Christian Herrera, el cantor que salió de un potrero de tierra y entró llorando a un estadio del Mundial: “No le puedo pedir más nada a Dios”

El folklorista salteño viajó a Dallas para ver a la Selección contra Jordania. Casi en el mismo momento firmó con Universal Music Argentina.

EMOCIÓN. Christian Herrera estuvo en Dallas viendo a la Selección y se mostró conmovido.
EMOCIÓN. Christian Herrera estuvo en Dallas viendo a la Selección y se mostró conmovido.
Por Matías AuadEnviado especial Hace 1 Hs

Resumen para apurados

  • El folklorista salteño Christian Herrera viajó al Mundial en Dallas para ver a la Selección, conmovido por su humilde historia de vida en Morillo y su crecimiento artístico.
  • Criado en un humilde pueblo salteño, Herrera consolidó una carrera de 20 años en el folklore y planificó el viaje a EE.UU. ahorrando junto a su familia durante dos años.
  • Coincidiendo con su firma con Universal Music, Herrera busca potenciar el folklore a nivel internacional y demostrar a los niños de su pueblo natal que es posible progresar.
Resumen generado con IA

Christian Herrera cruzó el ingreso del AT&T Stadium filmándose con el teléfono. Afuera, los más de 30 grados de Dallas no daban tregua. Adentro lo esperaba un recinto techado, con aire acondicionado al mejor estilo shopping, donde minutos después la Selección le ganaría 3 a 1 a Jordania para cerrar la fase de grupos de la Copa del Mundo. Acompañado por su familia, caminó hacia su butaca con lágrimas en los ojos. "Sentí ganas de llorar todo el tiempo desde que salí del hotel. Ahí se me atravesó la historia de vida", cuenta hoy a LA GACETA, sentado en una de las galerías del Hotel Riu Plaza Miami Beach donde se está hospedando.

Esa trama empieza lejos de cualquier estadio del primer mundo. Herrera viene de Morillo, Coronel Juan Solá, un pueblo del Chaco salteño. "Es un pueblito chiquito: somos 6.000 aproximadamente, poquitos", lo describe. Ahí aprendió a jugar a la pelota en la calle, descalzo, con pelota de trapo, en las calles de tierra del pueblo. “En verano, la cosa seguía hasta las dos o las tres de la mañana, hasta que aparecían las mamas de antes con el cinto en la mano y había que ir a bañarse y a dormir", grafica.

En esos campeonatos de barrio compartió la cancha con chicos de la comunidad wichí, con la que convive el pueblo. "Los chicos hasta el día de hoy muchos andan descalzos, y no porque quieren, sino porque no hay. Vivo, vengo de una zona carente del país", aclara. Por eso, dice, hoy se le hace un nudo en la garganta al estar cumpliendo un sueño.

El hombre que lloró en Dallas

Para los que están entre sus más de 295.000 seguidores en Instagram, presentarlo está de más. Para los que no, conviene saber que Herrera es uno de los referentes del folklore del norte, "El Cantor del Monte", con más de dos décadas de trayectoria, la Consagración del Festival de Jesús María 2024 y la de Cosquín 2025 en el currículum. Desde hace más de veinte años está al frente de la Fundación Morillo Canta por los Niños, un festival solidario que lleva materiales, médicos y abogados a comunidades del Chaco salteño. A los veinte años se fue a Tucumán a estudiar y nunca soltó la guitarra.

Llegar a Dallas no fue un golpe de suerte. "Hace como dos años planificamos el viaje con la familia", cuenta. La logística fue casi tan exigente como una gira: ahorrar todos los meses durante dos años para pagar los pasajes de todos. "La familia es el motor de todo esto. Si no están ellos, es imposible que yo pueda concretar muchos sueños", asegura. Detrás suyo, además, hay una estructura de trabajo grande. "Nosotros somos 30, somos 26 los que viajamos y cuatro o cinco que trabajan desde la casa", detalla cuando habla de su equipo artístico.

"¿De qué vas a vivir?"

