01 Marzo 2006 Seguir en 
En una época parca de ideas, conviene recurrir a la iconografía que se desprende de la publicidad callejera para saber qué pretenden decir -o decirse- algunos dirigentes.
En el afiche con el que el oficialismo empapeló la provincia antes de las elecciones para convencionales constituyentes, sólo aparecía el gobernador José Alperovich, entre serio e intimidante, exigiendo a la gente que votara por el futuro. El mensaje era claro: la participación en las urnas, el domingo 19, era lo único que garantizaba el mantenimiento del actual estado de cosas, reforma de la Constitución mediante para permitir -obviamente- la reelección del primer mandatario. Para el electorado no peronista, en cambio, la propaganda ofrecía un Alperovich sonriente, amigo de Carlos Courel, aún ligado edípicamente al cordón umbilical del radicalismo por medio de ese melindre kirchneriano, atajo de corte municipal entre el PJ y la UCR, que pretende ser Participación Cívica. Lo llamativo es que jamás posaba con su condómino político: el vicegobernador Fernando Juri. Ni siquiera lo hizo el día siguiente del inapelable triunfo del Frente para la Victoria. Los carteles, en esa ocasión, sólo anunciaban -porque no pedían ya- más Alperovich a partir de 2007, cuando habrá que elegir nuevamente al titular del Poder Ejecutivo. En otras palabras, querían significar que la victoria era sólo de él.
La respuesta del olvidado Juri o de quienes todo el día le murmuran al oído -que no son pocos- fue netamente justicialista. En el afiche con el que el PJ celebró los 60 años del primer triunfo electoral de ese partido, le tiró con todo su abolengo peronista. El vicegobernador aparece como el heredero político de su papá (el ex gobernador Amado Juri) y del mismísimo Juan Domingo Perón. Lo más sugerente es el epígrafe que lo acompaña. Reza: “compromiso con su historia, idoneidad en el presente y coraje para el futuro”. Lo de la historia parece querer recordarle a Alperovich -que sólo habla de futuro- que en política nadie nace sin pasado, de un huevo o por generación espontánea. Las otras referencias suenan más a mensaje interno, que pretende despertar a Juri para que, de una vez, se coloque en dirigente idóneo (adecuado o apropiado para algo, según el Diccionario); en este caso, para pelearle a quien pretende soslayar al PJ con transversalismos neorradicales, barnizados con una ideología “light”, de intendente.
Esta pelea iconográfica expresa otra, larvada, que se viene gestando desde hace tiempo. Basta recordar algunos capítulos: las leyes sancionadas por la Legislatura (casona de Juri) que el PE vetó de un saque durante enero; el papelón en el Concejo Deliberante ocho días antes de las elecciones, cuando irrumpió un grupo al son de “Juri conducción”, lo que hizo que algunos candidatos estrictamente alperovichistas se retiraran del frustrado debate; la orgullosa foto que Alperovich se sacó con los electos por Participación Cívica -y no con los del PJ- al otro día de los comicios; la sublevación del legislador Fernando Juri Debo contra el proyecto de Código Tributario del “gober”, como solía tutear a Alperovich en épocas más risueñas; y el acto del viernes en la sede del PJ, durante el que, otra vez, Juri Debo se transformó en la cara agria e irritante del jurismo -para el alperovichismo-, esa que nunca suele mostrar su primo, el vicegobernador.
El peligro es que la granada estalle durante la futura Convención. Al otro día de los comicios, Alperovich alardeó con que él (otra vez la omnímoda primera persona) contaba con 36 convencionales (incluyendo a los de Participación Cívica, claro) para hacer y deshacer, pero hoy en el PE dudan. Ahora cuentan de su parte, seguro, sólo a 26. Esto los obligará a negociar las enmiendas con los 10 del jurismo. Pese a la pirotecnia pictórica, nada hace pensar que ambos destruyan el condominio, forzoso e incómodo pero que tantos frutos les dio. Ni el jurismo sabe si puede existir holgadamente sin Alperovich ni este está tan seguro de que pueda hacer pie sin el peronismo, como aparece en los afiches: solito.
