22 Marzo 2006 Seguir en 
Varias veces hemos comentado -sin éxito alguno- la inconveniencia del revestimiento de adoquines de granito en la vía pública, en lo que a las superficies peatonales respecta. Ofrece a estos un plano lleno de irregularidades, con intersticios que muchas veces atrapan el tacón alto del calzado de las mujeres. Y, en última instancia, si se han retirado los adoquines porque afectaban los neumáticos y la carrocería de los automotores, es curioso que se los juzgue aptos como soporte del pie, que es una de las partes más delicadas del organismo humano.
En la bocacalle de Muñecas y San Martín puede percibirse que, a los referidos inconvenientes, se suman otros. En efecto, la superficie está desnivelada, con salientes y depresiones y, sobre la ochava sudeste, los adoquines aparecen prácticamente sueltos, en una apreciable extensión.
Ni qué decir que hablamos de una de las intersecciones más transitadas del microcentro, por la cual vehículos y público cruzan durante todas las horas de la jornada. Sería deseable, entonces, que se subsanen a la brevedad las deficiencias que apuntamos.
En la bocacalle de Muñecas y San Martín puede percibirse que, a los referidos inconvenientes, se suman otros. En efecto, la superficie está desnivelada, con salientes y depresiones y, sobre la ochava sudeste, los adoquines aparecen prácticamente sueltos, en una apreciable extensión.
Ni qué decir que hablamos de una de las intersecciones más transitadas del microcentro, por la cual vehículos y público cruzan durante todas las horas de la jornada. Sería deseable, entonces, que se subsanen a la brevedad las deficiencias que apuntamos.







