21 Febrero 2006 Seguir en 
Como es sabido, la finalidad de la instalación de semáforos en la vía pública es la agilización del tránsito vehicular. La idea es que, cuando se encienda la luz verde, el conductor pueda avanzar, seguro de que tiene el camino libre hasta el punto en que cambie la indicación luminosa. Pero esto, tan elemental, no parece posible todavía en las arterias céntricas de San Miguel de Tucumán.
Quien avanza con luz verde, debe detenerse a cada momento para no arrollar a los peatones que hacen caso omiso de la indicación y que cruzan irresponsablemente por cualquier lugar.
De más está decir que este hábito, además de los riesgos que entraña, desvirtúa la finalidad de ordenamiento y fluidez que pretende lograrse con la colocación de semáforos. Insistimos en lo que hemos dicho otras veces.
Urge, en nuestra capital, una educación de los peatones acerca de las reglas que demanda la existencia de las referidas señalizaciones. Si esa educación no se alcanza de una manera óptima, no se operará modificación alguna en el complicado cuadro que exhibe el tránsito de nuestra ciudad.
Quien avanza con luz verde, debe detenerse a cada momento para no arrollar a los peatones que hacen caso omiso de la indicación y que cruzan irresponsablemente por cualquier lugar.
De más está decir que este hábito, además de los riesgos que entraña, desvirtúa la finalidad de ordenamiento y fluidez que pretende lograrse con la colocación de semáforos. Insistimos en lo que hemos dicho otras veces.
Urge, en nuestra capital, una educación de los peatones acerca de las reglas que demanda la existencia de las referidas señalizaciones. Si esa educación no se alcanza de una manera óptima, no se operará modificación alguna en el complicado cuadro que exhibe el tránsito de nuestra ciudad.
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