Argentina, entre las certezas y las dudas: cinco virtudes y cinco aspectos a corregir antes de los octavos de final

La Selección volvió a demostrar que sabe ganar incluso cuando no juega bien. La pelota parada, el liderazgo de Messi y la fortaleza mental alimentan la ilusión, pero también quedaron señales que Scaloni deberá atender cuanto antes.

ESTRATEGA. Lionel Scaloni deberá trabajar duro con miras al partido del martes contra Egipto.
ESTRATEGA. Lionel Scaloni deberá trabajar duro con miras al partido del martes contra Egipto.
Por Bruno FaranoEnviado especial Hace 1 Hs

Resumen para apurados

  • La Selección Argentina clasificó a octavos de final del Mundial tras vencer a Cabo Verde, evidenciando fortalezas y debilidades que deberá corregir de cara al título.
  • Pese a la solidez mental y la efectividad en pelota parada, el equipo de Scaloni sufrió por transiciones lentas, falta de profundidad y poca presencia en el área rival.
  • El conjunto nacional enfrentará el martes a Egipto en octavos de final, un duelo clave donde corregir estos errores será determinante para mantener las aspiraciones al título.
Resumen generado con IA

La clasificación ya quedó atrás. Argentina está en los octavos de final del Mundial y mantiene intacto el objetivo de volver a pelear por el título. Sin embargo, la sufrida victoria sobre Cabo Verde dejó algo más que un pasaje a la siguiente ronda. Dejó señales, datos que no deberían pasarse por alto.

Algunas invitan al optimismo, otras encienden pequeñas alertas que, en un Mundial, conviene atender antes de que sea demasiado tarde. La Selección sigue mostrando recursos que la convierten en un candidato, pero también arrastra cuestiones futbolísticas que deberá corregir porque, en cada instancia, el margen de error será mucho más chico.

