
El pasado domingo 22 de febrero se cumplió el primer año de un hito personal que terminó transformándose en una misión colectiva: rendir la última materia para recibirme de Licenciado en Tecnología Educativa en la UTN. Sin embargo, el verdadero título no me lo dio un diploma, sino los ojos de los chicos en las escuelas de barrios vulnerables donde la realidad suele ser esquiva. En ese contexto, me encontré con una realidad que duele: apenas un 10% de alumnos alfabetizados en un primer grado al llegar al mes de septiembre en una escuela de la Capital. Siempre decidí que mi tesis y mi propósito profesional debían ser poner la tecnología al servicio de la inclusión y no del privilegio. Así nació Litera (disponible en Play Store y que funciona con o sin internet), una app diseñada para reforzar la lectoescritura donde más falta hace. Pero la herramienta no fue el único factor. He creado un método de enseñanza integral diseñado específicamente para trabajar con la aplicación, donde la mediación pedagógica y el recurso digital se potencian. Los resultados me desbordaron: aplicando este método y la app, en solo tres meses el índice de alfabetización saltó del 10% al 80%. Esta experiencia me demostró que el problema no es la falta de capacidad de los niños, sino la falta de herramientas y estrategias adecuadas. Escribo esta carta para generar conciencia: la tecnología educativa, bien aplicada y con un método sólido, tiene el poder de cambiar vidas y devolver derechos. No necesitamos soluciones complejas para problemas profundos; necesitamos ideas con propósito y la verdadera voluntad de llevar el aula al siglo XXI, especialmente allí donde la inclusión es la única oportunidad de un futuro distinto.
Nicolás Medina Jiménez
nicomedina177@gmail.com




