07 Marzo 2006 Seguir en 
Con la presentación pública de los dos candidatos que en poco más de un mes disputarán el rectorado de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), el proceso eleccionario en esa casa de estudios superiores ha entrado en una etapa de aceleración.
Lanzados ya al ruedo los candidatos Juan Cerisola y Pedro Rougés, nada hace sospechar que vaya a aparecer un "tercer hombre" que tercie en la disputa por el reemplazante de Mario Marigliano. Como Cerisola ya presentó a su compañera de fórmula -la psicóloga y decana de Psicología María Luisa Rossi de Hernández-, la única sorpresa que cabría esperar para este último tramo es la identidad del (o de la) acompañante del abogado y decano de Derecho, Pedro Rougés, que todavía se desconoce. De todos modos, aunque esas candidaturas ya están definidas, en el seno de la UNT la "interna universitaria" está al rojo vivo, y los candidatos buscan sumar alianzas en los distintos estamentos y unidades académicas. Si se analizan los lineamientos programáticos de ambas fórmulas, hay consensos en por lo menos un punto: tanto Cerisola-Rossi como Rougés siguen definiéndose por el concepto tradicional de la Universidad pública de ingreso irrestricto, gratuita y sin cupo. También coinciden en que el núcleo de la vida universitaria deben ser las unidades académicas o facultades, por sobre otras estructuras administrativas. Rougés, que en esta etapa ha elegido el lugar de opositor, apuntó, previsiblemente, al corazón administrativo del Rectorado, al que le imputa sobredimensionamiento. En cuanto a la fórmula Cerisola-Rossi, ellos saben que tienen que remontar el rótulo de oficialistas. El discurso de ambas fórmulas es conciliador para con la comunidad universitaria (los potenciales votantes), y no hay autocríticas, aun cuando en todos los casos fueron parte del Consejo Superior. En mayo de 2002, cuando fue reelegida la fórmula Marigliano-Fernández, la UNT era parte de un país que hervía, tras la precipitada partida de Fernando de la Rúa, en diciembre del año anterior. Entonces los índices de pobreza para la región NOA ascendían a casi el 70%; los investigadores del Conicet dependían de sus buenos vínculos con el extranjero para seguir investigando en sus respectivas áreas, y la Asamblea en la que se dirimía la reelección de Marigliano y Carlos Fernández se definía en un clima de violencia inusitado para la comunidad universitaria.
Cuatro años después, la pobreza en la región bajó en casi veinte puntos; pero la Universidad pública argentina -y no sólo la UNT- no parece mostrar síntomas de recuperación, si se atiende la escalada de paros que se vivió el año pasado por reclamos salariales. El propio Cerisola acaba de admitir que la UNT, para funcionar, necesita el doble de fondos de los que hoy tiene (la vara es el presupuesto de la Municipalidad de Tucumán, que casi siempre fue igual al de la UNT, y que hoy es de $ 300 millones. En la casa de Juan B. Terán, el presupuesto 2006 apenas llega a los $ 160 millones.
Hay más cambios: la dirigencia universitaria que alguna vez se encolumnó en la antaño monolítica Franja Morada se ha roto en pedazos, y hay ex boinas blancas apoyando a una y a otra fórmula rectoral. Desde el peronismo -y desde el kirchnerismo, que tiene pretensiones de demarcar territorio en la Universidad- se ha tomado nota de tanta dispersión, y habrá, sin duda, algunos intentos de desembarco en lo que históricamente fue una trinchera del radicalismo reformista. En las facultades, el damero de candidatos a decanos está movido, lo que muestra señales de participación, que no siempre se traducen en apoyo a uno u otro candidato rectoral. Lo que no se observa, hasta ahora, es que los candidatos de uno y de otro lado hayan tomado nota de lo que se apuntó un poco más arriba: que la Universidad ha profundizado su crisis, en un contexto en el que otros sectores muestran indicios de recuperación.
Lanzados ya al ruedo los candidatos Juan Cerisola y Pedro Rougés, nada hace sospechar que vaya a aparecer un "tercer hombre" que tercie en la disputa por el reemplazante de Mario Marigliano. Como Cerisola ya presentó a su compañera de fórmula -la psicóloga y decana de Psicología María Luisa Rossi de Hernández-, la única sorpresa que cabría esperar para este último tramo es la identidad del (o de la) acompañante del abogado y decano de Derecho, Pedro Rougés, que todavía se desconoce. De todos modos, aunque esas candidaturas ya están definidas, en el seno de la UNT la "interna universitaria" está al rojo vivo, y los candidatos buscan sumar alianzas en los distintos estamentos y unidades académicas. Si se analizan los lineamientos programáticos de ambas fórmulas, hay consensos en por lo menos un punto: tanto Cerisola-Rossi como Rougés siguen definiéndose por el concepto tradicional de la Universidad pública de ingreso irrestricto, gratuita y sin cupo. También coinciden en que el núcleo de la vida universitaria deben ser las unidades académicas o facultades, por sobre otras estructuras administrativas. Rougés, que en esta etapa ha elegido el lugar de opositor, apuntó, previsiblemente, al corazón administrativo del Rectorado, al que le imputa sobredimensionamiento. En cuanto a la fórmula Cerisola-Rossi, ellos saben que tienen que remontar el rótulo de oficialistas. El discurso de ambas fórmulas es conciliador para con la comunidad universitaria (los potenciales votantes), y no hay autocríticas, aun cuando en todos los casos fueron parte del Consejo Superior. En mayo de 2002, cuando fue reelegida la fórmula Marigliano-Fernández, la UNT era parte de un país que hervía, tras la precipitada partida de Fernando de la Rúa, en diciembre del año anterior. Entonces los índices de pobreza para la región NOA ascendían a casi el 70%; los investigadores del Conicet dependían de sus buenos vínculos con el extranjero para seguir investigando en sus respectivas áreas, y la Asamblea en la que se dirimía la reelección de Marigliano y Carlos Fernández se definía en un clima de violencia inusitado para la comunidad universitaria.
Cuatro años después, la pobreza en la región bajó en casi veinte puntos; pero la Universidad pública argentina -y no sólo la UNT- no parece mostrar síntomas de recuperación, si se atiende la escalada de paros que se vivió el año pasado por reclamos salariales. El propio Cerisola acaba de admitir que la UNT, para funcionar, necesita el doble de fondos de los que hoy tiene (la vara es el presupuesto de la Municipalidad de Tucumán, que casi siempre fue igual al de la UNT, y que hoy es de $ 300 millones. En la casa de Juan B. Terán, el presupuesto 2006 apenas llega a los $ 160 millones.
Hay más cambios: la dirigencia universitaria que alguna vez se encolumnó en la antaño monolítica Franja Morada se ha roto en pedazos, y hay ex boinas blancas apoyando a una y a otra fórmula rectoral. Desde el peronismo -y desde el kirchnerismo, que tiene pretensiones de demarcar territorio en la Universidad- se ha tomado nota de tanta dispersión, y habrá, sin duda, algunos intentos de desembarco en lo que históricamente fue una trinchera del radicalismo reformista. En las facultades, el damero de candidatos a decanos está movido, lo que muestra señales de participación, que no siempre se traducen en apoyo a uno u otro candidato rectoral. Lo que no se observa, hasta ahora, es que los candidatos de uno y de otro lado hayan tomado nota de lo que se apuntó un poco más arriba: que la Universidad ha profundizado su crisis, en un contexto en el que otros sectores muestran indicios de recuperación.
Lo más popular
Ranking notas premium






