Todo por el rating

Por Hugo E. Grimaldi. "El Gobierno pretende difundir sólo lo que le conviene".

09 Abril 2006
BUENOS AIRES.- Como Marcelo Tinelli, el Gobierno se ha recibido esta semana de maestro en el arte del birlibirloque, y como testigo para certificarlo está la interpretación de la letra chica que se ha podido conocer, tras la resolución de las tensiones generadas con el precio de la carne y con los salarios de los camioneros.
Esta “tinellización”, hoy ampliamente consentida por la sociedad aun cuando en otros tiempos fue sinónimo del fulgor menemista, tiene una evidente coincidencia de fondo: el amor por el rating, sinónimo en política de índices de acompañamiento de la gestión. Pero tiene otra, en la forma, de mucho más gravedad, ya que, repetitivamente, en ambos casos se muestra una única versión de los hechos y se especula con la pasividad de la platea para que crea a rajatabla en lo que se le ofrece y no pregunte por aquello que se le escamotea.
Por suerte, aún hay importantes diferencias. Por un lado, con sus gritos y desmesuras, el conductor ha traspasado todos los límites del decoro, burlándose no sólo de sus entrevistados sino de la intelectualidad de sus televidentes, y, por el otro, si bien se nota que el Gobierno pretende difundir sólo lo que le conviene en nombre de la invulnerabilidad del discurso (tal la crítica que hizo Adepa por las reacciones del presidente Néstor Kirchner contra los medios y por las dificultades de acceso a los funcionarios que tienen los periodistas), todavía hay fisuras que permiten sacar segundas lecturas de los hechos.
El caso de la carne sirve para ejemplificar. Esta última semana, recién un mes después de haber prohibido las ventas al exterior en pro de lograr mejores precios para el mercado interno, el Gobierno cayó en la cuenta de que todo el daño hecho al sector, a la imagen del país y a la recaudación, se arreglaba con el cuarteo de la faena y decidió imponerlo como la panacea salvadora.
La sencillez del procedimiento que ahora se pone en vigencia significa efectuar con la sierra sólo un corte horizontal por la mitad de la media res. Así, el cuarto trasero servirá para ser vendido en Recoleta o en el exterior a precios de mercado, mientras que 11 cortes del cuarto delantero proveerán de carne barata a los sectores más humildes, con precios de referencia que se acordaron fijar de aquí a fin de año, algunos 25% más bajos que los que regían en noviembre.
Hasta aquí la versión oficial, dirigida a calmar las expectativas inflacionarias y a poner en caja a una cadena donde cada eslabón (ganaderos, consignatarios, matarifes, frigoríficos, exportadores y carniceros) tiene intereses diferentes y que, en conjunto, fue denostado hasta el ablande. Ahora, sólo se les ha prometido una apertura gradual de las exportaciones, cuando el precio al mostrador efectivamente baje.
Lo real del convenio, lo que todo el mundo se cuidó de difundir a pedido del Gobierno, es que el mismo sólo regirá de modo efectivo para una única categoría, la del novillo que va desde los 420 a los 450 kilogramos, generalmente grasoso y de carne más dura, la que habitualmente no se exporta, mientras que quedaron fuera del mismo las “haciendas definidas livianas de consumo”, es decir los novillitos, vaquillonas y terneros, que es la carne que más les gusta comer a los argentinos; es decir, las categorías que más presionan sobre los precios en Liniers.

