Cartas a la intemperie

03 Marzo 2006
En días de lluvia, como los que son tan frecuentes en esta época, se advierten los inconvenientes derivados de la costumbre de muchos carteros, de arrojar la correspondencia por debajo de las puertas de entrada de las viviendas, o tirarla al piso, en el escalón de acceso, o a través de las verjas. Como es obvio, de esa manera las piezas postales se mojan inevitablemente, en perjuicio de su contenido.
También es frecuente que se arrojen, del mismo modo, las facturas de los servicios públicos. Si no se mojan, muchas veces a estas se las lleva el viento, o quedan confundidas como un papel cualquiera que luego arrastra la escoba. Y esto suele reflejarse negativamente en la vida del vecino, cuando se encuentra con que le cortaron la luz, o el gas, por falta de pago de una factura que nunca llegó a sus manos por negligencia del repartidor.
Pensamos que tales cuestiones, que complican bastante la existencia, podrían evitarse si los encargados de repartir la correspondencia obrasen con mayor cuidado. Es decir, si en todos los casos llamaran a la puerta, y dejasen un aviso en el caso de no ser atendidos, como fue la actitud común durante mucho tiempo.





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