Faltas deshonrosas

Transgredir las normas de tránsito cuesta la vida. Por Isabel Lazzaroni.

04 Marzo 2006
Ruido de bocinas; voces airadas de automovilistas que se pelean entre sí o con los peatones; frenadas bruscas; silbatos que anticipan multas y protestas; ring tones de celulares; exclamaciones de susto de los que ven cómo una moto serpentea entre los vehículos -detenidos por el semáforo o en movimiento, da igual-, y los roza. En síntesis, ruido del tránsito en la ciudad de Tucumán. Desde un poema hecho canción, Eladia Blázquez convocaba -convoca- a "Honrar la vida", consigna ignorada por la enorme mayoría de los conductores tucumanos. "Hay tantas maneras de no ser / tanta conciencia sin saber / adormecida", describe la canción como si hablara de estos conductores. Y sigue más adelante "Hay tanta pequeña vanidad / en nuestra tonta humanidad / enceguecida".
Es que así, enceguecidos, parecen transitar desde sus vehículos, sean camiones, autos motos o bicicletas, los tucumanos transgresores; aquellos que olvidan que sus faltas deshonran la vida, la propia y la del prójimo. Los conductores no están solos en la transgresión; los peatones acompañan: cruzan en cualquier parte de la calle, como sino pudieran esperar a llegar a la esquina; cruzan corriendo para "ganarle" al auto que viene rápido aprovechando, legítimamente, la luz verde del semáforo.
Las sucesivas gestiones municipales de estos últimos años han intentado poner orden en el tránsito, con medidas que muchas veces quedaron en el camino por ser desacertadas, como aquellas de que algunos días podían entrar al centro los autos con patentes en número par y al día siguiente, los de número impar. Otras, en cambio, se afianzaron, como el cambio de recorrido de los ómnibus, que salieron de calles muy céntricas como Maipú y fueron llevados hasta Salta.
Ahora se está en un nuevo intento, a través de la semaforización del centro de la capital. Lo novedoso es que en esta oportunidad se pensó más en el peatón que en el automovilista. Los semáforos fueron hechos para darles seguridad y tranquilidad al transitar. Pero, muchas veces, ni ellos cumplen con las normas.
Sin dudas, todavía quedan muchas acciones municipales por realizar, como una campaña más agresiva para concientizar. Pero también es tarea de los educadores -maestros y profesores- y, sobre todo, de las familias. El ejemplo, lo que se ve hacer, es lo que más refuerza a los hábitos.
Culpar al estrés, al agitado ritmo de vida de la actualidad, a las presiones de los ámbitos laborales y familiares no alcanza para justificar la deshonra a la vida. Es posible correrse del vértigo y recordar, por unos minutos, cuáles son los valores esenciales. Palabras como imprudencia o negligencia no alcanzan para consolar a quienes pierden a un ser querido.
Nada de esto es exageración. Las últimas estadísticas realizadas por el Indec y por otros organismos civiles que trabajan en la prevención de los accidentes de tránsito, respaldan las afirmaciones anteriores.
En 2004, murieron 10.829 personas en toda la Argentina, a un promedio de 30 decesos por día. Tucumán figura entre las provincias con mayor número de muertes por accidentes de tránsito: alrededor de 300 por año.
En su mayoría, quienes fallecen por esta causa son varones (73%) y el mayor porcentaje de víctimas fatales se produce durante los fines de semana y feriados (54%). Asimismo, en las zonas urbanas es donde ocurre la mayor cantidad de siniestros: un 58% contra el 42% de las zonas rurales.
Casi la mitad de los muertos, el 46,6%, tenía menos de 30 años, y casi 3 de cada 10 accidentes fueron de los denominados "solitarios", es decir sólo involucraron a un vehículo cuyo conductor perdió el control, volcó o impactó contra árboles o columnas. Respetar las normas de tránsito, necesariamente, es también honrar la vida.



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