Movimientos oscilantes en distintos frentes

Dejaron pasar demasiado tiempo en el conflicto con Uruguay. Por Hugo E. Grimaldi

12 Marzo 2006
BUENOS AIRES.- En el permanente tironeo entre la solución de coyuntura y el horizonte, el presidente de la Nación se revela a cada instante como un impredecible jugador de ajedrez. Nunca le deja saber al contrincante si se trata de estrategia o de falta de maestría. Tres episodios ocurridos durante la semana que pasó marcan, como ejemplo, el tono bien diferente en los tiempos de cada una de sus movidas.
En primera instancia, Néstor Kirchner dejó decantar quizás más allá de lo conveniente el conflicto con el Uruguay, y recién avanzó ahora hacia un principio de solución que podía haberse planteado hace un par de meses. Podría hablarse aquí de reacción tardía, con corrección apropiada del rumbo, tras la pérdida de algunas piezas, pero el mano a mano trasandino, destinado a congelar el conflicto hasta que haya una solución técnica, con el “amigo” Tabaré Vázquez -también responsable de tanta morosidad- siempre pareció el camino más adecuado.
En este punto, el interrogante pasa por saber si el Presidente habría seguido el mismo temperamento de humilde acercamiento -tal como lo manifestó en el Congreso cuando hizo el llamamiento al presidente del Uruguay- con un colega de signo ideológico diferente de su modo de entender la conducción del Estado. Aunque en esta ocasión deba tragarse el sapo de pedir en conjunto el levantamiento de los cortes, un método de movilización que nunca quiso desactivar, y además correr el riesgo de que algún ultra gualeguaychense le diga que “no”, Kirchner actuó como se espera que actúen los estadistas.
Como número dos y, en materia política, el Presidente se mostró dueño de una repentización admirable cuando armó en el aire, y en unas horas apenas, una jugada de control de poder en la Capital Federal que lo deja mucho mejor posicionado en el distrito para afrontar las elecciones de 2007, tras la salida de Aníbal Ibarra, desplazado por el mecanismo constitucional de la Capital Federal y eyectado del gobierno comunal por su propia ineptitud para construir política.
La afición al marketing que siempre evidenció Ibarra le sirvió sólo para encandilar y nunca para convencer a los ciudadanos y le atrajo la atención de cierta prensa que hasta último momento trabajó para difundir sus peregrinas ideas sobre un traído de los pelos golpe institucional.
Pues bien, quedó más que claro que, apenas fue destituido, el periodismo miró ostensiblemente para otro lado y nadie en la Ciudad, ni siquiera uno de los 40.000 asistentes a la Plaza de apoyo que se armó la semana anterior, salió a defender su triste final. Si hasta el prestigio de Julio César Strassera se llevó Ibarra con él.

Con candidato propio
En medio de este pandemonium, y en el distrito más esquivo para el oficialismo, Kirchner imaginó la construcción de un candidato propio, peronista él, como nunca antes había tenido la Jefatura de Gobierno porteña, que permitiera amalgamar el apoyo de las dos alas que tiene cerca de él en la disputa por el manejo de la Ciudad. Así, mientras el “albertismo pejotista” más tradicional de Alberto Fernández y el “pingüinismo frentevictorista” del tándem Carlos Zannini-Julio de Vido desnudaban su interna y hacían humo mientras Ibarra era deglutido por la Legislatura, el Presidente pergeñaba su plan. En la coyuntura, la figura de Jorge Telerman le cayó como anillo al dedo, pero la jugada es que intentará mantenerla y engordarla hasta las próximas elecciones.
Por último, en lo económico, el Presidente se dejó llevar por su raigambre peronista, tan recostada hacia el mercado interno, y se embarró mal en una decisión de cortísimo plazo como fue prohibir el grueso de las exportaciones de carne por 180 días, para frenar la escalada de los precios internos, escalada que, de seguir, podía deteriorar gravemente el índice de marzo y calar en las expectativas. Pese a propósito tan altruista, los daños colaterales de la jugada fueron demasiado grandes.
Navegar por la página web del Instituto Argentino de Promoción de la Carne Vacuna (Ipcva) resulta patético. Da la impresión de estar transitando por un viejo pueblo que se detuvo en el tiempo. No por el atraso de algunas informaciones, sino porque ya no se le vé sentido que alguien desee actualizarlas. Sólo faltan las matas de pasto rodando en la soledad.
Si bien el propósito de la Ley 25.507 que creó el Instituto es promover tanto el consumo local de carne vacuna cuanto el de las exportaciones cárnicas para alinear así a los productores (campo), frigoríficos (industria) y al Estado en una tarea común, lo más relevante para que tenga sentido una entidad como el Ipcva es su tarea en pro de la exportación, habida cuenta de que el mix de hoy en día es 85% de la faena destinado al consumo interno y 15% para las ventas al exterior.
Detrás de las acciones comerciales efectuadas en Chile, Hong Kong, en la Feria de Moscú 2005, China o el Reino Unido hay un gran cuadro de exportaciones, frenado en abril del año pasado, donde se observa el aumento de mercados conquistados, de tonelaje y de divisas que ingresaron al país, que durante todo 2005 totalizaron unos U$S 1.400 millones, con su correlato fiscal de aportes por retenciones. Pues bien, con la prohibición el Fisco también sufrirá su propio daño, ya que se perderá de recaudar durante este año unos $ 350 millones, que bien podrían haber servido para subsidiar el consumo interno, sin afectar las ventas al exterior.
Tampoco resulta grato recorrer www.argentinebeef.org.ar con una “Exporteris Guide” (Guía de Exportadores, con la nómina de frigoríficos y productores) de empresas dispuestas a venderle carne al mundo, con recetas para mejor preparar las carnes argentinas y hasta con consejos para la nutrición de los deportistas. Detrás de todas estas acciones de marketing, de las que participó el Estado, ya que en el Consejo Directivo del Ipcva hay un representante de la secretaría de Agricultura y Ganadería, aparecen hoy, como contrapartida, las empresas, pero a la luz de sus nuevos padecimientos.
Un frigorífico santafesino, especializado en el abastecimiento de carne kosher a Israel, deberá cerrar sus puertas si pierde casi a su único cliente, al que le costó muchos años convencer por motivos religiosos, tras adoptar procesos especiales que incluyeran el mínimo dolor para la matanza de animales y el descarte de aquellos que no son los mejores.
Otro establecimiento de Santa Fe estuvo trabajando hasta mediados de la semana pasada en Barcelona, intentando convencer a futuros compradores sobre la calidad y la seriedad de su empresa, hasta que el jueves los vendedores debieron pegar la vuelta, colorados de vergüenza, porque ya no tenían más que ofrecer.
Ambas historias, y unas cuantas más seguramente, tampoco deben haber sido ponderadas debidamente por la Casa Rosada al tomar la resolución que, entre paréntesis, volvió a golpear a Felisa Miceli, que había dicho horas antes en Feriagro, entre gente del campo, que no se esperaban novedades al respecto, en el mismo momento en que el Presidente señalaba en un discurso en Avellaneda que iba a ser drástico al respecto. Hay alrededor de toda esta cuestión otro flanco para no desatender, que es el futuro del secretario de Agricultura, Miguel Campos, al que la gente de la cadena cárnica poco quiere, ya que productores e industriales señalan haberle hecho llegar alternativas para evitarse este mal trago, una especie de autorregulación en diferentes cortes populares, que nunca habría llegado a manos decisorias, dicen. (DyN)

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