Resumen para apurados
- Protagonistas de la cultura en Tucumán enfrentan una crisis estructural en 2024, impulsando nuevas estrategias de reinvención para sostener la actividad artística regional.
- Con el teatro tucumano ante su peor año en tres décadas, el sector busca mitigar la caída del consumo cultural mediante la autogestión y la adaptación de sus formatos tradicionales.
- El éxito de estas tácticas de supervivencia definirá la continuidad del ecosistema creativo local y establecerá un precedente sobre la resiliencia del arte ante contextos adversos.
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El talento solo no alcanza
“La realidad de la gestión cultural hoy exige mucho más que talento sobre el escenario, porque el compromiso artístico choca con la realidad del mercado”, advierte Marcelo Llenes, quien impulsa el Centro Cultural Aconquija en Yerba Buena (avenida Aconquija 1.978, frente a la Municipalidad), donde conviven las muestras plásticas, los talleres de danza, teatro y canto y las representaciones artísticas. “Existe una preocupación latente sobre los ingresos y los costos, que no logran acompañar el ritmo de los aumentos diarios en costos operativos y de vida: mantener el Centro Cultural y ofrecer precios accesibles para el público es el mayor reto para que la cultura local sea sustentable”, admite.
El gestor independiente reconoce que “los espectáculos se realizan con una frecuencia menor que en temporadas anteriores, lo que ha obligado a los grupos a redoblar esfuerzos”. “Para ampliar el alcance y garantizar la viabilidad de los proyectos, los elencos están sumando figuras de producción y buscando activamente el apoyo de sponsors, en un trabajo de redes colaborativas”, explica.
No solo el escenario vive este cambio. “Los talleres también atraviesan un proceso de adaptación, donde la difusión y la publicidad estratégica se han vuelto herramientas vitales para sostener los espacios de aprendizaje -señala-. La visibilidad constante es el motor que permite mantener propuestas activas y accesibles. Para expandirse, el ballet de la Fundación Aconquija dio un paso estratégico al incorporar actores de distintas localidades a su elenco, lo que busca diversificar y enriquecer su propuesta estética. En paralelo, se está consolidando un proyecto de salidas educativas, con una visión a largo plazo: formar y sensibilizar a nuevos espectadores, acercando el arte a las nuevas generaciones de una manera orgánica”.
Hoy, salir se volvió un lujo
Cecilia Paliza reúne en el céntrico espacio que lleva su apellido, a metros de la plaza Independencia, una propuesta gastronómica cultural que seduce en dos actividades que hoy están en problemas. “La caída del consumo es evidente y afecta a todo el sector de bares y restaurantes; sentimos el impacto en los mediodías sobre todo, mientras que en las noches y los fines de semana tenemos el espacio completo. Hay que entender que salir se volvió un lujo y que muchas familias eligen hacerlo una sola vez al mes. Por eso, hay que asumir la responsabilidad de ofrecer una experiencia completa, donde cada detalle esté cuidado. La gente busca seguridad al momento de invertir su dinero. No podemos paralizarnos y quedarnos en lo que tenemos o lo que nos pasa”, afirma.
Lo de la Paliza está en Laprida 181 y su anfitriona plantea que “el público no es ingenuo: percibe todo, desde la calidad del plato hasta la limpieza de un baño, desde cómo se lo recibe hasta el clima general del lugar, y en ese nivel de exigencia se define la salida”. “La crisis es real, pero también es una oportunidad para profesionalizarse y elevar estándares; solo quienes logren adaptarse, ofrecer calidad y trabajar en equipo van a poder sostenerse y crecer”, dice.
