Arrancó en el fútbol del CEF 18, eligió el rugby y hoy es una pieza clave en Tarucas
Thiago Sbrocco fue una de las figuras del triunfo de la franquicia del NOA en su debut en el Súper Rugby Américas: anotó dos tries y fue fundamental para el equipo de Álvaro Galindo. Ahora buscará repetir su actuación frente a Peñarol, en Uruguay.
Sbrocco fue uno de los puntos sobresalientes de Tarucas en el debut frente a Selknam. Osvaldo Ripoll/LA GACETA
Quedaba menos de un minuto en el reloj. Eran segundos para que se cumpliesen los 80 reglamentarios. Nada. Tarucasya tenía el partido en el bolsillo: había mostrado una superioridad clara en el pack y había sido más que Selknam durante gran parte de la noche. Pero Thiago Sbrocco quería más. Su sed de victoria era gigantesca y necesitaba darle un cierre distinto a la historia. Como si el destino lo hubiese escrito así, tomó la ovalada cerca de mitad de cancha, metió un cambio de paso y quebró la línea defensiva chilena. Mientras corría, sonreía. Y cuando pisó el ingoal, se zambulló para sentenciar la función en “La Caldera del Parque”. Máximo Ledesma acertó la conversión y decretó el 41-13 para un debut soñado. Pero ni Tarucas ni Sbrocco están conformes. Saben que ese fue apenas el primer peldaño de una escalera larga, empinada y traicionera. Y que ahora llega una prueba diferente. Mañana, desde las 20, en el estadio Charrúa de Montevideo, el equipo del NOA enfrentará a Peñarol en un duelo que puede marcar tendencia en el Súper Rugby Américas.
“Muy contento, sobre todo por el grupo”, resumió Sbrocco, todavía con la adrenalina fresca. Su try fue la frutilla del postre, pero también la síntesis de lo que el equipo había entrenado durante la pretemporada. “Se pudo dar lo que veníamos entrenando”, insistió. Esa es la clave. No fue una genialidad aislada: fue la consecuencia de un trabajo colectivo. Incluso esa efectividad fue la causa de su aparición dentro el XV ideal del Súper Rugby Américas.
Incluso la estadística tuvo algo de guiño del destino. “No me había dado cuenta, pero sí, justo a los 80”, comentó sobre el momento exacto del try. Una escena perfecta para una noche que tuvo todos los condimentos: contundencia en el scrum, eficacia en el line y una defensa sólida que maniató a Selknam.
El respaldo del público fue otro punto alto. “Todo el entorno es lindo. No solo que está mi familia, mis amigos, sino gente de otros clubes que te saludan como si te conocieran hace muchísimo. Eso también es lindo, porque de algún modo se sienten parte”, explicó. Tarucas logró algo más que un triunfo: ya empezó a generar esa pertenencia con el público.
La jugada del try tuvo su cuota de picardía. “No es que lo pienso. La agarro y sale. Me puede salir bien, como esta vez, o me puede salir pésimo”, dijo. El riesgo forma parte del ADN del equipo. Se animan a jugar, a romper estructuras. Y cuando sale, el espectáculo aparece.
Ahora, el foco está puesto en Peñarol. Un rival que exige desde lo físico y desde lo mental. “Va a ser un partido muy intenso. No sé si tendrán la misma base del año pasado, pero es un equipo muy intenso”, advirtió Sbrocco. Además, la superficie sintética del Charrúa cambia la ecuación. “Eso cambia mucho. El ritmo es mayor, hay que mover mucho las patas y en el contacto también es un punto de partida”, indicó.
El antecedente es alentador. En 2025, Tarucas ganó en Montevideo en uno de los triunfos más resonantes de su corta historia. Pero en el plantel nadie se aferra al pasado. “Estamos enfocados al 100 por 100”, indicó.
Detrás del jugador hay una historia familiar que explica muchas cosas. El rugby llegó a su vida por su hermano mayor, Nicolás, que empezó a los 17 llevado por un compañero del colegio. Después lo siguieron Bruno y él, el menor de los tres. “Tenía 11. Jugábamos al fútbol también, seguíamos al más grande, pero el rugby no hay otro deporte como el rugby en el sentido de las amistades que se forman. Es muy lindo”, contó.
Los tres pasaron por el CEF 18. Se movían en taxi de un lado a otro para no dividirse. “Separarme y quedarme en fútbol y que los otros fueran a rugby, era algo difícil. Entonces fuimos los tres”, dijo. La familia es un bloque. Padres, hermanos, tíos, abuelos. Todos en la tribuna. “Se vive con mucha intensidad”, reconoció.
Ese sostén también es clave cuando las cosas no salen. “Me apoyan siempre, salgan bien o mal”, aseguró. En un torneo tan exigente, donde cada fecha puede cambiar el panorama, la estabilidad emocional es tan importante como el scrum. ¿El objetivo? “Tenemos que seguir formando el grupo. Eso es día a día. Darnos manija en el sentido de siempre tener ganas, siempre buscar mejorar. Y como objetivo del torneo, entrar en una semifinal”, explicó. No hay euforias desmedidas. Hay ambición con los pies sobre la tierra.
El 41-13 frente a Selknam dejó señales claras: el pack respondió, la defensa fue sólida y el equipo supo golpear en los momentos justos. Pero Montevideo será otra historia. La intensidad de Peñarol, el ritmo de la cancha sintética y el contexto de visitante pondrán a prueba el carácter de Tarucas.
La zambullida de Sbrocco en La Caldera fue un símbolo. El deseo de ir por más, aun cuando el partido ya estaba resuelto. Esa mentalidad es la que el equipo intentará trasladar al Charrúa. Porque si algo dejó en claro el debut es que Tarucas no quiere conformarse con un buen arranque. Quiere construir algo más grande.
Y esta noche tendrá la oportunidad de demostrar que lo de Tucumán no fue una función aislada, sino el primer acto de una temporada que promete emociones fuertes.