Herrera valora cada paso dado. "El arte no es fácil. Al mundo entero le cuesta reconocer remuneradamente el arte. Vos agarrabas la guitarra hace un par de años y la familia te preguntaba de qué vas a vivir", dice. Esa pregunta, cree, recién ahora resuena con una melodía menos angustiante: "Hoy se reconoce un valor económico al trabajo nuestro".

Cristian Herrera disfruta el fruto de su trabajo. Cristian Herrera disfruta el fruto de su trabajo.

Entre tanta oferta musical, Christian cree que lo que atrae a los más de 350.000 oyentes mensuales que tiene en Spotify no pasa por su disciplina o su capacidad técnica. "Yo creo que el mostrarme auténtico, que la gente sepa de dónde vengo, quién soy y que los valores no se traicionan, hermano. Los valores se gestan a partir de la casa, desde niño, desde la escuela", contesta. El resto, dice, son las melodías que le aparecen y la letra que monta sobre una escuelita rural o un árbol del Chaco salteño.

El contrato

A la emoción del Mundial se le sumó, casi al mismo tiempo, otro hecho: firmó con Universal Music Argentina un acuerdo editorial que protege y promociona su catálogo. "Estar ahí y poder llevar nuestra banderita, humildemente, del folclore, creo que es muy importante para el género", dice. Y se pone una exigencia: "Redoblar la apuesta, sin lugar a duda. Mostrarle a nuestro público, en especial a los niños, que el folklore es lo más importante que tenemos en el país".

Herrera dice que durante su carrera ha tenido "muchísimas más frustraciones que cosas lindas", pero que "hay que bancarla". De esas frustraciones, plantea, aprendió un montón. Hoy sigue con la misma disposición que en sus comienzos: "Abrir los ojos y las orejas para seguir aprendiendo".

Salta de sangre, Tucumán de crianza

La bandera que llevó al estadio resume su biografía en dos palabras: "Tucumán/Salta". "Son mis dos amores", se ataja ante algunos reclamos recibidos en su provincia natal. A Salta le debe el origen. "Le agradezco a Salta por haberme dado la sangre, el ADN, la herencia de cantar folklore", explica. Se acuerda de los guitarreros que de chico llegaban a su casa en un cumpleaños o en una santiada, los bombos y los violines con los que se metían al campo a hacerle una jornada a la virgencita de Guadalupe, a San Lorenzo, a San Antonio. Sus viejos, sus abuelos, sus tíos. De ahí salió el cantor.

A Tucumán le debe lo que vino después: se fue a los veinte a estudiar y la provincia lo terminó adoptando. La describe como una tierra que "late cultura, late tradición", con festivales que para él son "lo más lindo del país" y un público que "cuando te abraza lo sentís". Ahí armó familia y ahí, dice, encontró "las herramientas para instrumentar la carrera". Se hizo tan tucumano que se define "bien overo": todavía juega en los seniors de San Martín en Ciudadela. Se reconoce como futbolista frustrado, mediocampista por la derecha de los que meten el pase y le ponen voluntad.

Esa mezcla, la sangre salteña y la crianza tucumana, es la que cree estar defendiendo cada vez que canta. Para Herrera el folklore no es un género más. "Es la música madre, la que está en nuestro ADN. Ahí hay sentido de pertenencia, hay tradición, hay cultura", dice, y agrega que es "el orgullo de nuestros viejos, que construyeron esta patria". Eso fue lo que se le atravesó al entrar al AT&T Stadium, lo que le puso el nudo en la garganta: no la cancha ni las cámaras, sino el pueblo de tierra del que salió y los chicos que siguen jugando descalzos en Morillo. A ellos les apuntó cuando se filmó entrando: "Se me hacía oportuno mostrarles a los chicos que estamos conectados a través de nuestras canciones. Hoy, conectado con los niños, no le puedo pedir más nada a Dios".

AGENCIA ALAS TURISMO El equipo periodístico de LA GACETA viaja seguro por la ruta mundialista gracias a Alas Turismo. Planifica tu próximo viaje con Franco Ponce y el equipo de expertos.
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