Partido único

El rol de la oposición en la Convención Constituyente. Por Ramiro Garrocho.

02 Marzo 2006
Argentina parece transitar, lenta pero inexorablemente, hacia un sistema de partido único. Lo que en las elecciones presidenciales de 2003 fue una decisión obligada por la imposibilidad de acordar un solo candidato por el justicialismo -Néstor Kirchner, Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá se presentaron en listas separadas- está instalado como práctica natural en la disputa del poder. El PJ, en su versión transversalizada es el que marca el ritmo de las decisiones y la oposición permanece inerte a la espera de que el temporal les deje alguna bandera para seguir defendiendo.
Tucumán no es la excepción en este modelo político hegemónico. Después de las elecciones de octubre 2005, todo lo que pasa en el poder depende del justicialismo en versión siglo XXI. En sus dos variantes -alperovichismo y jurismo- el oficialismo impone, condiciona, o acuerda según convenga a sus intereses. Los partenaires, también renovados tras los comicios de constituyentes en los que la mayoría de los opositores decidieron no participar, aparecen como actores secundarios con escasa capacidad de fuego para alterar el desarrollo de los acontecimientos.
En ese escenario, casi todos los políticos tienen la cabeza puesta en 2007. Los oficialistas que participarán de la Convención intentarán influir para que el nuevo texto constitucional no les quite posibilidades de mantenerse en el juego del poder el año próximo. Ley de Lemas acotada y elección por departamento son algunas variables por las que se negociará la reelección para asegurar la continuidad de las actuales autoridades provinciales por lo menos hasta 2015. Aquellas fuerzas de la oposición que tendrán representantes en la Asamblea reformadora, también jugarán su futuro. El debate será una buena vidriera para lo que viene.
En el elenco de opositores que tiene banca asegurada en la Convención, sin embargo, se juegan intereses y proyectos personales distintos. Participación Cívica aparece como la opción moderada del alperovichismo, la que terminará volcando la balanza si se complica la relación con el jurismo. El plan "Courel" de la reelección acotada a dos períodos, pero con entrada en vigencia para las autoridades electas en 2007, seduce al gobernador. La opción le permitiría no tensar la cuerda con quienes objetan sus aspiraciones continuistas. El PC -sigla cuya referencia histórica tiene poca relación con la novel fuerza- podría ser la plataforma con la que el alperovichismo mantendrá su juego de pinzas para tener bajo control a los díscolos del peronismo.
Los radicales, con un solo escaño, sostienen que serán la garantía de control democrático para la actual administración. Pero -y parafraseando al cantautor Joan Manuel Serrat-, "jugando el juego que mejor juegan y que más les gusta", todos los que se adhieren al centenario partido parecen más preocupados por lo que harán sus rivales en la interna. Para un correligionario no hay nada peor que otro correligionario, podría ser el apotegma que hoy rige la vida de una fuerza que perdió identidad propia.
El ASI, en tanto, se encuentra en una encrucijada. Construida sobre la base del prestigio de los dirigentes y agrupaciones que la conforman, la alianza de centro izquierda debe definir un perfil propio para distinguirse de los moderados proalperovichistas y de la línea dura que bajará el Partido Obrero.
El PO es la gran incógnita de la asamblea. Con dos convencionales con sólida formación política y un discurso absolutamente contrario a los ruidos del poder tradicional, los "trotskos" -nombre con el que suele identificar a este sector en la militancia universitaria- podrían transformarse en un dolor de cabeza para varios. Su inserción en el movimiento piquetero, la asistencia que reciben para distintos comedores y los beneficiarios de planes sociales que responden a su organización estarán a prueba en el equilibrio del poder.




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