23 Febrero 2006 Seguir en 
El gobernador José Alperovich obtuvo, el domingo, un aval contundente para su proyecto político: casi 460.000 ciudadanos le firmaron un cheque en blanco para diseñar las bases institucionales del Tucumán de los próximos 50 años. La cifra incluye los votos obtenidos por el Frente para la Victoria y aquellos que sumaron los candidatos de Participación Cívica. Este partido se consagró segunda fuerza provincial en su debut en las urnas, montado en la imagen de ser la opción no peronista del oficialismo.
Este es uno de los datos más relevantes de los comicios de constituyentes. Alperovich ya tiene una plataforma propia y con respaldo popular para proyectarse por fuera del partido que lo llevó al poder en 2003. Así lo entendieron los dirigentes del PJ, vinculados al vicegobernador Fernando Juri, quienes buscaron peronizar la victoria cuando todavía no había terminado el recuento en las escuelas. El mandatario les respondió con un gesto contundente: la primera reunión pública que mantuvo tras las elecciones fue con los candidatos y dirigentes de Participación Cívica, quienes se encargaron de dejar en claro que no son aliados del peronismo. El alperovichismo ya es algo más que un conjunto de obsecuentes funcionarios.
En los corrillos del poder no son pocos los que especulan sobre cuándo se producirá el divorcio entre Alperovich y el peronismo que se encolumnó tras de Juri. En el futuro inmediato hay varias tensiones programadas. La primera de ellas tendrá lugar en la Convención Constituyente, cuando deba definirse el sistema electoral que regirá en 2007. La polémica por la reelección limitada o acotada a un solo período quedó virtualmente diluida tras los resultados del domingo. En el oficialismo nadie duda de que Alperovich será el primer gobernador reelecto en forma consecutiva en la historia de Tucumán y, en un escenario político tan volátil, resulta de ciencia ficción especular con lo que sucederá en 2011. El problema a resolver, entonces, es qué pasará con el resto de los cargos electivos que se pondrán en juego el año próximo.
Legisladores, concejales, intendentes y comisionados rurales también tendrán la reelección habilitada con la reforma de la Constitución, pero nada les asegura que tendrán la venia del que manda para ser candidatos. El legislador Juan Eduardo Rojas se transformó en un conejillo de Indias sobre lo que puede sucederles a muchos si no se cambian las reglas de juego. El ex ombudsman tiene un trabajo territorial importante en varios barrios de la capital, pero quedó a la puerta de la Convención por el lugar que le tocó en la lista tras el reparto entre alperovichistas y juristas. En doce meses estarán en juego cargos rentados y de poder real, por lo que nadie querrá quedar sin chance de probar suerte. La derogada Ley de Lemas está cada vez más cerca de volver.
La conducción del PJ podría ser otro escenario para prolongar la pelea en el matrimonio del poder. A Alperovich no parece seducirlo la idea; de hecho, no duda en dar señales de que no considera al peronismo como su principal sostén, pero podría verse forzado si el presidente Néstor Kirchner decide hacer lo propio a nivel nacional. Aparece aquí el gran dilema del mandatario tucumano: cuándo blanquear sus aspiraciones de pelear por una cuota de lo que hoy se maneja desde la Casa Rosada.
Para pensar en su proyecto nacional, sin embargo, Alperovich necesita consolidar un modelo político a la salteña. En la vecina provincia, el peronista Juan Carlos Romero gobierna desde hace varios años, y la oposición tradicional o no genera una alternativa que sea seductora para el electorado ante una gestión que tiene éxitos que mostrar, o directamente se mimetiza con el oficialismo. En este escenario sólo crecen opciones duras, como el Partido Obrero, que ya es tercera fuerza en varios distritos salteños. Pese a lo que parezca, Tucumán no camina hacia el trotskismo, sino hacia la hegemonía.
Este es uno de los datos más relevantes de los comicios de constituyentes. Alperovich ya tiene una plataforma propia y con respaldo popular para proyectarse por fuera del partido que lo llevó al poder en 2003. Así lo entendieron los dirigentes del PJ, vinculados al vicegobernador Fernando Juri, quienes buscaron peronizar la victoria cuando todavía no había terminado el recuento en las escuelas. El mandatario les respondió con un gesto contundente: la primera reunión pública que mantuvo tras las elecciones fue con los candidatos y dirigentes de Participación Cívica, quienes se encargaron de dejar en claro que no son aliados del peronismo. El alperovichismo ya es algo más que un conjunto de obsecuentes funcionarios.
En los corrillos del poder no son pocos los que especulan sobre cuándo se producirá el divorcio entre Alperovich y el peronismo que se encolumnó tras de Juri. En el futuro inmediato hay varias tensiones programadas. La primera de ellas tendrá lugar en la Convención Constituyente, cuando deba definirse el sistema electoral que regirá en 2007. La polémica por la reelección limitada o acotada a un solo período quedó virtualmente diluida tras los resultados del domingo. En el oficialismo nadie duda de que Alperovich será el primer gobernador reelecto en forma consecutiva en la historia de Tucumán y, en un escenario político tan volátil, resulta de ciencia ficción especular con lo que sucederá en 2011. El problema a resolver, entonces, es qué pasará con el resto de los cargos electivos que se pondrán en juego el año próximo.
Legisladores, concejales, intendentes y comisionados rurales también tendrán la reelección habilitada con la reforma de la Constitución, pero nada les asegura que tendrán la venia del que manda para ser candidatos. El legislador Juan Eduardo Rojas se transformó en un conejillo de Indias sobre lo que puede sucederles a muchos si no se cambian las reglas de juego. El ex ombudsman tiene un trabajo territorial importante en varios barrios de la capital, pero quedó a la puerta de la Convención por el lugar que le tocó en la lista tras el reparto entre alperovichistas y juristas. En doce meses estarán en juego cargos rentados y de poder real, por lo que nadie querrá quedar sin chance de probar suerte. La derogada Ley de Lemas está cada vez más cerca de volver.
La conducción del PJ podría ser otro escenario para prolongar la pelea en el matrimonio del poder. A Alperovich no parece seducirlo la idea; de hecho, no duda en dar señales de que no considera al peronismo como su principal sostén, pero podría verse forzado si el presidente Néstor Kirchner decide hacer lo propio a nivel nacional. Aparece aquí el gran dilema del mandatario tucumano: cuándo blanquear sus aspiraciones de pelear por una cuota de lo que hoy se maneja desde la Casa Rosada.
Para pensar en su proyecto nacional, sin embargo, Alperovich necesita consolidar un modelo político a la salteña. En la vecina provincia, el peronista Juan Carlos Romero gobierna desde hace varios años, y la oposición tradicional o no genera una alternativa que sea seductora para el electorado ante una gestión que tiene éxitos que mostrar, o directamente se mimetiza con el oficialismo. En este escenario sólo crecen opciones duras, como el Partido Obrero, que ya es tercera fuerza en varios distritos salteños. Pese a lo que parezca, Tucumán no camina hacia el trotskismo, sino hacia la hegemonía.
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