Carnavales tafinistos

Por Carlos Páez de la Torre (h).

TAFI DE VALLE. Lugareños enlazando, junto a las casas de la estancia Las Carreras, hacia la época a la que se refiere la evocación de Faustino Velloso. TAFI DE VALLE. Lugareños enlazando, junto a las casas de la estancia Las Carreras, hacia la época a la que se refiere la evocación de Faustino Velloso.
30 Mayo 2005
En "Sintetizando recuerdos", Faustino Velloso traza una ilustrativa descripción de los carnavales de Tafí del Valle, tal como eran a fines del siglo XIX, época en que los presenció. Resultaban, dice, "muy divertidos y muy pintorescos", como "mezcla de fiestas paganas, cuyo rito principal eran el baile, las ?pechadas? y el alcohol".
Todos los años, para esa fecha, "los comerciantes del lugar instalaban su ?ramada? (especie de toldo confeccionado con ramas de árboles) , que servía por lo menos para atenuar los rayos del sol". Allí se instalaban la cantina y la orquesta formada por diversos instrumentos, entre los cuales "no faltaban el arpa, el violín, la caja o el bombo, que servía de monótono acompañamiento".
Acompañadas por sus madres, llegaban "las mozas exhibiendo sus almidonadas y multicolores polleras de percal, con sus trenzas negras rematadas por lazos de colores".
Ni bien se producía este arribo, los músicos empezaban a ejecutar su repertorio de polcas, zambas, gatos, chacareras y demás. "Poco a poco iban llegando los mozos, montados en sus mejores caballos. Al aproximarse al palenque, lo hacían ?pechando? para abrirse paso entre los que ya estaban allí montados, y para demostrar la destreza y pujanza de sus fletes".
Ya en la fiesta, "bailaban y jugaban de la manera más rara y pintoresca, arrojándose harina y agua". Así, a poco de empezado el juego, las chicas quedaban desfiguradas por el engrudo que se formaba. Después, los jóvenes les entregaban "ramitas de albahaca, como símbolo de simpatía y de amores recién nacidos. Si eran correspondidos, la ramita olorosa iba a posarse sobre la oreja de la moza, que desde entonces se sentía vinculada al hombre que así la había homenajeado".
Después venían las atenciones a las "cumas" -comadres- que eran tenidas muy en cuenta. Esto mientras retumbaban las voces del "tomo y obligo", especie de "varonil envite que obligaba tanto a quien lo formulaba como a aquel a quien iba dirigido". Por lo general, las fiestas duraban toda una borrascosa semana. Se las llamaba "Carnaval grande" y, a las del entierro, "Carnaval chico".

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