En relación con la nota sobre quema de vegetación en Tucumán de Juan A. González (26/05), distorsiona la realidad plantear la evolución de las quemas de cañaverales sin referencias al impacto del clima en los años que aumentan o disminuyen. Sin indicar su evolución respecto a quemas de vegetación en zonas sin caña pero con clima mediterráneo similar. Sin referencia respecto a los cambios en el mix de quemas entre caña en pie y rastrojos. Y más aún, sin referencias a los cambios en la superficie plantada, que pasó de 185.000 a más de 300.000 hectáreas. Los avances son significativos, las situaciones problemáticas están sobre todo relacionadas con las inclemencias climáticas que son independientes de controles y sanciones y afectan a todo tipo de vegetación, no sólo a caña. Ciertamente que el problema es estructural y que se agrava con el cambio climático. La mitigación y adaptación pasan por seguir con la concientización de la población y avanzar con las certificaciones de buenas prácticas agronómicas y de manejo de pastizales en zonas aledañas especialmente en rutas y caminos. El destino de los excedentes de rastrojos provenientes de la generalizada cosecha en verde (ya responsables de gran parte de los incendios), depende de la adopción de programas que premien debidamente su potencial de generación en firme a lo largo de todo el año, para hacer frente a las mayores inversiones que requiere su recolección y procesamiento en calderas especiales.
Santiago Paz-Brühl
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