A demasiada velocidad

La ruta 38 continúa siendo escenario de tragedias.

09 Abril 2006
Hemos informado detalladamente sobre el terrible accidente de tránsito ocurrido durante la mañana del jueves último, en la ruta 38. De acuerdo con los primeros peritajes, un auto fue embestido por detrás por una camioneta, hecho que lo sacó de su carril y lo llevó a impactar de frente con un camión. El sangriento saldo fue la muerte de cuatro personas, además de varios heridos.
De ese modo, la carretera de referencia continúa siendo escenario de tragedias. Es indiscutible, sin duda, la necesidad de contar con otra ruta. Pero también es perceptible, en la mayoría de los accidentes que allí se registran, la existencia de factores como la excesiva velocidad y las maniobras arriesgadas, entre los desencadenantes de estos hechos.
Para nadie es un secreto que los automotores circulan mucho más rápido de lo que sería recomendable en la ruta que citamos. Sus características de estrechez y de abundancia de vehículos del más diverso porte, debieran poner en guardia al usuario.
Quien se desplaza más allá de ciertos parámetros de rapidez, se coloca automáticamente en peligro. En una carretera, hay mil circunstancias imprevistas que pueden presentarse, y que reconocen el más diverso origen. El conductor que lleva el acelerador a fondo, carece de posibilidades de enfrentarlas con éxito, y sabemos que basta un segundo para que la catástrofe estalle.
Los automotores modernos, con su batería de avances técnicos, pueden desarrollar un desplazamiento cada vez más vertiginoso, sin que quien los maneja llegue a darse cabal cuenta de ello. Por el contrario, lo invade una equivocada sensación de seguridad en el habitáculo, por sus comodidades, por el silencioso motor, y también por distracciones, como las que generan el equipo de música, o el aire acondicionado.
Los factores de riesgo en el tránsito, como lo sabe cualquiera que haya circulado por rutas, son variadísimos. Por ejemplo, la calzada resbaladiza, húmeda o anegada (era el caso del pasado jueves); la falta de buena señalización en algunos tramos peligrosos, los matorrales que avanzan sobre el pavimento, la existencia de derrames de cargas que transportan otros vehículos, etcétera. A esto hay que agregar la defectuosa visibilidad, a causa de lluvias o de la neblina. Y qué decir de la súbita aparición de animales sueltos, o de personas que cruzan imprudentemente la cinta asfáltica, o de ciclistas, o de carros de tracción a sangre, o de vehículos inseguros por lo vetustos, o guiados por conductores alcoholizados. Además, por cierto, de las fallas repentinas en los frenos, o la falta de luces traseras. Todo esto, como enunciaciones ejemplificativas de una lista que mucho podría extenderse.
En suma, existe todo un universo de amenazas pendientes, de modo inevitable, sobre quien conduce en una carretera. Y más, en las que tienen un diseño antiguo, discordante con las exigencias del febril y tumultuoso tránsito de nuestra época. Es innegable que algunos factores pueden ser invencibles, por las características con que aparecen. Pero, del mismo modo, es indudable que el que se desplaza con moderación -tanto en el límite de velocidad como en las maniobras que ejecute- y mantiene atención despierta y constante en la ruta, tendrá chance de ponerse a salvo de las consecuencias de los imprevistos mentados.
Hace unos años, cabe recordar, se hicieron ensayos para controlar el exceso de velocidad en los vehículos. Por la razón que fuera, no funcionaron y no se insistió en ellos.
Pensamos que sería hora de enfocar resueltamente ese aspecto, y buscar el modo de imponer prudencia a la circulación por las rutas, tanto en  la 38 como en cualquier otra carretera. Convengamos que, hasta ahora, se insiste más en la documentación del chofer que en el hecho de si este guía o no con una razonable sensatez.

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