Sí o sí

Las protestas de los remiseros contra Sutrapa. Por Juan Manuel Montero

08 Abril 2006
Gobernar con el ejemplo. Ese es uno de los principios que cualquier estadista que se precie de tal prioriza a la hora de conducir los destinos de su pueblo. Impresiona entonces que desde el Poder Ejecutivo se critique la brutal actitud de los remiseros cuando, sin la violencia física, utilizan similares modelos de presión.
El copamiento de los choferes a distintas instituciones en las últimas dos décadas fue sistemático. Los sufrieron desde la Casa de Gobierno hasta el Poder Judicial, la Legislatura, la Jefatura de Policía, la Dirección de Investigaciones y el Concejo Deliberante. El uso de la fuerza siempre les dio resultado, ya que ningún funcionario (gobernador, ministros o jueces) hizo nada por impedir que se adueñaran de la provincia. Ni siquiera Jorge Lobo Aragón, quien sí los enfrentó cuando fue fiscal o juez, pero que, cuando ocupó el Ministerio de Gobierno no tuvo el poder como para frenarlos. Y ante esto, lo que comenzó siendo una empresa de remises, se convirtió en una tremenda fuerza de choque cuyas cabezas visibles, María Jesús Rivero y su ex esposo Rubén “La Chancha” Ale, no vacilan a la hora de imponer sus reclamos.
Cuando los concejales capitalinos se dispusieron a sancionar el Servicio Unico de Transporte de Pasajeros (Sutrapa), tuvieron un dolor de cabeza que les hizo ver las estrellas. Afuera del recinto, decenas de vehículos con sus correspondientes choferes dispusieron que la calle era de ellos, y Rivero hizo lo mismo que le permiten a algunos estudiantes cada año y se hizo concejala por un día. Ante la ridícula actitud de los verdaderos representantes del pueblo, que accedieron a todas y a cada una de las modificaciones que les “sugería” la empresaria, la norma fue virando hasta convertirse lisa y llanamente en lo que podría llamarse “La ley Cinco Estrellas”. Los cambios, en consecuencia, no fueron instalados desde el raciocinio, sino desde la prepotencia.
Pero cuando se miran en el espejo, nadie puede dejar de pensar lo que pasó casi al mismo tiempo en el recinto de la Legislatura, sede de la convención constituyente, donde cada vez que una voz opositora hacía un planteo, se repetía una grabación: “no, no, no, no”. De un lado, se piensa que por tener más de 15.000 choferes (un número nada despreciable, en contraposición con los 9.000 policías), todo debe hacerse como a ellos les conviene. Del otro, la fuerza de 400.000 votos pareciera ser siempre más importante que la de la minoría, que tiene sus representantes. Se le construye una pared delante a los que sostienen el disenso. Tanto que, increíblemente, la Carta Magna que regirá los destinos de la provincia se podrá poner en marcha únicamente con el equipo del gobernador: 11 jugadores.
Si los remises en Tucumán crecieron en la forma en la que lo hicieron fue, en gran medida, porque siempre se pusieron a disposición del gobernante de turno, que los utilizó para acarrear a votantes, como fuerza de choque y como caudal electoral (15.000 choferes, más sus familiares directos, pueden arrimar unos 100.000 votos). Pero es hora de que esto termine. Durante el jueves y ayer se volvió a instalar la ley del más fuerte. No se podía pasar por adyacencias del parque 9 de Julio, ya que cualquier auto que los choferes creyeran que era un remise, aunque en realidad se tratara de un particular, era secuestrado. Si los remises jamás cumplieron la ley, y trabajan como taxis con otro color, ¿por qué ahora no quieren la unificación? Es que la legalidad trae aparejada la obligación de cumplir con deberes e impuestos. Ayer Ale, en otra bravuconada, dijo: “no queremos muertos ni heridos”. Al final, como siempre, se impuso el más fuerte, que barrió con la norma. El Gobierno, en este caso en la figura del vicegobernador, pidió tiempo para rediscutir la norma con todos los sectores interesados. Pero, al igual que con el oficialismo, se impondrá la ley del más fuerte.









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