se sabe que los éxitos siempre generan una onda expansiva. Los triunfos individuales y la buena actuación del equipo nacional en la Copa Davis deben servir de ejemplo, como también, que en todo el país hay clubes que trabajan con solvencia. Al momento de repasar los nombres que hoy figuran ranqueados, se puede tener una idea de lo federal que resulta el asunto. Y viendo esto es que nos damos cuenta -una vez más- del mucho tiempo que se perdió en Tucumán en cuanto al desarrollo de esta actividad.
Desde aquellos años en que Mercedes Paz y Roberto Saad ocuparon puestos de privilegio, fueron pocos los que pudieron codearse, no ya con los más altos niveles competitivos, sino con torneos menores. En la mayoría de las veces, la faltante no respondió a la carencia de talento de los jugadores, sino más bien a una inadecuada estrategia de proyección y a la falta de apoyo para sostener participaciones en distintos torneos.
Estos dos últimos puntos son justamente claves en la pirámide que va construyendo un tenista en su campaña deportiva. Sin ayuda económica, cualquier proyección de hace complicada, cuando no imposible. Esta, sin ninguna duda, es una situación que trasciende a las entidades donde se forman y les dan cobijo.
Sabido es que en las numerosas entidades tucumanas que se dedican a formar tenistas, el trabajo que se hace es a pulmón; y son generalmente los padres quienes deben hacerse cargo del plus que exige una participación fuera del contexto provincial.
Mucho se habla sobre los montos de dinero que gana un tenista, pero poco del empinado camino que se debe seguir hasta llegar a tener un ranking  a nivel mundial. Hasta que ello ocurra, puede pasar mucho tiempo. Y de los miles de sueños que se forjan, son muy pocos los que logran el objetivo.
Bueno sería que Tucumán adopte una actitud distinta en cuanto al tenis. No sería descabellado pensar en canchas en los complejos deportivos. Tampoco, en un plan de certámenes con apoyo privado y oficial. Incluso, en promover torneos Futures; en los próximos meses se jugarán nueve y ninguno tendrá por sede a la provincia. Lo que se puede hacer es mucho, pero sólo se tendrá éxito si se usa el criterio. Y como pasa con cualquier deporte, si el apoyo es sólo circunstancial, no habrá futuro posible.







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