Sentir miedo a lo que desconocemos: la muerte

¿Qué es lo que realmente nos asusta cuando pensamos en la muerte? ¿El dolor? ¿El juicio? ¿La separación de quienes amamos? ¿O simplemente el hecho de no saber qué hay después?

Sentir miedo a lo que desconocemos: la muerte FOTO TOMADA DE PSICOLOGIA-ONLINE.COM

La muerte es, posiblemente, la experiencia más profunda y desafiante a la que nos enfrentamos. Es el único destino compartido por todos, y aún así, evitamos hablar de ella porque nos angustia, nos enfrenta a un vacío de palabras y a un hueco en el corazón. Arthur Schopenhauer algún día dijo: "El miedo a la muerte es el padre de todas las religiones" y hoy nos proponemos desde la psicología, la fe y las creencias espirituales a responder por qué el ser humano siente miedo frente a lo desconocido.

La mirada desde el psicoanálisis: el inconsciente que se cree inmortal

Para el psicoanalista Juan Pablo Padilla, no siempre se expresa de forma directa, pero estructura muchas reacciones humanas. “El miedo a la muerte está presente en los seres humanos, de tal manera que cuando sentimos que estamos próximos a ella actuamos defensivamente”, explica. Esa reacción puede aparecer frente a un accidente, una enfermedad grave o incluso en medio de un ataque de angustia.

Sin embargo, retoma una idea central de Sigmund Freud: “No hay inscripción en nuestro inconsciente de la propia muerte”. Padilla lo traduce como: “No podemos saber en qué consiste la muerte porque jamás la experimentamos. El inconsciente desconoce la muerte propia y actúa como si fuese inmortal”. Lo que sí experimentamos es la muerte del otro. Y allí aparece el duelo. “Para poder simbolizar la muerte de un ser querido es indispensable hacer un trabajo de duelo. No basta con esperar que pase el tiempo”, sostiene. Ese trabajo implica palabra, rituales, un lazo social. Pero se advierte algo importante: “No todo de la muerte es posible de poner en palabras y eso también hay que poder soportarlo”. El especialista subraya que el miedo no siempre debe eliminarse ya que nos protege de la angustia.

Además, plantea un fenómeno contemporáneo: el impacto de las redes y la tecnología. “Vivimos en una época en la que creemos, sin cuestionar, todo aquello que escuchamos en TikTok, Instagram o incluso en los chats con inteligencias artificiales. ¿Qué duelo sería posible allí donde la inteligencia artificial nos permite ‘volver a vincularnos y hablar’ con el muerto?”, se pregunta. 

Para el psicoanalista, muchas veces el temor más profundo no es a la propia muerte, sino a la muerte del ser amado y a la sensación de desamparo que deja. Sin embargo, reflexiona que no todo es negativo ni está perdido: “Recuerdo que Lacan en una Conferencia en Lovaina (Bélgica) dijo que la muerte pertenece al registro de la fe y que hacemos bien en creer que nos vamos a morir, en tener la certeza de nuestro fin, pues ello es lo que nos permite soportar la vida que llevamos y es lo que nos da fuerzas para trabajar en darle un sentido a nuestra propia vida.”

El punto de vista de la fe

El sacerdote y teólogo Jorge Marcelo Barrionuevo parte de una premisa clara: el miedo es comprensible. “La fe cristiana no niega ese temor. La misma Biblia nos muestra a Jesús experimentando angustia ante la muerte. No fue indiferente al dolor ni al abandono.”

Dada su experiencia, entiende que temer no es carecer de fe, sino reconocerse humano: "Tememos a la muerte porque fuimos creados para la vida. El miedo surge al enfrentar el desprendimiento de lo que amamos, pero el verdadero sufrimiento es el espiritual: el peso de lo no resuelto".

Para él, la conciencia humana sabe que la vida no es indiferente, que las decisiones tienen peso. Por eso, el miedo no se reduce al instante físico de morir, sino a lo que pueda venir después. Barrionuevo es claro en un punto: “Tener miedo no significa no tener fe; significa ser humano. La fe no elimina el temor, lo transforma en esperanza”.

En su experiencia detecta que muchas angustias ante la muerte tienen raíces espirituales: “heridas no sanadas, culpas no reconciliadas, palabras no dichas, perdones no otorgados”. Afirma que el sufrimiento espiritual suele ser más devastador que el físico. “Prepararse espiritualmente para la muerte es, en realidad, aprender a vivir bien. Es reconciliarse, agradecer, amar, pedir perdón y otorgarlo. Es cultivar la oración, confiar en la misericordia de Dios, participar de la vida sacramental. Es vivir cada día como un don y no como una posesión.”

El teólogo también nos brinda palabras de esperanza, “la tradición cristiana afirma que la muerte no es el final, sino un paso hacia el encuentro con Dios. No caminamos hacia la nada, sino hacia Alguien.”

El puente entre dos planos: la experiencia espiritual

En las consultas que recibe Patricia, vidente y médium, más conocido como “Patito Vidente” el miedo es moneda corriente. Reconoce que el miedo es algo normal y lógico, “Se le teme a la muerte porque se le teme al dolor ya sea físico, espiritual, del alma y también al de los familiares”.

Cuenta que solo un 30% de sus consultantes se anima a preguntar cuándo va a morir, el otro 70% no quiere saber de accidentes ni de finales. Según Patricia, este miedo suele ser una mezcla de lo espiritual y lo mental: "Hay gente que atrae sus propios fantasmas por pánico, pero también existe la adrenalina real de lo paranormal". En cualquier caso, insiste en que la fe disminuye el temor. “Cuando uno cree que hay algo más, que hay una vida eterna, el miedo baja”.

Describe su labor como un servicio de paz: "Ser médium es como tener un celular del cielo a la Tierra. Ayudo a quienes no pudieron despedirse o no entendieron las últimas palabras de un ser querido".

Basándose en sus conversaciones con espíritus y sus visiones del "túnel" sobre el que todos oímos hablar, asegura que "Allí no hay distinción de color, razas ni credos; ves a todos por igual. Todos atraviesan una luz extraordinaria (que no se le parece a la luz del sol y mucho menos a la de una lámpara) que los absorbe como un imán hacia un estado de plenitud que supera cualquier placer terrenal".

Por último, la vidente nos da un pequeño spoiler sobre lo que sucede en el más allá: “Lo que viene después es el encuentro con Jesús. El alma se sienta y él saca el libro de su vida. Allí le pregunta: ‘¿Te arrepientes de esto?’”.

La finitud como motor

Aceptar la muerte es, en esencia, aceptar nuestra responsabilidad sobre el tiempo. El filósofo Séneca nos recordaba: "No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho". El miedo es la brújula que nos indica que la vida tiene valor. Quizás el miedo no esté en la muerte misma sino en la conciencia de que el tiempo es limitado. En saber que el amor puede perderse. En preguntarnos si hicimos lo suficiente.

Tal vez, como coinciden en distintos planos, la psicología, la fe y las creencias espirituales, el temor más profundo no sea al final, sino a no haber vivido plenamente antes de que llegue.

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