En el afiche con el que el oficialismo empapeló la provincia antes de las elecciones para convencionales constituyentes, sólo aparecía el gobernador José Alperovich, entre serio e intimidante, exigiendo a la gente que votara por el futuro. El mensaje era claro: la participación en las urnas, el domingo 19, era lo único que garantizaba el mantenimiento del actual estado de cosas, reforma de la Constitución mediante para permitir -obviamente- la reelección del primer mandatario. Para el electorado no peronista, en cambio, la propaganda ofrecía un Alperovich sonriente, amigo de Carlos Courel, aún ligado edípicamente al cordón umbilical del radicalismo por medio de ese melindre kirchneriano, atajo de corte municipal entre el PJ y la UCR, que pretende ser Participación Cívica. Lo llamativo es que jamás posaba con su condómino político: el vicegobernador Fernando Juri. Ni siquiera lo hizo el día siguiente del inapelable triunfo del Frente para la Victoria. Los carteles, en esa ocasión, sólo anunciaban -porque no pedían ya- más Alperovich a partir de 2007, cuando habrá que elegir nuevamente al titular del Poder Ejecutivo. En otras palabras, querían significar que la victoria era sólo de él.
La respuesta del olvidado Juri o de quienes todo el día le murmuran al oído -que no son pocos- fue netamente justicialista. En el afiche con el que el PJ celebró los 60 años del primer triunfo electoral de ese partido, le tiró con todo su abolengo peronista. El vicegobernador aparece como el heredero político de su papá (el ex gobernador Amado Juri) y del mismísimo Juan Domingo Perón. Lo más sugerente es el epígrafe que lo acompaña. Reza: “compromiso con su historia, idoneidad en el presente y coraje para el futuro”. Lo de la historia parece querer recordarle a Alperovich -que sólo habla de futuro- que en política nadie nace sin pasado, de un huevo o por generación espontánea. Las otras referencias suenan más a mensaje interno, que pretende despertar a Juri para que, de una vez, se coloque en dirigente idóneo (adecuado o apropiado para algo, según el Diccionario); en este caso, para pelearle a quien pretende soslayar al PJ con transversalismos neorradicales, barnizados con una ideología “light”, de intendente.
Esta pelea iconográfica expresa otra, larvada, que se viene gestando desde hace tiempo. Basta recordar algunos capítulos: las leyes sancionadas por la Legislatura (casona de Juri) que el PE vetó de un saque durante enero; el papelón en el Concejo Deliberante ocho días antes de las elecciones, cuando irrumpió un grupo al son de “Juri conducción”, lo que hizo que algunos candidatos estrictamente alperovichistas se retiraran del frustrado debate; la orgullosa foto que Alperovich se sacó con los electos por Participación Cívica -y no con los del PJ- al otro día de los comicios; la sublevación del legislador Fernando Juri Debo contra el proyecto de Código Tributario del “gober”, como solía tutear a Alperovich en épocas más risueñas; y el acto del viernes en la sede del PJ, durante el que, otra vez, Juri Debo se transformó en la cara agria e irritante del jurismo -para el alperovichismo-, esa que nunca suele mostrar su primo, el vicegobernador.
El peligro es que la granada estalle durante la futura Convención. Al otro día de los comicios, Alperovich alardeó con que él (otra vez la omnímoda primera persona) contaba con 36 convencionales (incluyendo a los de Participación Cívica, claro) para hacer y deshacer, pero hoy en el PE dudan. Ahora cuentan de su parte, seguro, sólo a 26. Esto los obligará a negociar las enmiendas con los 10 del jurismo. Pese a la pirotecnia pictórica, nada hace pensar que ambos destruyan el condominio, forzoso e incómodo pero que tantos frutos les dio. Ni el jurismo sabe si puede existir holgadamente sin Alperovich ni este está tan seguro de que pueda hacer pie sin el peronismo, como aparece en los afiches: solito.
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