“En los formatos que combinan espectáculo, hay tres pilares fundamentales que están fallando. El primero -y más importante- es adaptarse a las nuevas formas de comunicación. Es clave dejar de lado la idea de que lo de antes sigue funcionando igual. Escucho mucho la idea de que ‘lo de hoy es todo superfluo’, pero se puede ofrecer algo con profundidad entendiendo el nuevo lenguaje, las nuevas plataformas y las formas en las que el público decide. No adaptarse es quedar fuera del sistema. El segundo pilar es la calidad integral: no subestimar al artista ni a la gastronomía, porque no alcanza con un buen show si la comida es débil, ni viceversa. Ambos aspectos deben dialogar, sin subestimar al público. El restante es trabajar en equipo: el artista tiene que sentirse parte, ser bien recibido y estar comprometido con la convocatoria”, resalta.
Paliza tiene una escuela de música, donde “también se notó más este año que en otros que es una actividad no necesaria y que la gente prioriza otros gastos y que hay muchas más escuelas y profesores como herramientas a distancia”. “La gente pregunta mucho más sobre la formación y quiénes la dicta, y que no es elegir la opción más barata sino la que más los acerque a lo que buscan. Evalúan seguridad a la hora de invertir su dinero y tenemos la responsabilidad de responder a su decisión”, agrega.
“La coyuntura no depende de nosotros. No vamos a negar que el sector necesita algún tipo de ayuda, pero sentarnos a esperar la solución externa puede demorar mucho tiempo. Debemos asumir lo que está bajo nuestro control, desafiarnos y trabajar”, concluye.
Independiente o indigente
En Tucumán hay más de 900 actores, más de 20 salas y espacios independientes y cada año se estrenan y reponen más de 50 obras de teatro y musicales. Ese es el cálculo oficial del delegado general en la provincia de la Asociación Argentina de Actores y Actrices, Jaime Mamaní, quien remarca que “todo ese ecosistema es imposible sostener con el poco aporte estatal que se recibe”. “Parece que la cultura, su promoción y desarrollo no fuese importante patra los políticos, porque vemos la falta de políticas sostenidas para el sector. Hoy se repite la frase ‘teatro independiente=teatro indigente’ en las asambleas. El teatro está en terapia intensiva, pero sigue latiendo”, se queja.
El sindicalista sostiene que “el teatro es un espacio donde convergen todas las artes, donde los pueblos se expresan y vidriera de la realidad social; desde los grupos independientes de los 60 hasta las salas autogestivas de hoy, la provincia es semillero de actores, dramaturgos y directores que marcaron la escena nacional pero en estos últimos años atravesamos una de sus peores crisis”. “La inflación y la pérdida del poder adquisitivo golpearon directo a la boletería. Una entrada a precio popular muchas veces no cubre los costos de producción, que incluye alquiler de sala, técnica, vestuario, difusión, etc. Montar una obra independiente cuesta mucho esfuerzo. Sin subsidios, muchos elencos trabajan a pérdida o directamente no estrenan”, reconoce.
“Venimos pidiendo desde hace tiempo una reunión con las autoridades para diagramar una política cultural, sin obtener respuesta. El hecho de entender que la cultura es entretenimiento, nos lleva solo a su banalización, cuando es tan importante como la salud, la educación, la seguridad o la justicia”, alerta.
"Del Estados esperamos cosas sencillas"
El espacio simbólico que ocupa desde hace tiempo la Sociedad Francesa de Tucumán en el concierto de la actividad artística y cultural de la provincia le da identidad propia y autoridad a su referente y conductor a la hora de hablar de lo que se está viviendo en ese sector.
“Este año arrancamos con memorables encuentros con obras de Martín Giner, Jorge de Lassaletta, Carlos Correa y Ricardo Salim, con récord de venta de entradas para sus funciones. Pero, al mismo tiempo, nos enfrentamos con una merma en el volumen de estrenos, con una caída del 50% con respecto a 2023”, sostuvo Gerardo Isas.
En ese universo de reposiciones que menciona van desde obras teatrales como “Florecitas del monte” (actualmente en escena) o una versión del clásico “Tartufo”, junto a experiencias como “El libro circular”, que permite al público a apropiarse de los distintos espacios de ese centenario edificio de San Juan 751.
