La maternidad y el paso de los años pueden transformar el cuerpo, pero ya no determinan necesariamente el guardarropa. Esther Brahim observa una generación de mujeres que, después de los 40, se permite más, selecciona mejor y cuestiona los viejos códigos sobre aquello que una mujer adulta “debería” usar.
Hubo una época en la que cumplir años también significaba despedirse de determinadas prendas. Los shorts, las musculosas o los vestidos cortos parecían tener una fecha de vencimiento y, a medida que una mujer atravesaba distintas etapas de su vida, se esperaba que su manera de vestirse acompañara esos cambios. La maternidad, los 40 o los 50 podían marcar el momento de adoptar un guardarropa más discreto, acorde con lo que socialmente se consideraba apropiado para cada edad.
Esa relación entre la ropa y el calendario comenzó a perder fuerza. Al menos así lo observa Esther Brahim, dueña de la marca de indumentaria que lleva su nombre. “Antes las mujeres se vestían de acuerdo a la edad. Hoy todo cambió, no existe edad para usar algo”, señala. Hoy las divisiones son menos estrictas y permiten que convivan diferentes edades alrededor de una misma tendencia, sin que necesariamente la interpreten de la misma manera. Las tendencias de la próxima temporada también podrán encontrarse en la nueva colección de Esther Brahim para el verano 2027.
La maternidad tampoco supone abandonar un estilo personal. Los cambios físicos que pueden aparecer después de tener hijos, y que durante mucho tiempo estuvieron asociados con la necesidad de modificar la forma de vestir, ya no representan necesariamente un condicionamiento. “Cuando son mamás y quedan con unos kilitos más, no es ningún impedimento para seguir vistiendo como antes”, sostiene Esther.
Esta mayor libertad también se refleja en la relación de las mujeres con su cuerpo. Brahim observa que muchas ya no tienen inconvenientes en mostrar “la flacidez” de sus brazos, algo que antes podía llevarlas a descartar determinadas prendas. No se trata de que los cambios físicos desaparezcan, sino de que dejen de ser un motivo para ocultarse o renunciar a ciertos estilos.
Sin embargo, esta apertura no significa que las mujeres presten menos atención a su vestimenta. Por el contrario, Esther considera que “el guardarropa después de los 40 años luce mejor que cuando se es más joven”, afirma, y destaca que a esa edad suelen ser más exigentes con lo que eligen. La experiencia de haber probado distintos cortes, estilos y tendencias les permite conocer mejor sus gustos y decidir con mayor criterio qué incorporar y sin necesidad de responder a una imagen de juventud.






