Fiesta de la Pachamama

23 Febrero 2006
Con el “Jueves de Comadres”, de acuerdo con lo que informamos, habrá de iniciarse hoy, en Amaicha del Valle, la tradicional fiesta de la Pachamama. Como se sabe, se trata de una celebración muy arraigada en la cultura de esta zona del país. En la mitología incaica, la Pachamama (nombre compuesto por “pacha”, tierra, mundo en que habitamos, y “mama”, madre, unidas en sintaxis quichua) es una divinidad que se identifica con la tierra, y que representa el espíritu creador, la fecundidad y la reproducción.
En Amaicha se reproduce esta festividad desde tiempo inmemorial, si bien data de 59 años atrás su oficialización dentro del calendario turístico cultural.
Para la edición 2006 esta prevista, como siempre, además de los ritos ancestrales de las comunidades autóctonas, una variada serie de actividades.
Ferias de artesanías en telar y barro cocido; puestos de comidas regionales; espectáculos de doma; presentación de artistas folclóricos, entre otras, habrán de aumentar el marco festivo de la celebración. Es conocido que, por sus especiales características, la fiesta atrae una considerable cantidad de turistas del país y del extranjero.
También ha sido objeto de estudios, publicados por especialistas en estos temas. A fines del siglo XIX, el célebre naturalista Juan B. Ambrosetti dedicó largos párrafos a la celebración de la Pachamama, y tradujo la letanía calchaquí donde se pide, a la “Madre del Cerro y de la Santa Tierra”, buenos tiempos para la agricultura y bienestar para el cuerpo.
Pueden hacerse, creemos, un par de observaciones relativas a este tradicional acontecimiento. En primer lugar, sería deseable que se hicieran todos los esfuerzos para que la fiesta de la Pachamama no se desnaturalice. Es decir, para que conserve intactas las características que le dan sentido y singularidad. No puede negarse que muchas celebraciones de esta índole, cuando empiezan a convertirse además en atracciones turísticas, corren el riesgo de vaciarse de contenido y consecuentemente, de perder el valor que tienen como expresión cultural y de homenaje a los ancestros.
La destacada investigadora Isabel Aretz, tan conocida y respetada en nuestros ambientes universitarios por sus laboriosos estudios, decía que, por debajo de las apariencias destinadas a complacer al visitante, “resucitan esplendentes el arcaico sacrificio de Pujllay, la divinidad de los cerros norteños, y la fecundación simbólica de la Madre Tierra, la clásica y eterna Pachamama”.
Estos elementos arcaicos son los que debiera tratarse de conservar celosamente, para que no los arrastre el hombre de la ciudad y los deje convertidos en mero y hueco colorido. Son las autoridades de la cultura provincial, junto con las comunidades participantes de la celebración y los expertos en estos temas, los encargados de vigilar su autenticidad. Estamos, como es obvio, frente a la expresión de una de las culturas más antiguas de la Argentina actual, que merece, por eso mismo, ser respetada y salvaguardada.
Por otro lado, y yendo a cuestiones más prácticas, pensamos que debieran tomarse medidas para que los forasteros que concurran a Amaicha puedan contar con el adecuado alojamiento en la hostería provincial allí existente.
Según se nos informa, esas instalaciones no se encuentran en estado óptimo, en franco contraste con lo que ocurría años atrás. Bien merece una localidad vallista con la importancia y la tradición de Amaicha del Valle que este punto se atienda como corresponde. Ello coadyuvaría, en gran medida, a otorgar mayor realce a la fiesta que hoy se inicia.



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