La obsesión por 2007

El combate por el poder se renovó tras la victoria del frente oficialista en los comicios pasados. Por Carlos Abrehu.

26 Febrero 2006
Un terremoto estremeció el cuerpo político de la nación. El kirchnerismo acabó, en una operación parlamentaria ejecutada fríamente y sin ahorrar ninguna clase de costos, con una de las instituciones hijas del pacto peronista-radical de 1994: el Consejo de la Magistratura (CM). La Casa Rosada regulará a su antojo el ritmo del Poder Judicial, desde su posición dominante en la estructura del CM. Raúl Alfonsín escribió en su "Memoria política" -publicada en 2004- que uno de los objetivos de la reforma constitucional era, mediante la creación del CM, otorgar independencia e idoneidad al Poder Judicial y contrarrestar los intentos de partidizar el Poder Judicial. Pues bien, cinco diputados de extracción radical de distintas provincias contribuyeron a dinamitar el CM, en una rápida mutación de identidades a cambio de obras públicas. El radicalismo kirchnerista se expande por el país -en Tucumán hay discípulos aventajados-. Y el Pacto de Olivos, al que la UCR exhibió siempre como un muro de contención institucional frente al avance de la versión menemista del PJ, se derrumbó ante la ofensiva del peronismo conducido por la variante kirchnerista. El otro soporte del Pacto de Olivos se debilitó hasta la anemia y se deshizo el andamiaje bipartidista del 90. Alfonsín acaba de padecer en carne propia la deserción de sus correligionarios y el afianzamiento de una jefatura política que no admite condicionamientos en la jefatura del Estado.
El estado de crisis en que se sumió la oposición tras la victoria kirchnerista en la votación de la Cámara de Diputados de la Nación, se asemeja a la que experimenta su homóloga en Tucumán, tras los comicios de octubre de 2005 y del domingo anterior. La impotencia de los adversarios del oficialismo es inmensa. El desbalance político es de tal magnitud que las tensiones internas del partido gobernante ocupan el lugar en el que debiera estar la oposición.

Con distintas cartas
El amplio triunfo del Frente de la Victoria (FV) en las elecciones de convencionales constituyentes del último domingo no solidificó la unidad del oficialismo. Chocan, en verdad, dos proyectos de poder, pero nadie puede asegurar que la sangre no llegará al río. Fernando Juri y José Alperovich juegan distintas cartas con 2007 a la vista.
El clima se recalentó desde la noche del domingo, cuando cada uno hizo distintas lecturas del aluvión de votos que dio ganadora a las listas del FV. La capital le dio el mayor disgusto a la Casa de Gobierno, ya que la movilización del aparato peronista arrimó 135.000 votos a las urnas, cifra que prácticamente igualó a la que consiguió la esposa del gobernador, Beatriz Rojkés, el 23 de octubre último. Dicen que si el FV ganaba con menos votos no iba a irritar al oficialismo porque se preservaba a la diputada como la mejor calificada por la ciudadanía. El apellido Alperovich mantenía su condición de mayor colector de sufragios si se verificaba la hipótesis deseada por la Casa de Gobierno. Eso no ocurrió. Tampoco hizo pie en el distrito capitalino el tándem Carlos Courel-Eduardo El Eter, del Movimiento de Participación Cívica. El apoyo abierto del gobernador al radical kirchnerista Courel obró de catalizador de la reacción ortodoxa peronista. Domingo Amaya, principal beneficiario de esta, se replegó para no encrespar los ánimos de los principales jerarcas del Ejecutivo provincial.
Con la escalada de afiches que asoció al vicegobernador con su padre y con Juan Perón, y de los que subrayaban su papel de custodio del legado histórico y de otros que decían "Juri 2007", se sucedieron las acciones de réplica desde la esfera alperovichista. La foto que mostró, otra vez, al gobernador con sus socios de Participación Cívica -Courel y el intendente Osvaldo Morelli, entre otros- hizo perdurar la sensación de desagrado que se incubó en la dirigencia peronista en los días previos a la elección del domingo. El reconocimiento de Courel a la tarea de los delegados comunales corroboró la versión de que estos habían sido instruidos para que apuntalen a Participación Cívica en la sección oeste. El ex diputado aliancista ratificó además que la alianza era con el gobernador y no con el PJ.
La elección de 2007 está lejana en el almanaque pero muy próxima en los cálculos de los políticos. La pegatina de afiches del vicegobernador y la pretensión reeleccionista del gobernador por dos períodos consecutivos a partir del año próximo insinúan que los dos quieren jugar con la misma pelota. En derredor de Alperovich no se oculta el fastidio por lo que permite hacer Juri -siguió todo desde Punta del Este-. Aseguran que en privado el gobernador sostiene que su fortaleza política está intacta porque retiene los votos, el manejo de la caja y la lealtad de los intendentes y de los delegados comunales. Hasta que no sea derrotado, sus afirmaciones tienen anclaje en la realidad. Las divergencias con el aparato peronista tradicional aunque no refractario a la Casa de Gobierno, hacen suponer que Participación Cívica puede llegar a ser una vía de escape para 2007 si hay ruptura.
El acto del viernes por los 60 años del primer éxito electoral de Perón sirvió para que sectores internos le ratificaran al gobernador que defenderán la identidad partidaria en la elección interna de 2006. El vocero más notorio de esta posición fue el primo del vicegobernador, Fernando Juri Debo, que promueve una política dialoguista con empresarios y colegios profesionales en torno de la reforma impositiva. En esta cuestión, Alperovich es inflexible mientras Juri Debo se esfuerza por ofrecer una imagen dialoguista.

Qué hacen los otros
En las afueras del campo peronista existen dudas acerca de la profundidad de las diferencias entre el gobernador y Fernando Juri. Se sabe, no obstante, que las desconfianzas son mutuas. Quienes diseñan escenarios posibles de opinión pública, contabilizaron que el domingo pasado hubo un electorado vacante -se quedó en la casa, sufragó en blanco o anuló su boleta- y otro que optó por diferentes siglas antialperovichistas. ¿El vicegobernador se animaría a encabezar una empresa política que las contenga? Nadie osaba conjeturar qué podría hacer Juri ante eso. Ajenos a esas tribulaciones, algunos dirigentes peronistas intentan generar una corriente de opinión crítica con lo que pasa en Tucumán. Eso sí: dejarían en claro que son kirchneristas. El PJ es un partido presidencialista por excelencia.
El 2007 también obsesiona al conjunto de organizaciones que compitió con el FV. Dentro de Fuerza Republicana se espera que se produzca un acercamiento entre Ricardo Bussi -presidente del partido- y Luis José Bussi, referente de la Línea Fundacional. Con discreción, Ernesto Padilla media entre las partes. El pozo en que cayó el bussismo lo anuló como opción de poder en Tucumán desde 2003. La situación explica la gestión emprendida por Padilla.
Los contactos multipartidarios se suceden en múltiples direcciones. La convicción de que debe plasmarse un frente amplio para luchar con Alperovich en 2007 gana terreno. Gumersindo Parajón participa de la idea. Las últimas experiencias pegaron duro.



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