Un microcosmos moral

La superstición, el erotismo y la fe entrelazados.

Hace 5 Hs

Por Gisela Colombo para LA GACETA

CUENTOS: EL POETA DEL ODIO / JOSÉ GABRIEL CEBALLOS - (Moglia – Corrientes)

Con El poeta del odio, José Gabriel Ceballos confirma su condición de narrador total: un autor capaz de convertir el territorio provincial en tragedia universal. Este libro de cuentos -que da nombre a uno de sus relatos más memorables- construye una geografía moral, un mundo cerrado y autosuficiente llamado Buenavista, donde la fe, el arte, el deseo y la culpa se confunden en una misma respiración. Heredero del realismo mágico rioplatense, Ceballos forja un universo propio que, como el Macondo de García Márquez, trasciende el espacio y se vuelve una condición del alma.

Los cuentos continúan el proyecto del autor de convertir a Buenavista en un microcosmos moral. En ese territorio imaginario, la superstición, el erotismo y la fe se entrelazan para revelar el drama esencial de la humanidad. Cada historia -desde De los trágicos caminos del arte hasta De los poderes de Onán- participa de una misma cartografía simbólica donde los personajes viven atrapados entre el deseo, la culpa y su destino. En Beneficios de la democracia, una fábula política en tono de comedia negra, una elección provincial termina en empate y el voto de Buenavista se vuelve decisivo. Los candidatos, desesperados, compran al pueblo con dádivas; los vecinos, encantados, prolongan su indecisión para seguir recibiendo. Ceballos retrata con ironía feroz la corrupción colectiva: la democracia convertida en carnaval moral.

Patria del resentimiento

En De los trágicos caminos del arte, el exconvicto Herminio Paredes transforma su talento pictórico en delirio homicida: asesina para “dar fuerza” a su obra. El arte, símbolo de redención, se vuelve instrumento del mal, y la creación, una forma de destrucción. El deseo, en cambio, es protagonista de Un fantasma voyeur, donde un difunto regresa para espiar a su viuda y el nuevo esposo. La sexualidad se convierte en castigo y la culpa en expiación imposible: en Buenavista, el placer nunca se ofrece sin la factura del dolor. El relato que da título al libro, El poeta del odio, condensa la tragedia del artista. Véspero Trinidad, un humilde cartero que gana un premio nacional de poesía, vuelve al pueblo esperando reconocimiento y encuentra desprecio. Su rencor lo consume hasta destruirlo: el odio se convierte en destino metafísico. Buenavista es, por momentos, la patria del resentimiento y la frustración.

Pese a la oscuridad de sus temas, Ceballos mantiene una mirada compasiva. Observa a sus criaturas -culpables, devotas, lujuriosas, obsesivas- con una ironía tierna, convencido de que el mal no es más que otra forma del desamparo. Esa mezcla de piedad y sarcasmo le permite humanizar incluso lo monstruoso, revelar en cada pecado un deseo de belleza o redención. La prosa, precisa y cruel, convierte lo cotidiano en mito y lo grotesco en verdad poética.

Biblia profana

El poeta del odio puede leerse como una Biblia profana del alma argentina interior: supersticiosa, sensual y trágica. Buenavista, como Macondo, es un universo autosuficiente; pero si aquel era el territorio de la memoria, éste es el de la culpa. En ese espacio moral donde lo sagrado y lo obsceno se confunden, la literatura aparece como la única forma posible de redención: el milagro oscuro del pecado convertido en arte.

© LA GACETA

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