19 Marzo 2006 Seguir en 
El éxito electoral del 19 de febrero hacía augurar tiempos felices para el alperovichismo. La inmensa mayoría de los asambleístas constituyentes le es obediente (36 sobre 40). El proyecto reeleccionista parecía caminar sobre ruedas, sin riesgos de derrape. La oposición seguía dispersa y sin reflejos. El gobernador hasta se dio el lujo de apadrinar a un candidato a rector en la Universidad Nacional de Tucumán, el decano Juan Cerisola, profesor de Ciencias Económicas como Mario Marigliano -actual rector-, en una incursión insólita desde la restauración de la democracia. Al amigo de un amigo se lo ayuda, se pensó en el despacho del jefe de Estado. La frescura de los pergaminos electorales le daba aire para nuevas empresas. La salida de Antonio Jalil de la Secretaría General de la Gobernación se produjo en forma no traumática, pero nadie dejó de evocar los roces que hubo con la diputada Beatriz Rojkés de Alperovich. La ausencia de la primera dama en el acto de asunción de Francisco Sassi Colombres - reemplazante de Jalil- fortaleció la sensación de enemistad política, pero no se perturbó el andar del Gobierno. La sucesión no le quitó el sueño a la primera fila del entorno.
Sin embargo, fallas políticas de gestión sumieron al Gobierno en un pantano. El crimen de Paulina Lebbos desnudó problemas preexistentes de inseguridad y de ineficacia en el control de remises, y generó una polémica interna dentro del oficialismo. El rápido reemplazo del renunciante Bernardo Lobo Bugeau por Daniel Posse no acabó con la imagen de una minicrisis de gabinete. Aquel había llegado al cargo de la mano de Luis Eduardo Duhalde -secretario de Derechos Humanos de la Nación- y con el episodio Lebbos encontró el atajo para alejarse de un gobierno con el que mantenía diferencias respecto de la política de seguridad y de su encuadre con la defensa de los derechos humanos.
Alberto Lebbos, el padre de Paulina, es el otro renunciante. La decisión de este funcionario es la que más preocupa a la Casa de Gobierno, por el costo político que implicará su alejamiento, en medio de un problema que alcanzó una rápida y persistente proyección en los medios periodísticos y televisivos del país. La suerte del ministro Pablo Baillo está más que nunca atada la evaluación que haga Alperovich del curso de los hechos. Es probable que no le haya caído bien la presencia masiva del equipo ministerial de Seguridad en su despacho reclamando precisiones sobre su estabilidad. Y, mientras no se esclarezca el asesinato de Paulina Lebbos, el Gobierno mantendrá una pesada hipoteca con la sociedad, que es su principal acreedora. Para un gobierno que apostó a la eficiencia administrativa, un traspié de conducción política puede ser fatal. Lo que le pasó a Aníbal Ibarra con la tragedia de Crogmanon en Buenos Aires es una imagen que no abandona las cavilaciones de los colaboradores más cercanos del gobernador.
De cabo a rabo
El oficialismo sonríe porque las cosas le salen bien en la Asamblea Constituyente. Si la oposición tenía alguna esperanza de poder debatir las cuestiones estratégicas con el Frente de la Victoria y el partido satélite del alperovichismo -Participación Cívica-, se equivocó de cabo a rabo. "A la oposición, nada". Esa parece ser la consigna que una influyente dama de la política tucumana trasmitió al bloque oficialista, para señalar los límites de las concesiones a los sectores enfrentados con el proyecto alperovichista.
La marca persistente del ministro político Edmundo Jiménez asegura que los asambleístas de la mayoría no se saldrán del libreto fijado de antemano por la Casa de Gobierno. Nadie se ruboriza por ello. Uno de ellos, Armando Cortalezzi, llegó a contar delante de Alperovich y de su esposa, entre otros, que ahora le decían "Cacho Alberdi" en su barrio. Ese apodo le habían puesto sus vecinos porque durante la campaña electoral pregonó que votaría por la reelección indefinida de Alperovich. Los alperovichistas confían en que la muñeca de Jiménez y de su equipo disciplinará a los que intenten ser librepensadores. La democracia interna parece ser una ilusión.
La determinación de aprobar los cambios constitucionales con tan sólo 11 votos propios sobre un total de 21 presentes revela la voluntad del alperovichismo de imponer sus designios a cualquier precio. De esa manera, se conjura el más mínimo peligro de rebelión interna dentro de la representación del Frente de la Victoria. Sucede que el subbloque alperovichista está en condiciones de garantizar ese piso mínimo: tiene 22 miembros. La exigencia razonable de los dos tercios -27 votos-fue rechazada por el alperovichismo. Una disidencia del jurismo habría alcanzado relevancia con ese tipo de cláusula, pero la postura oficial se inclinó por la exigencia más blanda de 11 voluntades. Alperovich desea evitar sorpresas desagradables. El proyecto de reglamento contradice el discurso público de dar participación y receptividad a las opiniones de las organizaciones minoritarias que lograron bancas en la convención.
Por otra parte, la triquiñuela alperovichista abre el cauce para que con la tropa regimentada, se puedan introducir en el texto constitucional asuntos no reglados por la ley que le puso fronteras a la reforma de la Carta Magna de 1990. El derecho de réplica está a la cabeza de las pretensiones de lo más granado del alperovichismo.
Estos antecedentes prenuncian una constitución teñida de alperovichismo, con una aceptación a libro cerrado de los contenidos que el oficialismo considera clave para afianzar sus designios continuistas. Un manejo caprichoso de la agenda reformista derivará naturalmente en un pleito por inconstitucionalidad en la Corte Suprema de Justicia.
Apariencias engañosas
Las relaciones entre Alperovich y el vicegobernador Fernando Juri siguen tensas, pese a que se muestran imágenes distendidas. Las promesas de ajuste de cuenta y el combate por el dominio del justicialismo aparecieron en el último almuerzo celebrado en Tafí del Valle, hace algunas jornadas. Las diferencias entre ambos subsisten a propósito del derecho de réplica, al que Juri no adhiere.Además, el vicegobernador se aferra a la tesis que le asigna un poder constituyente limitado a la asamblea reformista, conforme se desprende de la ley que votó la Cámara en 2005.
Hasta el momento, las divergencias no se trasladaron a la esfera institucional, porque Juri ha privilegiado la gobernabilidad de la provincia. Si el conflicto desborda el ámbito político, la vinculación interpoderes se deteriorará.
Con todo, la Casa Rosada optó por no profundizar su ofensiva en el aparato del peronismo, al que subordina a ser una parte de un esquema mayor. Esa línea política la expuso con claridad hacia fines de mes, en esta ciudad, Ricardo "Pacha" Velasco -pareja de la ministra Felisa Miceli-, cuando afirmó que el PJ debe adaptarse a las exigencias del kirchnerismo. Dentro de esa esfera, Alperovich corre con ventaja, porque se subió al ómnibus patagónico a tiempo.







