13 Marzo 2006 Seguir en 
Tucumán siempre fue una plaza interesante para la inversión, aun a pesar de los efectos negativos que fueron dejando las malas administraciones de las que fue objeto la provincia en las últimas décadas. El flujo de fondos tiene gran impacto en casi todas las actividades, pero tal vez el sector preferido por el capital sea la agroindustria, en especial el campo. Aunque surgen algunos obstáculos.
Con una población que se acerca a 1,5 millón de habitantes y con características distintivas a la hora de consumir (el tucumano es un comprador compulsivo, según dicen los comerciantes y de acuerdo con los informes del Indec), la provincia tienta al capital. Las cortas distancias, la cercanía entre ciudades, el tendido eléctrico y de gas, y la mano de obra calificada son algunos de los factores que llevaron a Tucumán a posicionarse quinta en el orden de importancia de las provincias del país. Sin embargo, hoy es prácticamente imposible planificar nuevas explotaciones agrícolas; por eso, la frontera agropecuaria de Tucumán no deja de expandirse hacia las provincias vecinas. Con un total de 11,3 millones de hectáreas cultivadas, según la Dirección de Estadísticas, nuestra provincia prácticamente no dispone de tierras vírgenes aptas para el desarrollo de la agricultura. Entonces, la opción para quienes desean invertir en el campo tucumano pasa por pagar cifras exorbitantes por terrenos que ya poseen cultivos en marcha. Pese a estos inconvenientes, en forma permanente se concretan operaciones de compra venta en el sector inmobiliario rural, según consignan los operadores. También son frecuentes los arriendos, muchos de los cuales se transforman en verdaderas estafas, que transforman en víctimas a los “aventureros” que deciden incursionar en el ámbito rural. Cuando años atrás se produjo el boom de la soja, con cotizaciones que llegaron a $ 700 por tonelada, hubo muchos casos en Tucumán de arriendos sobrevaluados que terminaron neutralizando la poca rentabilidad que obtenían los nóveles agricultores.
En general, el agricultor tucumano es generoso a la hora de colocar dinero en su actividad, de acuerdo con lo que manifiestan los vendedores de maquinaria y de agroquímicos.
Los industriales azucareros concretan inversiones de manera sostenida en los ingenios desde 2002 a la fecha. Los empresarios gastan fuertes sumas de dinero en eficientizar el proceso de molienda de la caña y en reemplazar el uso de gas por bagazo, para evitar sustos como los que vienen padeciendo en los últimos años, ante la crisis energética que afectó al país precisamente por falta de inversiones en ese sector. También se destinan importantes sumas de dinero en renovación del cañaveral y en el uso de las variedades con mejores rendimientos.
En la citricultura (en fábricas, en empaques de fruta y en los campos), se realizan grandes esfuerzos económicos para sostener los elevados estándares de calidad que demandan los mercados internacionales, aun cuando esta actividad pasa por una crisis por sobreoferta de productos derivados industriales del limón.
La queja de los empresarios que invierten es que sus esfuerzos no son siempre reconocidos por el Estado. Un planteo que no parece encontrar eco en el Gobierno es el que apunta a que se reparen los caminos que se emplean en el traslado de las producciones. Y ni hablar del rechazo que produce la decisión oficial de implementar un código tributario que -según los hombres de negocio- provocará un fuerte incremento en la presión fiscal de la provincia, la segunda más cara del país por el costo fiscal. En este contexto de evidente tensión, las energías que deberían derivar en ideas para construir un Tucumán mejor, a menudo deben ser utilizadas en confrontaciones que atentan contra posibles nuevas inversiones que podrían concretarse en la provincia.
Con una población que se acerca a 1,5 millón de habitantes y con características distintivas a la hora de consumir (el tucumano es un comprador compulsivo, según dicen los comerciantes y de acuerdo con los informes del Indec), la provincia tienta al capital. Las cortas distancias, la cercanía entre ciudades, el tendido eléctrico y de gas, y la mano de obra calificada son algunos de los factores que llevaron a Tucumán a posicionarse quinta en el orden de importancia de las provincias del país. Sin embargo, hoy es prácticamente imposible planificar nuevas explotaciones agrícolas; por eso, la frontera agropecuaria de Tucumán no deja de expandirse hacia las provincias vecinas. Con un total de 11,3 millones de hectáreas cultivadas, según la Dirección de Estadísticas, nuestra provincia prácticamente no dispone de tierras vírgenes aptas para el desarrollo de la agricultura. Entonces, la opción para quienes desean invertir en el campo tucumano pasa por pagar cifras exorbitantes por terrenos que ya poseen cultivos en marcha. Pese a estos inconvenientes, en forma permanente se concretan operaciones de compra venta en el sector inmobiliario rural, según consignan los operadores. También son frecuentes los arriendos, muchos de los cuales se transforman en verdaderas estafas, que transforman en víctimas a los “aventureros” que deciden incursionar en el ámbito rural. Cuando años atrás se produjo el boom de la soja, con cotizaciones que llegaron a $ 700 por tonelada, hubo muchos casos en Tucumán de arriendos sobrevaluados que terminaron neutralizando la poca rentabilidad que obtenían los nóveles agricultores.
En general, el agricultor tucumano es generoso a la hora de colocar dinero en su actividad, de acuerdo con lo que manifiestan los vendedores de maquinaria y de agroquímicos.
Los industriales azucareros concretan inversiones de manera sostenida en los ingenios desde 2002 a la fecha. Los empresarios gastan fuertes sumas de dinero en eficientizar el proceso de molienda de la caña y en reemplazar el uso de gas por bagazo, para evitar sustos como los que vienen padeciendo en los últimos años, ante la crisis energética que afectó al país precisamente por falta de inversiones en ese sector. También se destinan importantes sumas de dinero en renovación del cañaveral y en el uso de las variedades con mejores rendimientos.
En la citricultura (en fábricas, en empaques de fruta y en los campos), se realizan grandes esfuerzos económicos para sostener los elevados estándares de calidad que demandan los mercados internacionales, aun cuando esta actividad pasa por una crisis por sobreoferta de productos derivados industriales del limón.
La queja de los empresarios que invierten es que sus esfuerzos no son siempre reconocidos por el Estado. Un planteo que no parece encontrar eco en el Gobierno es el que apunta a que se reparen los caminos que se emplean en el traslado de las producciones. Y ni hablar del rechazo que produce la decisión oficial de implementar un código tributario que -según los hombres de negocio- provocará un fuerte incremento en la presión fiscal de la provincia, la segunda más cara del país por el costo fiscal. En este contexto de evidente tensión, las energías que deberían derivar en ideas para construir un Tucumán mejor, a menudo deben ser utilizadas en confrontaciones que atentan contra posibles nuevas inversiones que podrían concretarse en la provincia.







