Anuncio de paros docentes

Los profesores universitarios vuelve con su "plan de lucha".

23 Marzo 2006
El próximo martes, según informó la Conadu, se reinicia el "plan de lucha" de los docentes universitarios, con un paro de actividades sin asistencia a clases. Se ha convocado a otro de dos días, para la primera semana de abril, y otro de 72 horas, sobre los finales de ese mes, con la posibilidad -según los dirigentes- de que la medida de fuerza se extienda por tiempo indeterminado si no se atienden sus reivindicaciones.
Estas abarcan un sueldo básico equivalente a media canasta familiar actualizada, para el cargo testigo; jubilación del 85% móvil; estabilidad laboral y carrera docente; eliminación del impuesto a las ganancias sobre los haberes de quienes enseñan, y otras, que incluyen el incremento del presupuesto universitario.
Si bien en Tucumán decidieron no afectar las mesas finales del ciclo lectivo 2005 (que serán reprogramadas por los días de paro), es evidente que este año las actividades docentes universitarias tienen la inquietante perspectiva de que se repita, aumentado, el cuadro del año anterior.
Tal panorama no puede sino preocupar en alto grado a la comunidad tucumana en general. Sabemos que la casa de estudios congrega a muchos miles de alumnos, cuyas familias tienen puestas sus expectativas en el desarrollo normal de las carreras que allí se cursan, y que les han demandado, en muchos casos, ingentes sacrificios. La interrupción de actividades daña seriamente a quienes están estudiando y, en forma especial, a quienes ingresan a la casa de altos estudios. Estos se encuentran ahora con que, cuando están tratando de adaptarse a una nueva etapa, el proceso se interrumpe. Evidentemente, los cortes que las huelgas implican afectan gravemente el aprendizaje, una de cuyas claves es la continuidad.
Estos argumentos (no por conocidos menos necesarios de mención) no significan menoscabar la justificación de los planteos docentes. Bien se sabe que ese sector del Estado siempre ha sido uno de los menos retribuidos.
Hace ya muchos años, en 1920, el rector fundador de la UNT, Juan B. Terán, lamentaba la realidad existente en ese punto. "Decimos que la tarea fundamental del Estado es educar, y hacemos de los educadores los servidores peor recompensados del Estado", afirmaba entonces el ilustre tucumano.
Puesto que las reivindicaciones docentes tienen ya una añeja historia, hay que convenir que es hora de que el Estado busque la manera de satisfacerlas, por lo menos en una razonable proporción. Que esto nunca se ha intentado a fondo lo muestra el hecho de que los paros docentes realizados con frecuencia constituyen una característica de la vida nacional. Es un tema que, sin duda, requiere la adopción de decisiones presupuestarias importantes, pero que no puede seguir demorado en forma indefinida.
Hay que repetir que el desafío de los tiempos actuales, en todos los países de la Tierra, pasa por la educación. Solamente las comunidades que sean capaces de formar a su juventud, podrán tener lugar en un mundo donde el conocimiento tiene cada día un valor más alto. Y dentro de esa formación, ocioso sería ponderar el rol que compete a los encargados de impartirla.
No es posible, entonces, que continúe trabado un tema de tanta trascendencia para todos. Pensamos que los docentes, en sus reclamaciones, deben tener en cuenta también que las medidas de fuerza afectan gravemente a los estudiantes, en última instancia, y que estos carecen de culpa en las cuestiones que se invocan. Pero al mismo tiempo el Estado, por medio de las mesas de diálogo, debe llegar a soluciones logradas sin necesidad de huelgas, y que encaren positivamente un asunto cuyo arrastre es de larga data.

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