19 Marzo 2006 Seguir en 
Los chicos tienen a J.K. Rowling; y los adultos, a Dan Brown. Hasta no hace mucho no existía un Harry Potter para adultos, un fenómeno literario de dimensiones sociológicas tan contundentes como el inocente aprendiz de mago. Pero bastó que saliera a la luz "El código Da Vinci" para que la revolución se produzca. El libro, publicado en 2003, fue traducido a 44 idiomas y ya alcanzó los 45 millones de copias vendidas. Hoy, a menos de 40 días del estreno de la versión cinematográfica (que le reportó a Brown una ganancia adicional de seis millones de dólares), el escándalo crece, avivado por un juicio de plagio al escritor y el repudio de la Iglesia, que instó a sus fieles a no leer la novela. Esto hace peligrar la exhibición del filme (que dirige Ron Howard y protagoniza Tom Hanks) en el festival de Cannes.
Pero... ¿qué tiene "El código Da Vinci" que genera tanta fascinación y tanto odio al mismo tiempo? Según el investigador Mattew Salganik, que lideró el equipo de sociólogos de la Universidad de Columbia encargado de analizar las razones de semejante éxito literario, Brown creó una fórmula infalible: encontró un tema atractivo, desarrolló personajes interesantes, logró un relato atrapante, dinámico y fluido, dio con una editorial poderosa (que ya había publicado décadas antes el controvertido libro "Santa sangre, santo grial") y se ahorró el dinero de la publicidad gracias al escándalo que provocó. Este cóctel bastó para convertir a la novela en uno de los mayores fenómenos literarios contemporáneos y en una usina que no para de generar documentales, programas de televisión, seminarios, sitios web y juegos. Numerosas agencias de turismo incluso promocionan circuitos y visitas a las iglesias y abadías que aparecen en la novela.
Vapuleado tanto por los críticos (que calificaron a "El código Da Vinci" de "pastiche literario") como por la Iglesia (que tildó a la historia de "inexacta y extravagante"), la trama comienza en el museo del Louvre, cuando Jacques Sauniere, el último Gran Maestre de una sociedad secreta que se remonta a la época de los Templarios y a la que pertenecieron grandes genios como Leonardo da Vinci e Isaac Newton, deja a su nieta Sophie una misteriosa clave antes de ser asesinado. Ese secreto, conservado durante siglos, puede cambiar la historia de la humanidad. Sophie (que en la película será interpretada por Audrey Tautou, la actriz de "Amélie"), con la ayuda del experto en simbología Robert Langdon (Hanks), comienza a resolver el misterio descifrando mensajes ocultos en los más famosos cuadros del pintor italiano ("El hombre de vitrubio", "La última cena", "La Mona Lisa") y en las paredes de antiguas catedrales. Las pistas llevan a una asombrosa e inesperada revelación: la supuesta relación amorosa entre María Magdalena y Jesús. Tal postulación no podía provocar más que polémica. Y eso es justamente lo que sucede en Tucumán, donde el libro es tan conocido como el Martín Fierro o el mismísimo Harry Potter.
Sin embargo, Brown no es el primero en causar revuelo con teorías conspirativas eclesiásticas. Nikos Kazantzakis postuló una supuesta relación romántica entre Jesús y María Magdalena en su novela "La última tentación de Cristo" hace más de 50 años (mucho antes que Martin Scorsese lo llevara al cine en 1980). Lo mismo postula la ópera rock "Jesucristo Superestar", que tiene más de 30 años y fue llevada al cine en 1973 por Norman Jewinson. Ambas también generaron revuelo en su momento. Por eso, dado el interés que la sociedad moderna les adjudica a las historias prohibidas, la trama de Brown encaja a la perfección.
Sin embargo, más allá de sus logros y de sus errores históricos, la novela no es más que eso: una novela. Es ficción pura. Atrapante, eso sí, pero ficción al fin. Y sólo el tiempo dirá si la historia merece convertirse en literatura. Por lo pronto, el hecho de que tantos jóvenes y adultos hayan dejado la TV y los videojuegos para ejercitar el saludable hábito de la lectura (cada vez más perdido), debe ser tomado como algo positivo. Lo demás es puro marketing.
Pero... ¿qué tiene "El código Da Vinci" que genera tanta fascinación y tanto odio al mismo tiempo? Según el investigador Mattew Salganik, que lideró el equipo de sociólogos de la Universidad de Columbia encargado de analizar las razones de semejante éxito literario, Brown creó una fórmula infalible: encontró un tema atractivo, desarrolló personajes interesantes, logró un relato atrapante, dinámico y fluido, dio con una editorial poderosa (que ya había publicado décadas antes el controvertido libro "Santa sangre, santo grial") y se ahorró el dinero de la publicidad gracias al escándalo que provocó. Este cóctel bastó para convertir a la novela en uno de los mayores fenómenos literarios contemporáneos y en una usina que no para de generar documentales, programas de televisión, seminarios, sitios web y juegos. Numerosas agencias de turismo incluso promocionan circuitos y visitas a las iglesias y abadías que aparecen en la novela.
Vapuleado tanto por los críticos (que calificaron a "El código Da Vinci" de "pastiche literario") como por la Iglesia (que tildó a la historia de "inexacta y extravagante"), la trama comienza en el museo del Louvre, cuando Jacques Sauniere, el último Gran Maestre de una sociedad secreta que se remonta a la época de los Templarios y a la que pertenecieron grandes genios como Leonardo da Vinci e Isaac Newton, deja a su nieta Sophie una misteriosa clave antes de ser asesinado. Ese secreto, conservado durante siglos, puede cambiar la historia de la humanidad. Sophie (que en la película será interpretada por Audrey Tautou, la actriz de "Amélie"), con la ayuda del experto en simbología Robert Langdon (Hanks), comienza a resolver el misterio descifrando mensajes ocultos en los más famosos cuadros del pintor italiano ("El hombre de vitrubio", "La última cena", "La Mona Lisa") y en las paredes de antiguas catedrales. Las pistas llevan a una asombrosa e inesperada revelación: la supuesta relación amorosa entre María Magdalena y Jesús. Tal postulación no podía provocar más que polémica. Y eso es justamente lo que sucede en Tucumán, donde el libro es tan conocido como el Martín Fierro o el mismísimo Harry Potter.
Sin embargo, Brown no es el primero en causar revuelo con teorías conspirativas eclesiásticas. Nikos Kazantzakis postuló una supuesta relación romántica entre Jesús y María Magdalena en su novela "La última tentación de Cristo" hace más de 50 años (mucho antes que Martin Scorsese lo llevara al cine en 1980). Lo mismo postula la ópera rock "Jesucristo Superestar", que tiene más de 30 años y fue llevada al cine en 1973 por Norman Jewinson. Ambas también generaron revuelo en su momento. Por eso, dado el interés que la sociedad moderna les adjudica a las historias prohibidas, la trama de Brown encaja a la perfección.
Sin embargo, más allá de sus logros y de sus errores históricos, la novela no es más que eso: una novela. Es ficción pura. Atrapante, eso sí, pero ficción al fin. Y sólo el tiempo dirá si la historia merece convertirse en literatura. Por lo pronto, el hecho de que tantos jóvenes y adultos hayan dejado la TV y los videojuegos para ejercitar el saludable hábito de la lectura (cada vez más perdido), debe ser tomado como algo positivo. Lo demás es puro marketing.







