Parar la pelota es la cuestión

06 Marzo 2006
La intervención dispuesta por la Dirección de Personas Jurídicas sobre la Liga Tucumana de Fútbol escribe otro capítulo de una historia que, en los últimos años, transitó por todo tipo de vicisitudes, y en la que las presiones externas por las acciones internas terminaron haciendo centro. La medida se hizo a partir de una presentación efectuada por los dirigentes de los clubes Argentinos del Norte, Central Norte y Cruz Alta. Estos sostuvieron que la asamblea que consagró a Julio Luna presidente de la entidad máxima de nuestro fútbol estaba viciada de nulidad, debido a que la mayoría de las instituciones que participaron del encuentro no tenía al día sus papeles ante Personas Jurídicas. Este organismo les dio la razón y dictaminó el nombramiento de una comisión normalizadora que deberá conducir a la Liga por 90 días.
Luego surgió un amparo, presentado ante esta medida. El rechazo a este pedido, efectuado en primera instancia, no hizo otra cosa que agregar más letra a la historia. Las próximas horas serán decisivas para determinar si la crisis institucional se complicará aún más o si se seguirá el curso legal del proceso de intervención. Lejos de todos estos avatares, a los que muchos asignan un carácter de lucha de poderes -y no precisamente futbolísticos-, se debe entender que nada de lo que suceda deberá perjudicar la vida de los clubes, erigidos en su mayoría en polos de formación deportiva y humana de miles de jóvenes.
En una provincia en la que no sobran las oportunidades, el fútbol aún mantiene vivas las esperanzas de muchos chicos que sueñan con hacer carrera, siguiendo los pasos de las grandes figuras. Desde ese punto de vista, nada de lo que se teja y desteja en los niveles dirigenciales debiera perder de vista esta realidad.
Todo esto, pese a que queda claro que nuestro fútbol no ha tenido en los últimos años un desarrollo adecuado que le permita erigirse en uno de los referentes nacionales. El hecho de contar por estos días con ocho clubes disputando torneos de la Asociación del Fútbol Argentino no debe ser tomado como una muestra del éxito de una gestión. Y mucho menos cuando el resto de las entidades sufre una agonía permanente para poder concluir su participación en torneos locales superiores, o por el simple y sustancial hecho de llegar a hacer competir a sus distintas divisiones inferiores. Son comunes los casos de deserciones por problemas económicos, situación que se agravó en los últimos tiempos con la falta de interés que mostraron los hinchas por el destino que les toque a sus equipos.
Por otro lado, sigue sin entenderse demasiado por qué Tucumán cuenta con tantos equipos en su torneo de primera, sobre todo porque la cantidad no hizo en este caso una contribución a la calidad.
En horas agitadas para la vida institucional de la Liga, bueno sería priorizar cuestiones que no sean las del egoísmo, la soberbia ni las revanchas. Nadie que entienda al fútbol como un entretenimiento puede priorizar sus apetencias personales a las que pide la mayoría. Las conducciones de entidades tan heterogéneas debieran estar orientadas hacia el diálogo, el entendimiento y la visión de futuro. Quienes así no lo entiendan, tienen frente de sí la posibilidad de aprender a hacerlo o dejar su lugar para que quienes tengan amplitud de concepto puedan aplicar este ideal.
De las crisis, muchas veces, surgen circunstancias mejores, que permiten valorar lo logrado y redimensionar los proyectos que se tengan. La Liga puede estar en ese camino. Y para utilizar la jerga futbolística, la mejor táctica del momento parece estar en parar la pelota; levantar la vista y ver cuál es el mejor camino para armar la mejor jugada.








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