TAFI DE VALLE. Lugareños enlazando, junto a las casas de la estancia Las Carreras, hacia la época a la que se refiere la evocación de Faustino Velloso.
30 Mayo 2005 Seguir en 

En "Sintetizando recuerdos", Faustino Velloso traza una ilustrativa descripción de los carnavales de Tafí del Valle, tal como eran a fines del siglo XIX, época en que los presenció. Resultaban, dice, "muy divertidos y muy pintorescos", como "mezcla de fiestas paganas, cuyo rito principal eran el baile, las ?pechadas? y el alcohol".
Todos los años, para esa fecha, "los comerciantes del lugar instalaban su ?ramada? (especie de toldo confeccionado con ramas de árboles) , que servía por lo menos para atenuar los rayos del sol". Allí se instalaban la cantina y la orquesta formada por diversos instrumentos, entre los cuales "no faltaban el arpa, el violín, la caja o el bombo, que servía de monótono acompañamiento".
Acompañadas por sus madres, llegaban "las mozas exhibiendo sus almidonadas y multicolores polleras de percal, con sus trenzas negras rematadas por lazos de colores".
Ni bien se producía este arribo, los músicos empezaban a ejecutar su repertorio de polcas, zambas, gatos, chacareras y demás. "Poco a poco iban llegando los mozos, montados en sus mejores caballos. Al aproximarse al palenque, lo hacían ?pechando? para abrirse paso entre los que ya estaban allí montados, y para demostrar la destreza y pujanza de sus fletes".
Ya en la fiesta, "bailaban y jugaban de la manera más rara y pintoresca, arrojándose harina y agua". Así, a poco de empezado el juego, las chicas quedaban desfiguradas por el engrudo que se formaba. Después, los jóvenes les entregaban "ramitas de albahaca, como símbolo de simpatía y de amores recién nacidos. Si eran correspondidos, la ramita olorosa iba a posarse sobre la oreja de la moza, que desde entonces se sentía vinculada al hombre que así la había homenajeado".
Después venían las atenciones a las "cumas" -comadres- que eran tenidas muy en cuenta. Esto mientras retumbaban las voces del "tomo y obligo", especie de "varonil envite que obligaba tanto a quien lo formulaba como a aquel a quien iba dirigido". Por lo general, las fiestas duraban toda una borrascosa semana. Se las llamaba "Carnaval grande" y, a las del entierro, "Carnaval chico".
Todos los años, para esa fecha, "los comerciantes del lugar instalaban su ?ramada? (especie de toldo confeccionado con ramas de árboles) , que servía por lo menos para atenuar los rayos del sol". Allí se instalaban la cantina y la orquesta formada por diversos instrumentos, entre los cuales "no faltaban el arpa, el violín, la caja o el bombo, que servía de monótono acompañamiento".
Acompañadas por sus madres, llegaban "las mozas exhibiendo sus almidonadas y multicolores polleras de percal, con sus trenzas negras rematadas por lazos de colores".
Ni bien se producía este arribo, los músicos empezaban a ejecutar su repertorio de polcas, zambas, gatos, chacareras y demás. "Poco a poco iban llegando los mozos, montados en sus mejores caballos. Al aproximarse al palenque, lo hacían ?pechando? para abrirse paso entre los que ya estaban allí montados, y para demostrar la destreza y pujanza de sus fletes".
Ya en la fiesta, "bailaban y jugaban de la manera más rara y pintoresca, arrojándose harina y agua". Así, a poco de empezado el juego, las chicas quedaban desfiguradas por el engrudo que se formaba. Después, los jóvenes les entregaban "ramitas de albahaca, como símbolo de simpatía y de amores recién nacidos. Si eran correspondidos, la ramita olorosa iba a posarse sobre la oreja de la moza, que desde entonces se sentía vinculada al hombre que así la había homenajeado".
Después venían las atenciones a las "cumas" -comadres- que eran tenidas muy en cuenta. Esto mientras retumbaban las voces del "tomo y obligo", especie de "varonil envite que obligaba tanto a quien lo formulaba como a aquel a quien iba dirigido". Por lo general, las fiestas duraban toda una borrascosa semana. Se las llamaba "Carnaval grande" y, a las del entierro, "Carnaval chico".







