06 Marzo 2006 Seguir en 
Los semáforos han creado una nueva realidad en el tránsito. Pero, por el momento, ella se traduce en un notorio entorpecimiento. La circulación es mucho más lenta, y los conductores deben esperar largo rato para reanudar su avance. Un aspecto de este cuadro puede ser corregido -sin pérdida de tiempo- por la Municipalidad, a través de una sincronización adecuada de los aparatos.
Pero hay otra poderosa causa de la lentitud, que no debe atribuirse a los semáforos sino al público. En efecto, el semáforo ordena y agiliza el tránsito sólo si los conductores están en situación de moverse de inmediato ante la indicación verde. Pero esto no es posible si los peatones siguen cruzando cuando se les antoja, a mitad de cuadra o en la misma esquina, aunque haya aparecido la luz que les indica abstenerse. Obvio es decir que el público que atraviesa impide que avancen los vehículos. Así, estos pierden la luz verde y deben continuar detenidos hasta que ella regrese.
En una palabra, el transeúnte tucumano no sólo debe acostumbrarse a utilizar la esquina para el cruce, sino también a cruzar cuando la indicación del semáforo lo autorice.
Pero hay otra poderosa causa de la lentitud, que no debe atribuirse a los semáforos sino al público. En efecto, el semáforo ordena y agiliza el tránsito sólo si los conductores están en situación de moverse de inmediato ante la indicación verde. Pero esto no es posible si los peatones siguen cruzando cuando se les antoja, a mitad de cuadra o en la misma esquina, aunque haya aparecido la luz que les indica abstenerse. Obvio es decir que el público que atraviesa impide que avancen los vehículos. Así, estos pierden la luz verde y deben continuar detenidos hasta que ella regrese.
En una palabra, el transeúnte tucumano no sólo debe acostumbrarse a utilizar la esquina para el cruce, sino también a cruzar cuando la indicación del semáforo lo autorice.
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