“El jardín de las promesas -el musical-” se despedirá de la escena tucumana esta noche, a las 20, en la sala Juan Tríbulo del teatro Alberdi (Crisóstomo Álvarez y Jujuy), con su propuesta de “un viaje dramático y poético sobre la fidelidad a uno mismo, la lealtad a los afectos y la posibilidad de amar más allá del miedo, los prejuicios y el paso del tiempo”, según adelanta para LA GACETA Ricardo Gómez Madrid, autor del texto y protagonista junto a Adrián Llovera, Zulema Ponce, Daiana Lazarte y Alexis Saez Villegas, con dirección de Leonardo Gavriloff.
- ¿Solamente siendo fiel a uno mismo se puede serlo al resto?
- Estoy seguro de que es así. Las relaciones humanas genuinas dependen de la coherencia entre lo que la persona piensa y expresa primero ante sí mismo, luego ante los demás. La lealtad hacia el otro funciona igual: pareja, amistad, una idea o incluso una promesa. Una persona que actúa en contradicción con su propia verdad termina ofreciendo vínculos frágiles, sostenidos por el miedo, la costumbre o la necesidad de aprobación. Ser fiel a uno mismo no implica egoísmo: es reconocer la identidad propia, negarse a generar resentimientos y dualidades, y evitar que la persona empiece a vivir de las apariencias. El ser humano debe asumir responsablemente su propia verdad antes de pretender construir vínculos genuinos.
- ¿Qué implicó escribir esta obra?
- Aunque la anécdota en sí es puramente ficcional, los personajes son reales y sus pequeñas grandes tragedias están cerca de todos. Me gusta definir esta obra como una pieza íntima que aborda la fidelidad a los afectos y la lealtad ética frente a los grandes compromisos. La simplicidad de la historia permite construir universos simbólicos que admiten el cruce entre pasado y presente, realidad y evocación. El Parque 9 de Julio, una vendedora de praliné, la presencia de flores en el piso y hasta la lluvia nos acercan a un universo simbólico en donde todo es posible, hasta el amor en un mundo de conflictos.
- ¿Qué te da el género del teatro musical como construcción artística?
- Produce un cruce entre música, palabra y silencio que permite construir una poética. En teatro cada elemento tiene un sentido dramático y simbólico que tiende a buscar al espectador, y la música no es para ornamentar sino para establecer un lenguaje dramático autónomo que amplíe las posibilidades expresivas del teatro. La música es capaz de transformar la acción escénica en una experiencia emocional y simbólica; además, permite expresar emociones con una profundidad que el lenguaje hablado a veces no logra. Un personaje puede ocultar sus sentimientos en el diálogo, pero la música revelará ese mundo interior. Desde lo teatral, una canción puede funcionar como expansión del conflicto y el espectador no solo comprenderá una emoción: la experimentará sensorialmente. Esas razones me hacen amar al musical, un género que tiene muchos desafíos y dificultades, pero que genera también adhesión popular.
- ¿Qué significa haber conseguido que Gavriloff dirija, en su reencuentro con el público tucumano como director?
- Hace ya muchos años iniciamos con Leonardo una asociación artística que se dio de una manera natural, espontánea, sencilla. No es músico, pero tiene una sensibilidad enorme que le permite decodificar ese vocabulario y enunciarlo dramáticamente; los resultados siempre eran más que satisfactorios para mí. No es raro entonces, que este sea el décimo trabajo que realizamos en conjunto y que sea, como siempre, un honor y una alegría que dirija mi obra tanto como ser dirigido por él.
- ¿Cómo eligieron el elenco?
- Este elenco tiene raíces artístico-afectivas. Con Adrián tengo una amistad de muchos años, desde los 80, y no es el primer musical que hacemos, aunque este es su primer desafío en un teatro en donde el texto es tan presente como la música. El resultado sorprende, al igual que con Zulema, que por primera vez se presenta cantando, ya que proviene del teatro de texto; su sensibilidad le permite lograr excelentes resultados. El resto del elenco son actores egresados de la UNT, con una marcada experiencia musical; el caso de Daiana es más bien intuitivo mientras Alexis ha sido coreuta en varias agrupaciones.