Algunos condicionantes
Otra de las cuestiones que no trascendieron y que salen ahora a la luz, fueron ciertos condicionantes de la negociación que llevaron adelante, como verdaderos cruzados, dos hombres de Julio de Vido -los funcionarios de Economía, Javier de Urquiza y Lisandro Salas-, en medio de una interna que dejó afuera de la pulseada nada menos que al secretario de Agricultura, Miguel Campos. Precisamente, este fue desautorizado una vez más al anularse una resolución de su autoría que estableció pesos mínimos de faena que, a fines de 2005, complicó a los ganaderos y que contribuyó al alza de la carne por caída de la oferta.
Por el lado de los exportadores, estos amenazaron con repetir contra el Estado nacional los juicios por incumplimientos que creen van a llegar desde el exterior desde sus compradores quienes, amparados por las normas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), consideran que de las tres “C” del comercio internacional (Calidad, Cantidad y Continuidad), la última ha sido vulnerada por la Argentina.
Para contrapesar esa presión, el Gobierno puso sobre la mesa la posibilidad de avanzar en un cambio de fondo en la centenaria y casi incumplida Ley Federal de Carnes, que hoy impide el desguace del animal, que podría contribuir a modernizar y a optimizar el mercado.
Según expertos del sector, esta variante les conviene tanto a los frigoríficos exportadores como a los “consumeros” (dedicados al mercado interno), ya que ellos mismos podrían trozar la carne y vender el cuero, el sebo y los huesos a compradores locales y los tendones al exterior (Malasia es un gran comprador), sin esperar que esos rezagos vuelvan desde las carnicerías.
En la misma línea de decir sólo lo que conviene decir, y justamente con las exportaciones de carne vacuna como telón de fondo, el viernes fue notoria la palidez del primer ministro ruso, Mijail Fradkov, cuando Kirchner le anticipó como primicia que el Gobierno argentino autorizará sólo en 30% la apertura de las ventas al exterior, pero que Rusia no sería de los mercados más favorecidos. “30.000 o 40.000 toneladas en el año, a lo sumo”, se le dijo.
Fradkov se juega su propia cabeza en esta gira, ya que Vladimir Putin tampoco quiere más inflación en su país, notoriamente en auge debido a los aumentos de la carne al mostrador, derivados primero de la aftosa brasileña y luego de la prohibición de Kirchner, y lo hizo principal responsable del desvío de precios que contribuyó a exportarle la Argentina. El año pasado, Rusia compró aquí por 420 millones de dólares y eso representó 28% de sus importaciones de carne vacuna. Para arreglar la infidencia presidencial, el discurso oficial prefirió barrer debajo de la alfombra y decir que “no se habló” del tema carnes y sí de comercio en general o de inversiones en petróleo, lo primero algo difícil de creer ya que entre los acompañantes de Fradkov había autoridades fitosanitarias de Moscú. Como anécdota, en Economía se comentó que Miguel Campos se autoinvitó a la reunión y que no pudo acceder a la misma, donde sí estuvo durante un tramo la ministra Felisa Miceli.
El arreglo de los camioneros, casi 19% en dos tramos que puede trepar a 32% si una suma no remunerativa pasara a serlo, también dejó tela para cortar. La misión central de la comunicación oficial fue la de transmitir que el aumento fue concedido lisa y llanamente por el Gobierno, dejando de lado al sector empresario, quien es el que deberá afrontar los costos de los salarios. Sin embargo, no se faltó del todo a la verdad, ya que algún dinero pondrá el erario, a través de algunos subsidios que sirvieron para terminar de convencer a las empresas, mientras que también se prometieron créditos para renovación de flotas.

Suena el teléfono
Un empresario que estuvo en la negociación le dijo a DyN que las exigencias de los camioneros superaban el 100% de aumento si se consideraban algunas condiciones de trabajo. El informante señaló que los subsidios no fueron determinantes y que lo que más molestó a las empresas fue la presión oficial, con llamados telefónicos permanentes de la gente de De Vido: “apurate y cerrá por debajo del 20%. Estamos preocupados por los demás gremios”.
Según la fuente, el martes ya estaba todo listo para el anuncio, mientras Pablo Moyano seguía presionando con cortes y bravatas y se esperaba el moño presidencial que llegó tras haber acomodado a Hugo Moyano, a quien se le dijo que no al llamado al Consejo del Salario, un día antes del Comité Central Confederal.
El jueves, sin los “gordos” presentes y con un telón de amianto por delante (“Confederales eran los de antes, este fue un chiste”, definió un sindicalista, quien recordó el tiroteo entre los gordos y los moyanistas en Ezeiza hace apenas un lustro), la CGT armó un simulacro de cumbre donde nadie cuestionó nada y donde los gremios alineados pudieron mostrar sus logros. Tantos como el Gobierno, ya que tras los camioneros, arreglaron autotransporte y trenes, con lo cual -salvo la duda que queda con los aeronáuticos- la Semana Santa no le traerá sobresaltos a la gente.
Igualmente, para estos días falta el convenio clave de los estatales, donde ATE es poco numeroso, pero significa un hueso ideológico duro de roer, mientras el moyanismo espera un revival de todos los convenios para octubre, si los índices de inflación se desmadran. (DyN)

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