Hacia la autocrítica

Por Marcelo Aguaysol. El caso Lebbos alentó las disputas internas en el PE.


17 Marzo 2006
La gestión de José Alperovich al frente del Poder Ejecutivo no pasa por un buen momento. Pese a que las cuestiones fiscales e incluso políticas son favorables, un caso policial desató una crisis interna en el gabinete, que derivó en ratificaciones de funcionarios del área de Seguridad y en el alejamiento de otros miembros del elenco oficial.
Hasta que no se aclare el caso de la muerte de Paulina Lebbos, el hecho será un estigma para la actual administración de gobierno. El gobernador lo sabe y, por eso, no para de hablar con la plana mayor de la Policía -ayer volvió a reclamarle resultados- y con el cuestionado ministro de Seguridad, Pablo Baillo. Al ex legislador se le abre un camino difícil, ya que deberá afrontar varios pedidos de juicio político en la Legislatura. Muchos de los integrantes de ese poder están analizando si citan al recinto a Baillo para que explique detalles de la política de seguridad de la provincia.
Desde su dolor de padre, Alberto Lebbos ratificó ayer que dejaba el cargo de subsecretario de la Juventud. Su continuidad en el gabinete iba a resultarle tormentosa, tras la ratificación del mandatario a su ministro de Seguridad. Mucho más sorpresiva resultó la solidaridad de Bernardo Lobo Bugeau, que presentó la renuncia al cargo de secretario de Derechos Humanos y lanzó claros cuestionamientos hacia Baillo. Desde Buenos Aires, el mandatario trató de desactivar esta crisis en el Ejecutivo anunciando la asunción de Daniel Posse en reemplazo de Lobo Bugeau. Sin embargo, no le aceptó la renuncia a Lebbos. Pese a todas estas situaciones, la gestión quedó expuesta ante la sociedad que, al igual que el gobernador, espera rápidos resultados respecto del esclarecimiento de la muerte de la estudiante.
Por primera vez en dos años y medio del actual mandato, la gestión camina por la cornisa y la opinión pública puso bajo una lupa las acciones del Estado, con los consiguientes efectos que esto puede generar en la imagen del propio Alperovich, que hace poco obtuvo un fuerte respaldo en las elecciones del 19 de febrero pasado.
Muchos de los integrantes del Ejecutivo consideran que llegó el momento de hacer una autocrítica y desnudar, puertas adentro, las diferencias de criterio que pudieran existir, no sólo en cuestiones vinculadas a la seguridad, sino a una visión más amplia hacia otros sectores del Ejecutivo. Esta vez, ese debate no llega como consecuencia de la impronta que el gobernador le impuso a su gestión, sino que se motoriza por las circunstancias: una fuerte pelea interna en el PE que avizora futuros conflictos, en la medida en que pase el tiempo y los resultados no sean los esperados por el jefe de Estado.

Medidas impopulares
La desesperación y la impaciencia se apoderaron de Alperovich, que se encuentra en la Capital Federal realizando distintas gestiones. El mandatario insiste en avances en la causa Lebbos, ante la atenta mirada de los funcionarios nacionales que observan la situación que se vive en Tucumán.
La próxima semana habrá novedades respecto de una batería de medidas que, desde la propia Casa de Gobierno se tildan de impopulares. Las acciones podrían inscribirse en lo que comúnmente se denomina "mano dura" del Estado. Estas medidas tendrán que ver con un reordenamiento integral del servicio de transporte de pasajeros (léase remises truchos) e, incluso, de los vendedores ambulantes. Hasta ahora, el Gobierno había dado un compás de espera, con el fin de que los afectados por las acciones oficiales regularicen su situación y se reinserten en el mercado laboral.
Más allá de las especulaciones, la actual gestión de Gobierno se encuentra en una encrucijada y ante una prueba de fuego que deberá resolver cuanto antes.

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