- ¿Cuándo fue lo de Fernando? ¿2018, 2019?
- 2020.
- Lo que pasa es que uno pierde la noción del paso del tiempo, ¿no?
Esta conversación entre dos geselinos tiene lugar en una mesa pegada a una ventana en Posatti, un café que está a veinte metros del lugar en el que mataron a Fernando Báez Sosa. Son las ocho de la mañana del primer día de la semana en que se cumplen seis años del homicidio que estremeció al país.
Nadie camina por la vereda. En el cantero de piedra que está a centímetros del lugar en el que murió Fernando hay un puñado de flores amarillas, blancas y azules. Y dos fotos idénticas con su cara, una placa y un cartel con su nombre pegados en el tronco del árbol que se erige en el cantero. En esa cuadra de la avenida 3 persisten las edificaciones que albergan locales como los que había en el verano de 2020. El único edificio cerrado es el de Le Brique, el boliche del que fueron expulsados Fernando y los integrantes del grupo que causó su muerte. Su fachada modernista -ya sin rastros de su nombre-, un rectángulo de hormigón gris fuera de escuadra, opera como un monumento involuntario. La estructura no encaja dentro de la sucesión de locales coloridos poblados de carteles comerciales, de uno y otro lado de la calle. Esa construcción que aglutinaba a 3.000 personas -amontonadas y moviéndose al ritmo de una música que superaba los 100 decibeles- la noche en que mataron a Báez Sosa, hoy es una masa de cemento vacía y silente.
La tragedia se desencadenó dos meses y medio antes de la cuarentena. El 18 de febrero, cuando se cumplía un mes del homicidio, decenas de miles de personas llenaron la Plaza del Congreso en Buenos Aires. La madre de Fernando subió a un escenario improvisado. Casi desvanecida, juntó fuerzas para hablar: “Mi casa está vacía”, dijo, generando un nudo en la garganta de los asistentes y de los millones que vimos la escena por televisión.
Fue el último acontecimiento impactante en la memoria de los argentinos antes del gran shutdown de la pandemia. Luego vinieron los meses distópicos que trastocaron la vida de todos los habitantes del planeta. Y a partir de 2021, progresivamente, una vuelta a la normalidad acompañada de una amnesia terapéutica para reinsertarnos en nuestras viejas dinámicas sociales.
Juicio en la era digital
En enero de 2023, el caso volvió al tapete del interés público -con el inicio del juicio a los imputados- y los argentinos revivieron el crimen que había quedado difuminado en el recuerdo colectivo por la pandemia.
Fue el primer crimen 2.0 en la Argentina. Cámaras de seguridad registraron el momento del ataque. Uno de los imputados filmó con su celular. Otro comunicó al resto de los implicados la muerte de Báez Sosa a través de un mensaje en un grupo de WhatsApp en el que acordaron mantener silencio. Otro comentó lo ocurrido con un grupo de la misma red social cuyos integrantes estaban en Zárate. El caso se transformó en un reality seguido por todo un país.
La querella empleó inteligencia artificial en los videos para identificar la participación de los acusados. En la web aparecieron huellas virtuales de los protagonistas: fotos en distintas circunstancias y videos de los que se infirieron rasgos narcisistas o violentos. Parte del juicio pudo seguirse en vivo a través de YouTube. A través de las redes sociales hubo distintas convocatorias a manifestaciones. Y fue en las redes donde buena parte de la sociedad debatió sobre los hechos. Durante la primera audiencia, en solo 24 horas, se registraron más de un millón y medio de interacciones en redes. Fernando Burlando, abogado querellante, manejó el timing de la aparición mediática de datos e imágenes de los imputados con el ritmo propio de una trama in crescendo de una serie policial.
Anatomía de un instante
¿Qué se siente cuando recibimos una trompada de knockout? Los boxeadores cuentan que no sienten dolor. El impacto del cerebro contra el cráneo puede causar una conmoción que suele derivar en un zumbido agudo y la visión de destellos provocados por el impacto en el nervio óptico. Una descarga eléctrica elimina la respuesta muscular. Las piernas se aflojan y se pierde el equilibrio.
Eso le pasó a Fernando en los primeros segundos que siguieron al primer golpe que recibió, sorpresivamente, mientras tomaba un helado en la vereda. La liberación de dopamina de su cerebro, ante la asimilación de grasas y azúcares, drásticamente fue reemplazada por una descarga masiva de adrenalina ante el impacto de los nudillos de Enzo Comelli, muy cerca de su oído derecho. Un segundo después, en medio del aturdimiento, recibió una trompada frontal de Ciro Pertossi. Cayó sobre sus rodillas, apoyó una mano en el piso y alcanzó a levantar su brazo libre con la mano abierta, en una señal refleja de clemencia. Se multiplicaron las patadas. Entre ellas, una de Máximo Thomsen dejó impresa en la cara de Fernando las líneas de su zapatilla.
Dos años más tarde a Thomsen se le aflojaron las rodillas cuando escuchó la sentencia del tribunal que lo juzgaba, en el Palacio de Tribunales de Dolores. Los 25 segundos en los que se anunció la resolución de los jueces que lo condenaban a prisión perpetua, junto a otros cuatro imputados, le generaron un principio de desmayo que obligó a suspender la lectura del fallo.
La noche perpetua
Recientemente se estrenó 50 segundos, producción de Netflix cuyo título deriva del tiempo que duró el ataque que provocó la muerte a Báez Sosa. El documental reconstruye, a través del relato de los amigos de Fernando, los detalles de la fatídica noche. Y también registra los puntos de vista -generando controversia- de los condenados. Escuchamos a Thomsen, Comelli, Cinalli y los Pertossi con sus versiones de los hechos.
Algunos creen ver en esto un intento de humanizar a los homicidas y de solidarizar el drama. La postulación de que no hay una sola tragedia sino dos. La de Fernando y sus padres, por un lado. La de los condenados y sus familias, por otro.
50 segundos reúne las voces de los abogados -de uno y otro lado-, los testigos, los padres -de la víctima y los victimarios-, los argumentos de las hipótesis penales, la reconstrucción de la vida de Fernando -la que fue y la que pudo ser-, el papel de los medios y la presión social.
Y hay una reflexión indirecta sobre el tiempo, acerca del efecto de la distancia sobre los acontecimientos. ¿Pensamos lo mismo hoy que en 2020 o 2023? Un tribunal impuso perpetua para cinco de los imputados y penas más bajas para los otros tres. Pero hubo un jurado indirecto, alejado de los conocimientos técnico-jurídicos, que también se manifestó. Casi ningún argentino dejó de emitir una opinión o de procesar internamente su angustia frente a una muerte absurda, imposible de asimilar.
Bucle temporal
Con millones de visualizaciones, los videos que registran la golpiza que causó la muerte de Báez Sosa, probablemente lo convirtieron en el crimen más reproducido de la historia penal argentina. 50 segundos que no terminan más.
Un loop que se traduce en una condena de por vida. Una noche perpetua simbolizada en el dolor de una madre sufriendo una ausencia absoluta.
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