Las cinco virtudes

  • Sigue encontrando la manera de ganar: si algo distingue a la Selección que dirige Lionel Scaloni es su capacidad para resolver problemas. No siempre juega bien, no siempre domina con claridad y no siempre encuentra espacios; pero casi siempre termina encontrando una solución. Es una cualidad que acompaña a este ciclo desde hace años. Argentina aprendió a convivir con la incomodidad sin desesperarse. Contra Cabo Verde sufrió más de la cuenta, necesitó remontar dos veces el resultado y terminó resolviendo el partido desde una faceta distinta de la habitual. La "Scaloneta" ya no necesita que todo salga perfecto para ganar. Esa fortaleza competitiva puede ser una de las mayores diferencias en una fase eliminatoria.
  • La pelota parada dejó de ser un recurso y pasó a ser un arma: hace tiempo que dejó de ser casualidad. Contra Jordania llegaron dos goles de tiro libre directo, convertidos por Giovani Lo Celso y Lionel Messi. Frente a Cabo Verde, los tres tantos nacieron desde acciones de pelota parada: el zurdazo de Lisandro Martínez tras un córner y el cabezazo de Cristian Romero, también luego de un envío al área. Cinco goles consecutivos por esa vía hablan de un trabajo sostenido. Scaloni lo explicó después del encuentro: detrás hay planificación, ejecutantes de jerarquía y futbolistas con gran poder aéreo. En un fútbol en el que los espacios cada vez son menores, contar con una pelota parada confiable puede significar la diferencia entre seguir en carrera o volver a casa.
  • Messi sigue siendo el gran termómetro del equipo: el capitán volvió a convertir, pero su aporte fue mucho más allá del gol. Cuando Argentina perdió el control emocional del partido en los minutos finales, Messi retrocedió varios metros para convertirse en salida, pidió cada pelota, administró los tiempos y obligó al rival a perseguirlo lejos del área. En una de esas acciones generó una infracción cerca del área que permitió enfriar el encuentro. Su liderazgo ya no se explica sólo desde el talento, también aparece en la lectura de los momentos. Entiende cuándo acelerar, cuándo pausar y cuándo hacerse cargo del peso del partido. En una Selección llena de líderes, sigue siendo el faro que ilumina cuando el panorama empieza a oscurecerse.
  • La fortaleza mental sigue intacta: hubo un tiempo en el que un gol recibido cambiaba el ánimo de Argentina, pero ese equipo ya no existe. Cabo Verde empató dos veces el partido, sin embargo la Selección nunca perdió el orden ni abandonó el plan. No aparecieron los pelotazos sin destino, las corridas desesperadas, ni la ansiedad. El grupo volvió a demostrar una fortaleza emocional construida durante años de convivencia. Puede equivocarse, puede sufrir y puede atravesar momentos incómodos, pero rara vez pierde la cabeza.
  • Los automatismos siguen sosteniendo al equipo: después de casi ocho años de proceso, esta Selección juega con movimientos que parecen naturales. Los futbolistas saben dónde estará el compañero antes de levantar la cabeza, los relevos, las coberturas, las presiones y los desmarques responden a una idea que ya está incorporada. Incluso cuando el nivel individual baja, la estructura colectiva sostiene al equipo durante muchos pasajes del partido. Es un capital construido con tiempo, continuidad y trabajo.
  • Mucha posesión, poca profundidad: quizá sea la principal deuda de Argentina en este Mundial. Domina la pelota, controla el ritmo de los partidos y juega buena parte del tiempo en campo rival. Sin embargo, ese dominio rara vez se transforma en una catarata de situaciones claras. Hasta aquí, el equipo depende demasiado de Messi para romper los partidos. De hecho, todavía no convirtió un gol de jugada que no haya sido marcado por el capitán. El resto de los tantos llegaron gracias a pelotas paradas. El desafío pasa por convertir la posesión en profundidad porque tener la pelota no alcanza si no logra lastimar.
  • El retroceso dejó de ser una fortaleza: los números empiezan a marcar una tendencia. Cabo Verde remató apenas tres veces al arco y convirtió dos goles u Jordania también había anotado en prácticamente la única ocasión clara que generó. El problema no parece estar únicamente en la última línea. Cuando Argentina pierde la pelota, el mediocampo ofrece demasiados espacios. El trío compuesto por Rodrigo De Paul, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister está teniendo dificultades para reorganizarse rápidamente y proteger a los centrales.
  • Falta más presencia dentro del área: la movilidad de Julián Álvarez y Lautaro Martínez tiene muchas ventajas. Ambos salen de la zona para asociarse, arrastran marcas y generan espacios. Pero también aparece una consecuencia: muchas veces el área queda vacía; ningún volante termina ocupando esos espacios con continuidad. Argentina circula bien por afuera, pero le cuesta encontrar un destinatario claro para los centros o los últimos pases.
  • Encontrar soluciones contra rivales cerrados: Messi lo explicó con claridad después del partido. Cabo Verde cerró los espacios interiores, defendió con mucha gente y, por momentos, dio la sensación de tener siempre un futbolista más. Argentina manejó la pelota, pero lo hizo a un ritmo que facilitó el trabajo defensivo rival. Le faltó acelerar la circulación, apostar más al uno contra uno y generar desequilibrios individuales. Es un escenario que probablemente vuelva a repetirse porque cuanto más avance el Mundial, más equipos intentarán reducir espacios y apostar por partidos largos.
  • Resolver antes los partidos: el primer tiempo dejó una sensación difícil de ignorar. Cabo Verde respetó demasiado a Argentina; esperó muy atrás y prácticamente no la atacó. Era el contexto ideal para acelerar, encontrar el segundo gol y empezar a liquidar la historia. La Selección mantuvo el dominio, pero no logró traducirlo en una diferencia amplia. Dejó con vida al rival y terminó jugando un final mucho más incómodo de lo que el desarrollo indicaba. En la fase de grupos esas oportunidades pueden perdonarse, en los mata-mata, probablemente no.
Comentarios