Primer round

Por Fabio Ladetto. Los deslices de la mayoría en la Convención.


15 Marzo 2006
Ayer, los convencionales constituyentes del oficialismo perdieron su primer round en la sensible cuestión de la imagen frente a un grupo de opositores de distintas posiciones ideológicas, disminuido casi a su mínima expresión. Apenas cuatro representantes pusieron contra las cuerdas, en un momento determinado, a los restantes 36 que integraron el Frente para la Victoria (PJ y aliados), o que reportan directamente al gobernador José Alperovich. Los problemas de reacción estratégica en el recinto llevaron a que el triunfo impuesto por el número de una amplísima mayoría les permitiese a los dirigentes del Partido Obrero, de la UCR y de Acuerdo Social por la Inclusión denunciar que habrá mordaza en la reforma de la Carta Magna, ponerse en el lugar de las víctimas y erigirse en el vocero del pueblo.
El episodio puede entenderse aislado, pero se proyecta como la sombra del primer día de la sesión de la Convención Constituyente. Primero, desde el PO se pidió la aprobación de una declaración sobre el asesinato de Paulina Lebbos (de fuerte contenido político), lo que puso contra las cuerdas a los defensores del Gobierno; y luego, la falta de debate sobre una cuestión técnica cuya trascendencia real y efectiva puede ser discutida (como son el mecanismo y las reglas para la integración de la estratégica comisión que redactará el Reglamento que se aplicará en las deliberaciones), que les permitió a los opositores ganar el centro de la acción política. Y la atención generalizada de buena parte de la sociedad.
Esto se produce, además, ante un abanico opositor que tiene muy pocos puntos de contacto entre sí. En otros tiempos, pocos podrían haber aventurado que un referente de la izquierda profunda vote lo mismo que otro de la Democracia Cristiana o de la UCR. Los distancian abismos ideológicos, y sólo los puede unir el objetar un manejo poco sutil de la marcha parlamentaria. Nada más. Ni en sus orígenes ni en sus evoluciones estuvieron en la misma trinchera; y es muy poco probable que lo vuelvan a estar en el futuro, cuando las circunstancias políticas se vuelvan previsibles.
Veamos qué hubiese pasado si las cosas evolucionaban de otro modo. Si, por ejemplo, los dos representantes del PO o el democristiano José Páez hubiesen podido hablar en el recinto e incluso presentar una propuesta alternativa a la del peronista Rodolfo Ocaranza sobre cómo redactar el Reglamento, que dejó todo en manos de la presidenta provisoria de la Convención hasta el lunes, Olijela del Valle Rivas. Luego de decir todo lo que hubiesen querido, y recién entonces, se habría pasado a votar. Nadie duda de que el PJ hubiese hecho prevalecer sus manos levantadas con comodidad (como lo hará siempre). Sin embargo, se optó por no permitir la discusión. Desde el oficialismo se alegarán cuestiones técnicas, como que ya se había votado, que las otras bancadas pidieron la palabra tarde y otras alternativas. Pero el debut no fue gozoso y, cuando se tiene todas las de ganar, ser generoso es casi una obligación moral.
Cuando Páez pidió que se revea la actitud, la posición de Participación Cívica fue decisiva. La bancada alperovichista (químicamente pura) optó por encolumnarse tras el oficialismo. Fue la confirmación en los hechos de que no habrá posibilidad de acercamiento alguno con la oposición.
El costo de esta decisión por parte de quienes son mayoría se verá en las sesiones próximas, cuando se compruebe si fue una circunstancia de la inexperiencia del primer día o una táctica que se va a repetir. De darse esto último, todo será campo arado para la denuncia reiterada de la oposición, que podrá cuestionar en sus discursos (dentro del recinto o en la calle) la legitimidad de lo que pueda ser resuelto en una Convención Constituyente que eventualmente sesione sin debates, a puerta cerrada y de espaldas a la sociedad.

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