10 Marzo 2006 Seguir en 
“Muchachos: el lunes quiero en mi escritorio un pormenorizado informe sobre qué hace cada uno de los funcionarios de su área”. A juzgar por las caras que pusieron los ministros cuando José Alperovich lanzó esta frase, la reunión informal del miércoles por la noche, en la casa del gobernador, se asemejó a una sesión de espiritismo.
El reclamo -más que solicitud- del titular del Poder Ejecutivo a los miembros del minigabinete se relaciona con la sensación que tiene de que algunos de los fusibles están fallando o, tal vez, se cebaron en estos dos años y medio de gestión. Más duro fue Alperovich cuando les dijo a sus ministros -había tres sentados a la mesa- que no estaba dispuesto a que los secretarios, subsecretarios, directores y subdirectores se quedaran sentados en los sillones de sus despachos, mientras él “ponía la cara ante la gente” que exige, cada día que pasa, más obras y concreciones del actual Gobierno. En otras palabras, muchas veces los anuncios no se traducen en hechos.
Sin embargo, es bueno aclarar que muchos de los colaboradores del gobernador no asoman la cabeza en los actos públicos por el personalismo que le imprime el propio Alperovich a la gestión. De hecho, cualquiera que se convierta en protagonista -como lo hizo el hoy gobernador en tiempos mirandistas- corre el riesgo de ser expulsado del andamiaje oficial. El mandatario reniega de aquellos que frenan proyectos por el solo hecho de ser minuciosos en la faz administrativa que, en buen romance, denomina burocracia. No obstante, esos fusibles son los que evitan -no en todos los casos- que el gobernador “meta la pata”, use la jerga popular y luego deba salir a explicar lo inexplicable.
Los ajustes de tuerca en el organigrama estatal pueden terminar en el descabezamiento de algunas piezas o, en el mejor de los casos, en un recambio de un área hacia otra.
A los ministros les corrió un frío por la espalda porque, en su fuero interno, saben que si alguno de los funcionarios de las áreas a su cargo falla, ellos quedarán expuestos políticamente. Si se toma el caso de Antonio Jalil, muchos moradores de la Casa de Gobierno guardan la sensación de que, en su renuncia, hay mucho más que cuestiones personales. Internamente, Alperovich siente que se quedó sin uno de sus más cercanos escuderos y que, hacia el futuro, con tantos frentes abiertos (reformas constitucional y tributaria, relaciones con la Legislatura y armado de las listas con vistas a las elecciones de 2007), hoy necesita de más hombres que cumplan la función de moderar, atajar penales, calmar a los díscolos oficialistas y también a los opositores, cuando el propio mandatario lanza dardos.
Más allá de los límites
La reciente visita de la vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina, Pamela Cox, puso al gobernador bajo la mirada de la Casa Rosada, en tiempos en que el presidente Néstor Kirchner negocia un préstamo del organismo por U$S 3.100 millones para el país. Por eso, varios ministros nacionales siguieron la misión, telefónicamente, pues consideran que se tomó a Tucumán como prueba piloto sobre el uso de los fondos internacionales. Esto habría generado celos de algunos gobernadores de la región, que habían gestionado sin éxito la llegada de la funcionaria del BM a otras provincias.
Cox dejó en claro que la provincia está “bajando” (cumpliendo), con buenos resultados, los proyectos financiados por el BM vinculados al área social. No obstante, en su diagnóstico, la economista norteamericana cree que aún hay mucho camino por recorrer por el atraso en infraestructura que observó en el país y, en particular, en Tucumán, y por la persistente inequidad en la distribución de los ingresos en la Argentina.
El reclamo -más que solicitud- del titular del Poder Ejecutivo a los miembros del minigabinete se relaciona con la sensación que tiene de que algunos de los fusibles están fallando o, tal vez, se cebaron en estos dos años y medio de gestión. Más duro fue Alperovich cuando les dijo a sus ministros -había tres sentados a la mesa- que no estaba dispuesto a que los secretarios, subsecretarios, directores y subdirectores se quedaran sentados en los sillones de sus despachos, mientras él “ponía la cara ante la gente” que exige, cada día que pasa, más obras y concreciones del actual Gobierno. En otras palabras, muchas veces los anuncios no se traducen en hechos.
Sin embargo, es bueno aclarar que muchos de los colaboradores del gobernador no asoman la cabeza en los actos públicos por el personalismo que le imprime el propio Alperovich a la gestión. De hecho, cualquiera que se convierta en protagonista -como lo hizo el hoy gobernador en tiempos mirandistas- corre el riesgo de ser expulsado del andamiaje oficial. El mandatario reniega de aquellos que frenan proyectos por el solo hecho de ser minuciosos en la faz administrativa que, en buen romance, denomina burocracia. No obstante, esos fusibles son los que evitan -no en todos los casos- que el gobernador “meta la pata”, use la jerga popular y luego deba salir a explicar lo inexplicable.
Los ajustes de tuerca en el organigrama estatal pueden terminar en el descabezamiento de algunas piezas o, en el mejor de los casos, en un recambio de un área hacia otra.
A los ministros les corrió un frío por la espalda porque, en su fuero interno, saben que si alguno de los funcionarios de las áreas a su cargo falla, ellos quedarán expuestos políticamente. Si se toma el caso de Antonio Jalil, muchos moradores de la Casa de Gobierno guardan la sensación de que, en su renuncia, hay mucho más que cuestiones personales. Internamente, Alperovich siente que se quedó sin uno de sus más cercanos escuderos y que, hacia el futuro, con tantos frentes abiertos (reformas constitucional y tributaria, relaciones con la Legislatura y armado de las listas con vistas a las elecciones de 2007), hoy necesita de más hombres que cumplan la función de moderar, atajar penales, calmar a los díscolos oficialistas y también a los opositores, cuando el propio mandatario lanza dardos.
Más allá de los límites
La reciente visita de la vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina, Pamela Cox, puso al gobernador bajo la mirada de la Casa Rosada, en tiempos en que el presidente Néstor Kirchner negocia un préstamo del organismo por U$S 3.100 millones para el país. Por eso, varios ministros nacionales siguieron la misión, telefónicamente, pues consideran que se tomó a Tucumán como prueba piloto sobre el uso de los fondos internacionales. Esto habría generado celos de algunos gobernadores de la región, que habían gestionado sin éxito la llegada de la funcionaria del BM a otras provincias.
Cox dejó en claro que la provincia está “bajando” (cumpliendo), con buenos resultados, los proyectos financiados por el BM vinculados al área social. No obstante, en su diagnóstico, la economista norteamericana cree que aún hay mucho camino por recorrer por el atraso en infraestructura que observó en el país y, en particular, en Tucumán, y por la persistente inequidad en la distribución de los ingresos en la Argentina.
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