El Museo de la Universidad

06 Abril 2006
Dentro de pocos días, según se anunció, quedará inaugurado el Museo de la Universidad Nacional de Tucumán “Doctor Juan B. Terán”. Esta nueva dependencia funcionará en el local de San Martín al 1.500, construido a fines del siglo XIX para servir de Hotel de Inmigrantes. Allí estuvo, por muchos años, la Escuela de Agricultura, y hoy funciona el Instituto y Escuela de Arqueología de la UNT (con su correspondiente museo), que compartirá el local con el que va a habilitarse.
El Museo tiene el propósito de reunir todos los testimonios (objetos, mobiliario, obras de arte, libros, fotografías y documentos en general) relativos a las más de nueve décadas de trayectoria que acredita la alta casa de estudios. Será trasladada a sus dependencias, también, la biblioteca que perteneció al doctor Terán, el ilustre fundador. Es decir, sus salas permitirán apreciar los diversos aspectos del quehacer de la UNT en Tucumán y en el Noroeste Argentino, desde los orígenes, en 1914, hasta la actualidad.
Debe remarcarse también el hecho de que el nuevo Museo ha dado lugar a la restauración -en una primera etapa- del inmueble en el que funcionará, diseñado en 1895 por el ingeniero Federico Stavelius. Su amplia  fachada en estilo académico posee un innegable interés artístico e histórico, y su valorización otorgará atractivo especial a esa parte de la ciudad. El mismo efecto tendrá el nuevo acceso, sobre calle 12 de Octubre, enmarcado por pilares y por rejas.
De esa manera, el Museo de la Universidad viene a cumplir dos objetivos. Por un lado, la recolección y la exhibición de elementos relativos a la vida y acción de la casa de estudios; y por el otro, la conservación de un edificio que integra el patrimonio arquitectónico de San Miguel de Tucumán. Es innegable que se trata de una realización por demás positiva para nuestra vida cultural, y de una muestra más de la vitalidad que revela la casa de Terán. El proyecto del Museo implicó el trabajo multidisciplinario de especialistas de las distintas facultades, y en las nuevas instalaciones se ha planificado el funcionamiento de anexos, como un taller de restauración de obras de arte y una sala de multimedios.
Junto a la complacencia que produce este tipo de realizaciones, creemos oportuno puntualizar algunos otros aspectos a tener en cuenta. En primer lugar, la UNT debe realizar, en adelante, las previsiones presupuestarias para que el programa del Museo se lleve a cabo en su totalidad, y para que personal específico lo mantenga regularmente atendido y disponible para el público. Apuntamos esto porque, desgraciadamente, suele suceder que las “primeras etapas” no pasen de tales y que, luego  de la inauguración, las instituciones queden desprovistas de medios para funcionar, con lo que languidecen primero y luego se esfuman.
Piénsese, por ejemplo, que -en la provincia- en 1973 se habilitó una “primera etapa” de la Casa Padilla, sin que se haya podido luego -en los 33 años transcurridos desde entonces- asistir a una restauración del viejo inmueble, lindero con la Casa de Gobierno y tan visitado por los turistas en todas las épocas del año.
En segundo lugar, sería interesante convocar a todas las personas o entidades que puedan aportar cualquier tipo de objetos o documentos relacionados con la trayectoria de la UNT, para invitarlas a que los incorporen al nuevo Museo. De manera que este concentre todo ese material que, en la mayoría de los casos, permanece desconocido para el público, cuando no se pierde definitivamente. Esto además, obviamente, de que las autoridades de la UNT dispongan una prolija recorrida por todas sus dependencias, a fin de retirar los elementos que puedan servir a ese fin, y sumarlos al patrimonio del nuevo organismo.


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