Un tema que no admite dilación

02 Abril 2006
La mañana del viernes -como lo sabemos todos los que debimos sufrirlo- el centro de San Miguel de Tucumán se transformó en un auténtico caos, a causa de la protesta de los taxistas. El gremio pidió que el Departamento Ejecutivo se abstenga de promulgar la ordenanza de Sistema Unico de Transporte de Pasajeros, que sancionó hace poco el Concejo Deliberante de la capital. Sostuvo que ella perjudica a quienes tienen taxis, y que alienta la remisería ilegal. Expresaron que los remiseros nunca trabajarán puerta a puerta, sino que insistirán en levantar pasajeros en la calle, y seguirán con la ventaja de no pagar ninguno de los derechos que Rentas les exige a los taxistas.
Como vemos, la cuestión, tan llevada y traída desde hace ya largo tiempo, dista de haberse encaminado con la polémica ordenanza. Por el contrario, todo parece indicar que la solución está bastante más lejos de lo que algún optimista pudiera haber pensado. Es decir que el auge del transporte ilegal de pasajeros en nuestra ciudad (que tanto contraviene las disposiciones vigentes, como crea condiciones de inaceptable seguridad para la población usuaria), es un fenómeno que sigue instalado con fuerza entre nosotros.
Cualquier norma dentro de la cual se lo intente encuadrar, encuentra de inmediato oposición en alguno de los sectores involucrados.
Parece obvio decir que, en todo problema sobre el que la autoridad quiera establecer reglas, siempre resultará imposible encontrar la manera de satisfacer absolutamente todas las expectativas. Un concejal opinaba (y es un criterio que bien podría considerarse), que acaso la solución sería unificar todo el servicio: es decir, que desaparezcan los remises y que todos los autos de alquiler tengan carácter de taxis.
No sabemos si se mantendrá la ordenanza, o si será modificada. Pero lo que nos parece evidente es que el caso tiene que recibir una salida legal definitiva. No puede seguirse arrastrando, como algo frente a lo cual todas las administraciones municipales miran al costado y prefieren no provocar ninguna innovación.  Tucumán se ha singularizado negativamente en el país, con este auge de un transporte ilegal que crece al margen de todas las pautas del Estado.
Gráficamente, el célebre político Winston Churchill, en sus épocas de primer ministro británico, decía: “todos pueden preferir pasar la pelota, pero debe haber un despacho donde la pelota se quede”. Es decir, existe un momento en el cual, desde el gobierno, se deben resolver los asuntos puestos a su consideración, y así dar punto final a las numerosas dilaciones.
Nos parece que, en la cuestión de referencia, ha llegado tal instancia. Varios años atrás, a algún conductor avispado se le ocurrió que, atando una cinta a su antena y sin autorización de ninguna especie, podía desplazarse por las calles y dedicarse a levantar pasajeros.
Si el Estado hubiera puesto entonces las cosas en su lugar, no habríamos llegado a la cuestionable realidad presente. Pero la inacción -y también la complicidad- de los equipos gobernantes determinó que de miles de coches, de la capital y del interior de la provincia, se pusieran a circular en aquellas condiciones. Tal es el cuadro de hoy,  y ya no hay margen para mirar en otra dirección. Un terrible hecho de sangre, al que está vinculado aparentemente un remise ilegal, ejemplifica lo inseguro que resulta permitir que la ilegalidad prosiga.
Al poder municipal no le queda otro camino que establecer una solución, definitiva y urgente, para este aspecto del transporte de pasajeros. Podrá retocar la ordenanza, o implementar otra nueva, o lo que fuere. Pero el círculo tiene que cerrarse, con un régimen que quede firme y que se haga cumplir en todos los casos. En este asunto, ya ha terminado todo margen de dilación.


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