Acorralados

La Legislatura está ante una prueba de fuego. Por Marcelo Aguaysol.

24 Febrero 2006
Los ánimos está caldeados. Lo malo del escenario institucional en Tucumán es que las cuestiones netamente políticas siguen condicionando las decisiones de fondo para cambiar la imagen de la provincia. Una prueba de ello es la discusión vigente por la reforma al Código Tributario. El día después de la asamblea multisectorial que rechazó los cambios propuestos por el Poder Ejecutivo, desde la Casa de Gobierno se salió a testear a los legisladores sobre su postura frente a la iniciativa oficial.
Es claro que, como representantes del pueblo, los legisladores de todos los signos partidarios tenían una obligación moral de asistir a la FET para escuchar las posiciones de las entidades intermedias. En ese encuentro habló desde el más encumbrado empresario hasta el más común de los vecinos. A estas alturas de las circunstancias, las posiciones entre el Gobierno y los empresarios se mantienen irreductibles. Uno pretende que la reforma se sancione tal cual fue girada; los otros, en cambio, exigen mayor discusión y, por sobre todo, consenso.
En este escenario, la Legislatura aparece como el árbitro de la disputa y, por lo tanto, la sanción del nuevo Código Tributario constituye una prueba de fuego que puede incidir en las relaciones con la Casa de Gobierno. Pero no hay que perder de vista que una actitud complaciente hacia el Poder Ejecutivo puede dañar la imagen de la Cámara ante la sociedad.
Los principales temores de los contribuyentes pasan por las facultades extraordinarias que el proyecto oficial otorga a la Dirección de Rentas. Desde la determinación de la deuda presunta, pasando por el embargo preventivo y hasta la posibilidad de aplicar multas, con un máximo de $ 20.000, son cuestiones que preocupan al empresario, en particular, y al contribuyente común, en general. Como lo expuso uno de los asistentes al encuentro realizado el miércoles en la FET, en Tucumán “existe la posibilidad de que se origine un efecto Túpac Amaru: primero agarran al contribuyente y luego lo descuartizan”. Otros, en tanto, recordaron algunas enseñanzas de Juan Bautista Alberdi para exponer sobre las equivocaciones de la política tributaria oficial  respecto de atentar contra los tres factores generadores de la riqueza: el capital, que produce intereses; el trabajo, que significa salarios, y la tierra, que genera renta.

El justo equilibrio
Nadie duda de la necesidad de modernizar un código que ya tiene más de tres décadas de aplicación. Pero para que esa reforma alumbre, se insiste en la necesidad del consenso en su redacción sobre la base de equilibrar las necesidades de caja del Estado con la realidad económica de los distintos sectores de la economía.
Es verdad que con la reforma tributaria no se modificará el actual sistema y, por lo tanto, no aumentará la presión fiscal, sino las acciones contra los morosos y contra los evasores. Pero también es real que el Gobierno, hasta ahora, no dio verdaderas señales de reducir la carga impositiva aprovechando que la recaudación está experimentando niveles récord de ingresos.
Las medidas de alícuota cero en Ingresos Brutos y en Salud Pública, anunciadas hacia fines del año anterior por el Ministerio de Economía, favorecen sólo a un minúsculo grupo de contribuyentes y, por consiguiente, no tienen alto impacto negativo en la recaudación provincial. Podrían ser consideradas acciones populistas si es que el Estado no avanza con beneficios fiscales para los sectores que motorizan la economía tucumana.
En definitiva, la discusión por el nuevo régimen impositivo no debe circunscribirse sólo a los ámbitos del poder de turno. Un gesto de grandeza es abrir el debate hacia los empresarios, a quienes se les prometió alfombras rojas para que alienten las inversiones.




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