“La Socidad Francesa abre sus puertas a emprendimientos culturales independientes, siendo un componente de, algo así, como el ‘West Side’ del Ente Cultural”, afirma, en referencia a la complementariedad de proyectos. “Somos, por naturaleza, un espacio vinculado a la cultura y el espectáculo, y sabemos cómo acompañar los cambios en el objeto de consumo de arte de calidad de los tucumanos; esa es nuestra vocación”, añade.
En ese sentido, detalla: “los consumidores de cultura buscamos algo limpio, breve, novedoso, nada que deba comprar y todo barato. El teatro de cercanías, la sala con usos diversos, los actores como empresarios del arte son caminos que deben comenzar a transitarse”.
“Del Estado, esperamos cosas sencillas. Por ejemplo, esperamos una evolución sobre la cultura de lo gratuito que propone el Ente (desde ópera hasta hacer pan), con la que sale a competir en forma desleal contra la magnífica industria tucumana de producción de bienes culturales; así como aguardamos del Ente de Turismo un ciclo de teatro para quienes visiten la provincia”, finaliza.
"Estamos viviendo un retroceso devastador"
Con más de 30 años de funcionamiento de su sala Luis Franco dentro de El Círculo de la Prensa, y una década más como docente teatral, Raúl Reyes levanta su voz para plantear el momento complejo que vive la actividad, “a pesar de la persistencia y la resistencia del devenir poético y artístico de los teatristas, que hacen gala de su inclaudicable producción del campo imaginario a fuerza de voluntad y trabajo apasionado”.
“Estamos viviendo un retroceso devastador de las condiciones materiales de la actividad teatral. Con la Ley Nacional de Teatro y la ley provincial -aún no reglamentada-, pudimos acceder a bienes, equipamientos, incluso a la adquisición de inmuebles en algunos casos, junto con la ayuda para el funcionamiento de salas y la producción de obras. Hoy hay una clarísima política de desatención y vaciamiento tanto en el ámbito del Estado como en el de los independientes, que nos enfrenta a una vuelta de tuerca que amenaza con hacernos retroceder a épocas de cierres, de suspensión o de cancelación de proyectos”, denuncia.
El director asevera que “la ayuda estatal es prácticamente nula y eso impacta de manera directa en la sostenibilidad de los espacios; aun así, seguimos trabajando y sostenemos cierta convocatoria, aunque en condiciones frágiles”. “El principal sostén independiente no son las funciones sino las actividades pedagógicas -cursos y talleres-, que permiten que la actividad continúe sin deteriorar su calidad. Los costos aumentan de manera constante, pero no pueden trasladarse al precio de las entradas porque el público también está atravesado por la crisis. Esto genera un equilibrio delicado. En cuanto a la difusión, apostamos a las redes y a los medios, pero el boca a boca sigue siendo el motor central, casi orgánico, que mantiene vivo el vínculo con la comunidad”, dice.
Al tiempo de afectuar propuestas, considera “imprescindible fortalecer la articulación entre teatristas y sostener el trabajo colectivo, pero no solo como estrategia de supervivencia, sino como una forma de habitar el teatro como un espacio de construcción común, de pensamiento compartido y de producción de sentido”.
“Incluso en estas condiciones, hay algo que persiste: la creación. El teatro -como el arte en general- configura un campo imaginario y colectivo donde se elaboran experiencias, se tensan preguntas y se ensayan formas de mirar el mundo. En ese sentido, no depende exclusivamente de las condiciones materiales, aunque las necesite, sino también de una voluntad que lo excede. El arte registra los murmullos secretos de una comunidad y muchas veces anticipa, intuye, roza zonas que todavía no son del todo visibles. No de manera programática, sino porque en los procesos creativos se ponen en juego cuerpos, sensibilidades y subjetividades que exploran lo incierto. Más allá de las dificultades, lo que nos sostiene es el deseo de seguir creando, investigando y produciendo como práctica viva”, finaliza.







