Recuerdos fotográficos: la casa de Juan Heller, donde en 1917 funcionó un breve gobierno paraleloos
En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.
La casona de Crisóstomo Álvarez 708, esquina Chacabuco (foto central), perteneció a la familia de Juan Heller desde 1883 hasta que en 1969 fue demolida para dar lugar a una sede bancaria y luego al actual Tribunal Oral Federal (foto pequeña). Era una casona tradicional del siglo XIX, con balconería austera, maciza puerta de calle con aldabón y adentro un patio donde “reventaba la alegría de las macetas junto a la austera línea de los dormitorios o la imponencia de la recepción y el comedor”, dice la nota de LA GACETA del 07/07/69, en la que se cuenta que la piqueta ponía fin a la vivienda. Allí nacieron Juan (1883), Corina (luego esposa de Fernando de Zavalía), Elena y Mercedes (después esposa de León Rougés).
Heller -quien no se casó y no tuvo hijos- ocupó el sector sur, que daba a la calle Chacabuco. “Las casas tenían comunicación interna y Heller almorzaba y comía en el gran comedor, con toda su familia. Pero era en su galería y su patio, rodeado por la florida enredadera que colgaba, por macetones con plantas y a la sombra de un palto, que se sentaba a leer en una vieja reposera de hierro, cuando no estaba en el escritorio”, cuenta Carlos Páez de la Torre (h) en su conferencia del 07/09/2004 sobre el jurisconsulto y humanista.
Las paredes cobijaron su espléndida biblioteca, sus largas jornadas de estudio como magistrado de la Corte y sus traducciones de los clásicos, añade la nota de LA GACETA. Allí se reunieron en las jornadas fundacionales de la Universidad con Juan B. Terán, su cuñado León y Alberto Rougés, Ricardo Jaimes Freyre, Ernesto Padilla, Julio López Mañán y Miguel Lillo. Heller y su cuñado León, industrial azucarero y figura de la política, habían instalado en una de las habitaciones una pedana para ejercitarse en esgrima y tiro. Más de una vez, utilizando pistolas con balas de cera, celebraban imaginarios duelos para mantenerse diestros.
En noviembre de 1917 la Cámara de Diputados planteó juicio político contra el gobernador Juan Bautista Bascary, a pocos meses de iniciarse su mandato. En medio de las tensiones entre Legislativo y Ejecutivo –con enfrentamientos entre policía y opositores- y apenas decretada la suspensión del gobernador, León Rougés, como presidente del Senado, dispuso asumir el mando de la Provincia e instaló el gobierno en esta casa, que se convirtió en sede de un gobierno paralelo. El día de la sesión del juicio político, 5 de noviembre, el Gobierno, a punta de pistola, fue a desalojar la vivienda y con una barreta se abrió la reja de entrada. Cuando los uniformados invadieron la casa, la intervención de Ernesto Padilla impidió un enfrentamiento armado. Rougés y su designado gabinete fueron arrestados y deportados. El incidente desembocaría días después en una intervención federal al gobierno provincial, que duraría hasta julio de 1918, cuando Bascary fue restituido en el cargo.








