
Publio Ovidio Nasón nació en el año 43 a. C. Su obra más conocida es Las metamorfosis. No fue un filósofo en sentido estricto, no se desempeñó como un pensador clásico: en sus libros no ofreció una definición sobre el amor o el desamor (qué es o cuál es su esencia); pensó en verso sobre el amor y planteó remedios para el desamor o una forma de terapia. En este sentido, el poeta vio en el discurso poético una utilidad y un fin práctico.
Ovidio estudió en Roma y se enamoró de la ciudad. Roma y el amor (Roma escrita al revés) fueron dos principios de su pensamiento. Roma era la ciudad de los amoríos para el poeta: por sus calles circulaban los enamorados y las novias. El amor fue el tema central de las tres partes de El arte de amar, célebre antecedente de El arte del desamor (Remedia amoris).
Para pasar la tormenta
En El arte del desamor Ovidio se presenta como un experto en asuntos amorosos. Habla como un científico que pontifica en verso. Es importante recordar un antecedente de nuestro poeta: Lucrecio escribe versos sobre cuestiones científicas en Sobre la naturaleza de las cosas. Ovidio elabora una serie de reglas para pasar la tormenta: anota y glosa consejos para salir de la desesperación amorosa. Aunque El arte de amar enseña cómo enamorarse y Remedios para el amor explora los caminos para salir de la enfermedad, no existe una simetría entre los dos libros. La idea del primero no es una complementación del segundo. De un libro a otro hay un salto argumentativo y filosófico: en el primer libro el amor es visto como algo bueno; en el segundo, es un veneno, una enfermedad. En Remedia amoris lo llama un defecto o una herida.
El arte del desamor se inicia con un pedido: “Aguzad el oído, jóvenes desengañados a quienes burló Amor. Escuchad mis consejos. Aprended a dejar de amar por boca de aquel que os enseñó a amar. Una misma mano os cura y os da muerte: el veneno germina de la misma tierra que las hierbas medicinales. Nace la ortiga al pie de la rosa. La lanza de Aquiles un día hirió a Télefo y otro lo curó… Las llamas de la pasión hay que apagarlas de golpe y sin tardanza. Romped las cadenas y no dejéis al corazón caer en las redes de la nostalgia”.
Lista de antídotos
Entre los 38 remedios voy a destacar algunos. Dice Ovidio que nunca estemos sin nada que hacer para ahuyentar el desamor. El sexo es un espejismo entre los amantes despechados, produce el efecto del placer momentáneo y rápidamente se vuelve una mácula: “las llamas se nos enroscan por el cuerpo”. Sugiere que nos entreguemos a las tareas y al deber.
Pide que nos marchemos de la ciudad y que pensemos no solo en el fuego perdido sino también en las inversiones desperdiciadas. Pide que despreciemos las virtudes del ex amante y que magnifiquemos sus defectos. Sostiene que la brujería no sana el corazón roto. Sugiere que tener sexo con el primero que se cruza en el camino es una de las mejores maneras de olvidar el desamparo.
Como el amor es adictivo e infeccioso, debemos evitar la compañía de otros enamorados y podemos llevar adelante dos relaciones a la vez: este es un gran antídoto para alejar el malestar.
Estoicismo
En la introducción, Michael Fontaine indica que los amantes doloridos apelan en el siglo XXI a la terapia cognitivo conductual (TCC). Sin embargo, por muy científica que parezca, la TCC no es otra cosa que una reformulación del estoicismo antiguo. Fontaine pone en discusión el valor científico de las terapias psicológicas en relación con el desamor. A la vez, nos hace pensar en el valor de los consejos de Ovidio.
Pensemos que para Roma se trataba de un libro científico (con la idea de ciencia que se tenía en aquellos tiempos) y que la filosofía estoica reformulada por Ovidio implicaba una dimensión práctica. ¿Puede la filosofía enderezar las pasiones conectadas con el comportamiento humano? ¿Puede la racionalidad curar el malestar pasional?
Jacinto Pariente tradujo al castellano la traducción que hizo Michael Fontaine al inglés del poema latino. En esta doble traducción se juega el interés de ambos de volver contemporánea la lengua de Ovidio. La intención es poner el latín a tono con los tiempos del WhatsApp y las redes sociales. De este modo, los consejos “ovidianos” suenan con una música del presente. Los traductores han omitido el verso y han optado por la prosa y han mantenido en prosa la idea central: la literatura entendida como terapia.
Una pregunta late en el fondo de la lectura. ¿El amor y el desamor son los mismos ayer que hoy? ¿El amor es una pasión universal? Los que leemos a Ovidio sentimos que habla directamente a nuestros oídos. Percibimos la acumulación del pasado si tomamos en cuenta las referencias mitológicas y filosóficas. Y escuchamos el murmullo dulce y amargo como un corazón delator en la piel. En los pliegues del tiempo resuenan las palabras aladas del amor y los dardos venenosos del desamor.
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